Bienvenida

Menú

Mostrando entradas con la etiqueta Historia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Introducción al Judaismo. Parte I

PRESENTACION

El Judaísmo es algo complejo. No podemos entenderlo en un sentido meramente religiosoporque el judaísmo no es una religión. O, dicho de otro modo, el Judaísmo es más quereligión.
El Judaísmo es un sistema que abarca todas y cada una de las fases de la vida cotidiana y las regula basándose en la Revelación que le fuera entregada a Moisés en el Monte Sinai.
Esta Revelación entraña una forma de vida relacionada con el pueblo judío en tanto éste es una unidad étnica. Esa forma de vida la encontramos en la Torá, el Pentateuco.

La aceptación de la Torá constituye el pacto entre Dios e Israel y es, en sí, el fundamento del
monoteísmo ético, la creación más original del judaísmo y su patrimonio, que se encuentra
ligado indisolublemente a la existencia del pueblo judío y del que se deriva la elección de
Israel con el objeto de conformar una nación santa que viva de acuerdo con la voluntad de
Dios expresada en la Torá.

Torá deriva de la raíz yrh, enseñar. El significado de ella es, por lo tanto, enseñanza, doctrina,
instrucción. De ahí que el estudio de la Torá sea esencial para poder comprender el modo de
vida judaico.

A lo largo de la historia y a la luz de las Escrituras, bebiendo siempre de las fuentes, el judío
lee y re‐lee, interpreta y re‐interpreta las enseñanzas para poder vivir de acuerdo a ellas.

Es importante señalar que el acercamiento al Judaísmo se hace acá desde una perspectiva
tradicional, quienes busquen el acercamiento desde la perspectiva de la historia crítica o de la
crítica bíblica pueden acceder a ella a  partir de algunos textos señalados en la bibliografía.


JUDAÍSMO, HISTORIA Y CULTURA JUDÍA

El pueblo de Israel es un pueblo que emerge en el segundo milenio antes de la era común y cuya
historia se entronca con la historia de la cultura universal a la que, sin duda alguna, ha brindado
aportes valiosos, recibiendo de ella, a su vez, influencias que han sido aprehendidas y reelaboradas
a la luz de la tradición.

Ha habido flujo y reflujo en estas relaciones, ha habido un intrincado juego de redes culturales
entre diferentes sistemas de pensamiento que debe estar presente toda vez que se desee realizar
un estudio serio de la cultura judía, cuyos anales abarcan alrededor de 4000 años.

Hablar de cultura judía es hablar de judaísmo y el judaísmo ‐como dijimos en nuestra
presentación‐ es algo complejo, que trasciende la esfera de lo propiamente religioso.

Decíamos que el judaísmo es un sistema de vida basado en la Torá, concebida ésta como Torat‐
Jayim (enseñanza de vida).

A su vez, la Torá ha sido interpretada a la luz de la tradición oral, la que se encuentra compilada
en el Talmud, palabra derivada de limed, enseñanza, y usada justamente en el sentido de enseñanza, conocimiento y estudio.

Es el Talmud el encargado de explicar y reglamentar todos los aspectos de la vida diaria con la
finalidad explícita de no transgredir la enseñanza, es decir, de no transgredir la Torá.

A lo largo de cada una de las etapas de la vida del individuo, el judaísmo no sólo estipula lo que
debe hacerse sino, además, cómo, dónde y cuándo hacerlo.

Puesto de este modo, es evidente que la forma de vida judaica se encuentre reglamentada hasta
los más mínimos detalles y que, el judaísmo, ‐visto desde afuera‐, resulte para muchos, un
sistema totalitario y absorbente.

Uno de los intentos de definición más recientes del judaísmo es la del Rabino Mordechai Kaplan,
quien lo define como una civilización y, como tal ʺ...no tiene solamente que transmitirse, tiene que transformarse a medida que surgen nuevas necesidades. Es decir, tiene que hacer algo más que conservar las glorias del pasado, debe evolucionar para afrontar el desafío del futuro... ʺ
.
Y eso es justamente lo que acontece, de allí que a la luz de la Torá y bebiendo siempre de las mismas fuentes, el judío lee y re‐lee, interpreta y re‐interpreta las enseñanzas para poder vivir de acuerdo a ellas a lo largo de su historia y fruto de ese estudio y reinterpretación, conviven al interior del judaísmo diversas posiciones.

El judaísmo y la cultura judía son entendibles a la luz de la historia del pueblo judío y para conocer esta historia, desde sus inicios, debemos adentrarnos en la lectura de la Biblia que, como bien lo sabemos, es una colección de escritos conservados desde la época en que el pueblo hebreo poseía independencia y formaba parte de su literatura nacional que, posteriormente canonizada y con el carácter de Sagradas Escrituras, constituyó la base del judaísmo.

Los hechos narrados en ella cobraron su verdadera significación histórica cuando Jean Paul Botta descubrió en el norte del actual Irak relieves de un palacio asirio.

En ese instante comenzó la gran fiebre por la arqueología bíblica y se formaron numerosas sociedades de investigación arqueológicas que, tomando como base los escritos bíblicos, procedieron a realizar excavaciones con el fin de demostrar que la ʺBiblia era verdadʺ.

De este modo, paulatinamente, el mundo fue siendo testigo de los descubrimientos que arrojaban luz a los acontecimientos relatados en dichos textos.

Con Jean Paul Botta salió a la luz el gran Sargón II, monarca asirio, vencedor de Samaria, la capital del Reino de Israel, y las inscripciones en las que se recordaban los detalles de la deportación de los israelitas.

En 1845 llegó a Mosul Henry Layard, quien se dedicó a excavar las grandes ciudades asirias:
Nínive, Kalah y Assur. Sus hallazgos fueron importantes porque incluían relieves que mostraban a otro asirio, el rey Salmanasar III, recibiendo el tributo que le entregaba Jehú, ʺel temible monarcaʺ israelita.

Al inglés Layard se debe el conocimiento del relieve que muestra a Sennaquerib asediando la ciudad de Lakish.
Citado en la Enciclopedia Judaica Castellana, vol. VI, pág. 334.
Este hecho ocurrido en el siglo VIII a.e.c. aparece narrado en l Libro 2º de Reyes cap. 17 vers. 6. Las cifras indicaban la cantidad de 27.290 prisioneros y 50 carros.
El relieve puede apreciarse en el monumento llamado El obelisco negro y, en La Biblia (TaNaJ( tiene
su co‐relato con los textos aparecidos en 1º de Reyes cap. 19 vers. 16 y 2º de Reyes caps. 9 y 10.

El suceso aconteció en el año 701 aec. Para relato bíblico ver Libro 2º de Reyes cap. 18.

En 1872, hubo una gran conmoción cuando George Smith logró traducir la primera versión cuneiforme del ʺDiluvioʺ.

Los hallazgos arqueológicos fueron en aumento. Ellos permitieron recuperar parte del patrimonio cultural de los pueblos con que, ‐en mayor o menor medida‐, se contactó Israel y sacaron a la luz personajes y temas que tienen sus paralelos en el texto bíblico.

Nada viene de la nada ni brota por generación espontánea. La Biblia es producto de su medio:
Israel no está sólo, debe estudiársele dentro del contexto de los pueblos del Medio Oriente donde se halla inserto y de las relaciones que mantuvo ‐a lo largo de toda sus historia‐ con los pueblos que lo rodeaban y, muy especialmente con el lugar desde donde se dice que habría surgido el primer patriarca: Abraham.

ʺY dijo Dios a Abraham: Vete de tu tierra y de tu parentela a la tierra que Yo te mostraré...ʺ

En Génesis 12:1 vemos a Abram convertirse en protagonista de una migración, producto de un acto de fe condicionado a las circunstancias de la época.
La historia de Abram (Abraham), siglo XVIII a.e.c., nos sitúa en plena época de Hammurabi, lo que implicaría que tanto Abraham como su familia habían asimilado la cultura súmero-babilónica mucho antes de que los hebreos formaran una nación.

El patriarca hebreo se fue de Mesopotamia por mandato divino, para dirigirse a la Tierra Prometida. Abandonó la zona pero no cortó relaciones con ella.

De hecho, hacia allá se dirigió Eliezer en busca de esposa para el hijo de su amo , También hacia esos lados huyó Jacob escapando de la ira de su hermano Esaú. Fue allí donde encontró esposa y desde allí retornó a la tierra de promisión.

El origen de esta familia patriarcal se encuentra en la Mesopotamia (actual Irak), lugar donde estuvieron insertos en el contexto socio‐cultural de la zona y, al salir de allí para dirigirse a la Tierra Prometida, llevaron consigo todo ese bagaje cultural que adaptaron a su forma y aspiración de vida, de acuerdo a su propia concepción religiosa.

El Libro de Génesis ilustra la época patriarcal, Éxodo nos entronca con la figura de Moisés y los años de esclavitud a que fueron sometidos los hebreos cuando ʺse levantó un faraón que no conoció a Joséʺ.

Egipto y Canaán son vecinos cercanos y, a no dudar, desde tiempos prehistóricos hubo entre ambas zonas un continuo intercambio y comercio. Tanto los documentos egipcios como la Biblia atestiguan la costumbre semita de entrar al Valle del Nilo en épocas de sequía, en busca de pastura para sus animales.

Si bien no se han encontrado documentos egipcios que den testimonio directo de la presencia de Israel o de los hebreos en Egipto, no lo es menos que la tradición bíblica merece crédito, un crédito que debe otorgársele porque una tradición como la que narra no puede ser inventada.

No se trata de la narración de una epopeya gloriosa que marca el inicio de un pueblo, sino del recuerdo ignominioso de una servidumbre en una tierra extraña. Algo así no puede ser más que el reflejo de una realidad lejana, pero realidad al fin, que se mantuvo viva por generaciones y que fue transmitida oralmente hasta el momento en fue puesta por escrito.

Por el lado egipcio hay una serie de condicionantes que explicarían esta falta de documentación.
Por ejemplo:

a) los contactos siempre se realizaron en la zona del Delta donde, prácticamente, no se han encontrado documentos oficiales;
b) lo que se conoce sobre Egipto está basado principalmente en textos religiosos grabados en tumbas y templos y son muy pocos los informes especiales que han llegado hasta nosotros;
c) los egipcios normalmente no distinguían a las tribus o pueblos extranjeros o cautivos, mencionándolos bajo términos generalizados, nunca específicos;
d) los anales egipcios eran siempre positivos y enfatizaban las victorias del faraón. No acostumbraban a mencionar sus derrotas y debilidades a menos que estuviesen referidas a épocas pretéritas y hubiesen sido, finalmente, de modo satisfactorio.

Por el lado bíblico, al leer los relatos que hablan de la estancia de los hebreos en Egipto, se evidencia un rico colorido local que ilustra muy bien las costumbres egipcias.

Resulta notorio que quien haya reproducido estos relatos, especialmente los relacionados con José, debió ser alguien que conocía muy bien el país y sus costumbres.


El éxodo de Egipto, siglo XIII a.e.c.‐  es el acontecimiento fundamental de la historia de Israel. Es posible  que  no  se  encuentren  datos  extra‐bíblicos  al  respecto,  pero  Israel  ha  recordado  esta liberación  en  todas  las  épocas  de  su  historia  hasta  nuestros  días,  conscientes  de  que  fue  ese acontecer el que
los transformó verdaderamente en pueblo, a través del pacto en el Monte Sinai.

ʺAhora pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre los pueblos porque mía es toda la tierra, seréis para mí un reino de sacerdotes, una nación santa...ʺ

La santidad se consigue a través del cumplimiento de la enseñanza de la Torá, que nos entrega una serie de deberes que llevan a una vida normada por conductas que no sólo dicen relación con la adoración, el ceremonial y la justicia, sino sobre materias tales como la filantropía, la amistad personal, la amabilidad, la actividad intelectual, la creación artística, la cortesía, la conservación de la salud y la atención sobre la dieta. En estos deberes el judío ve un llamado a Dios para que ʺéste salga de su absolutismo y entre en relación personal con él para hacer al hombre más personal, más auténticamente humanoʺ.

En los libros Levítico, Números y Deuteronomio han sido compiladas, en forma exhaustiva, esas normas de comportamiento. 

Con la revelación en el Sinai las tribus devinieron en pueblo. Corresponde ahora el ingreso a Canaán, al mando de Josué, de acuerdo a lo que Dios mandó:
ʺAhora, pues, sé valiente y firme, porque tú vas a dar a este pueblo la posesión del país que juré dar a sus padresʺ.

Una historia libre en su patria, la Tierra de Israel, el paso de tribus confederadas a monarquía unificada: Es la época de Saúl, David y Salomón.

El siglo X a.e.c. fue el siglo que presenció la conquista de Jerusalem, ciudad que fue convertida en capital del reino y a la que David llevó el Arca de la Alianza.

Salomón, su sucesor, se preocupó de la construcción del Templo y de convertirla en un centro de comercio internacional. A la muerte de Salomón, el ʺrey sabioʺ, el reino se dividió. Jerusalem continuó como capital de la reducida monarquía de Judá, a la que permanecieron fieles las tribus de Judá y Benjamin, quienes aceptaron al hijo de Salomón como heredero al trono.

Las diez tribus restantes juraron lealtad a Jeroboam e instauraron el Reino de Israel, al norte, cuya capital fue Samaria. La historia independiente de ambos reinos fue sesgada por los conquistadores asirios y babilonios.

Los asirios pusieron fin al Reino de Israel y deportaron a sus habitantes, como resultado de ello se habla de las ʺdiez tribus perdidasʺ.

En el 586 a.e.c., los neobabilonios, después de largos tres años de asedio a la ciudad de Jerusalem, destruyeron el Templo, devastaron la ciudad y los sacerdotes y dirigentes fueron exiliados a Babilonia.

En este momento histórico se produjo el segundo encuentro de Israel con la cultura mesopotámica.

A diferencia de lo que aconteció con los habitantes del reino de Israel, los de Judá sobrevivieron
como judíos y el judaísmo se mantuvo a pesar del cautiverio.

Esto fue posible porque los judíos que llegaron a Babilonia poseían una colección de escritos que llegaron a ser el núcleo de la Torá y les permitió mantener vivos aquellos recuerdos que debían y querían conservar.

Sin la existencia del Templo no puede haber sacrificios que ofrendar a Dios, entonces, surgieron una serie de modificaciones importantes:

a) surgió el ʺlugar de reuniónʺ, la beit haknéset o casa de la asamblea, donde la lectura de las escrituras constituyó la base del ritual sinagogal.

b) las oraciones y algunos ayunos vinieron a reemplazar a los sacrificios.

Durante el exilio, el saber y la instrucción babilónicas fueron infiltrándose en la mente y el pensamiento hebreo de modo tal, que a su regreso, llevaron consigo diversas prácticas litúrgicas, educativas y jurídicas que adaptaron a su aspiración de vida y a su concepción religiosa.

Babilonia fue destruida a su vez por Ciro, rey de Persia:
ʺEn el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la palabra de Adonai, por boca de Jeremías, movió Yahveh el espíritu de Ciro de Persia, que manda a publicar de palabra y por escrito en todo su reino: Así habla Ciro, rey de Persia: Yahvé, el dios de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra. El meha encargado que le edifique una casa en Jerusalem, en Judá. Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con él y suba!ʺ.

Ezra, el escriba, fue el encargado de encabezar el núcleo de judíos que, ‐exiliados en Babilonia‐, decidieron retornar a su patria. Quienes regresaron encontraron una realidad que no correspondía a las imágenes idílicas de los profetas:

Había una pequeña comunidad desmoralizada, numerosos matrimonios mixtos y una población casi
abandonada en lo religioso y bastante proclive a cultos extranjeros. No obstante la desilusión, los recién llegados lucharon y trabajaron duramente. Ezra con gran energía organizó la comunidad y obtuvo de los judíos el compromiso de vivir de acuerdo a la Torá.

Cerca de 112 años vivieron en relativa paz hasta que Oriente se convulsionó con la llegada de Alejandro Magno. Alejandro representó mucho más que una mera corriente bélica victoriosa: llevó consigo la cultura helénica a Oriente y el choque cultural produjo obras de gran envergadura.



A la muerte de Alejandro, sus generales se dividieron el vasto imperio. Así fue como en Oriente Seleuco quedó con la parte norte, ‐capital Antioquía‐, y Ptolomeo heredó Egipto, con Alejandría como su capital.

Emergieron dos grandes imperios, el Seléucida y el Lágida. La lucha entre ambos poderes imperiales
fueron frecuentes y el pequeño estado judío cambió de manos varias veces.

En el siglo II a.e.c., los judíos eran tributarios de los seléucidas. Su rey, Antíoco, estableció que sólo Zeus podía ser objeto de adoración y colocó una estatua de esta divinidad en el Templo de Jerusalem para que se
le rindiera culto.

La rebelión surgió en el norte, en Modiín, encabezada por Matatías, de la familia de los hasmoneos. La victoria llegó recién en el 165 a.e.c..

Luego de una época de monarquía idumea y de procuradores romanos. Roma envió tropas a esa zona para imponer el orden.
Después de tres años de asedio, un 9 de Av del año 70 e.c., los romanos abrieron una brecha en los muros de Jerusalem e ingresaron a ella victoriosos. Los romanos conquistaron y avanzaron al interior de la ciudad
e incendiaron el Templo. Más tarde, prohibieron a los judíos residir en Jerusalem y la expulsión, por edicto, dio origen a la gran Diáspora, el Galut.

Así se inició la segunda fase de la historia de este pueblo.

En Oriente y Occidente se instalaron comunidades judías que vivieron en barrios cerrados y acorde a sus tradiciones y costumbres.

En Europa, la existencia de núcleos de judíos está comprobado desde fines de la época bíblica.
Su número fue en aumento gracias a las conversiones, la deportación de prisioneros de guerra y las migraciones pacíficas hacia la capital del Imperio.

Comunidades establecidas con todos los requisitos que precisa una comunidad judía se encuentran en Europa sólo a contar del siglo III.

La situación de los judíos fue cambiando con el tiempo. En un comienzo, cuando el Imperio Romano era todavía pagano, los judíos eran tratados con tolerancia y el judaísmo era considerado una ʺreligio lícitaʺ.

Esta situación cambió cuando el Cristianismo se convirtió en la religión oficial del imperio.
Desde entonces se comenzó a vivir un clima de intolerancia y la Iglesia Católica empezó a
desarrollar, lentamente, un código antijudío que alcanzó su forma definitiva en el Concilio de
Letrán en 1215. Las restricciones que el Concilio impuso a los judíos se vieron reforzadas por el
prejuicio popular.

En Oriente las cosas no se dieron mejor. Los judíos vivían inmersos en un sistema totalitario cuyos habitantes dividieron el mundo en dos partes.

La primera, aquella donde domina el Islam y en la que no hay lugar para la existencia de herejes
(Dar‐ul‐Islam), y, la segunda, el resto del mundo, contra el cual los musulmanes estaban en
guerra con el objeto de conquistarlo e imponer el Islam (Dar‐ul‐jarb).

La guerra contra esta parte del mundo es una guerra santa (Djihad) a la que está obligado el musulmán en defensa de su comunidad y de la propagación de su fe.

En este mundo del Islam, se tolera a los que pertenecen al Pueblo del Libro (ahl‐ul‐kitab) en calidad de ʺDhimmiʺ.

La designación de ʺdhimmiʺ se otorga tanto a los judíos como a los cristianos que habitan en
países gobernados por el Islam. La calidad de dhimmi permite la posibilidad de vivir en el seno
del mundo islámico basándose en un sistema, debidamente establecido desde el punto de vista
jurídico‐legal‐religioso, que les asegura protección a cambio del pago de un impuesto: la ʺgiziáʺ.

Diferente fue en Occidente, donde a partir del siglo XVIII se evidenciaron cambios que
influyeron en la actitud de la sociedad hacia los judíos.

Una atmósfera más tolerante comenzó a respirarse desde entonces. Es posible que se debiera, entre otros factores‐, a una nueva concepción de estado, donde éste deviene en soberano y propugna su propio desarrollo incrementando su poderío político y económico. Se impone la ʺraison dʹétatʺ.

Comienza a palparse este cambio de actitud y en diferentes países de Europa se alzaron las voces de prominentes hombres. Es así como encontramos a Wilhelm Dohm (Austria), quien expuso el problema de la falta de derechos de los judíos y aseguró la utilidad que éstos pueden prestar al gobierno.

Jean Bodin ‐en Francia‐ hizo presente a las autoridades el principio de la razón de Estado. Hugo Grotius ‐en Holanda‐ se preocupó de estudiar ‐a petición expresa del gobierno holandés la situación de los judíos y planteó una serie de proposiciones tendientes a mejorar y elevar su condición.

John Toland ‐en Inglaterra‐ destacaba en sus obras que los judíos no perseguían poder político, cívico o religioso.

Luzatto, en Italia, señalaba que los judíos tenían derecho a ser tratados como ciudadanos en los lugares donde residían y donde ʺfueran mejor usados y tuvieran mayor seguridadʺ.

Se dio inicio a los Tiempos Modernos donde encontramos el marco necesario para el surgimiento de diversas corrientes de pensamiento judaico como lo son, entre otras, el Iluminismo, Jasidismo, Ortodoxia, Reformismo y, por supuesto, el Sionismo.

Largo sería aquí referirnos a cada una de ellas, a sus iniciadores y seguidores . Como así mismo,
el detenernos a analizar los cambios que produjeron una nueva serie de valoraciones y los
sucesos históricos entroncados con ellos y con el cambio de actitud hacia los judíos

La Emancipación abatió los muros de los ghettos. Sus habitantes, en mayor o menor medida,
comenzaron a integrarse a la sociedad circundante.

Las matemáticas, las ciencias naturales, la historia y la lengua del país donde residían ‐entre
otras‐ fueron disciplinas que se sumaron a la tradicional enseñanza del Talmud Torá que se
impartía en el jéder.

En algunos lugares antes, en otros después, no sin esfuerzo, los judíos devinieron en ciudadanos.
Sin importar el tiempo ni el lugar, en sus pensamientos, en sus oraciones, en su vida diaria, Sión
estaba presente. Eretz Israel era fuente de inspiración y de esperanza: esperanza que tomó
cuerpo en el siglo XIX de esta era, cuando en Basilea Theodor Herzl sentó las bases del que
llegaría a ser el Estado de Israel.

ʺTodo es eterno‐había dicho Herzl‐hasta mis sueños, porque otros los soñaran cuando yo no esté...ʺ

Herzl ha sido uno de los mas grandes visionarios de todos los tiempos. Un profeta con una fuerza y vitalidad generadora.

Su sueño fue la concreción de un estado judío con Jerusalem como su capital.

En su novela Altneuland, que ha llegado a ser el símbolo del Israel moderno, da una visión de
como él prevé la vida en esa ʺvieja‐nueva patriaʺ.

En el Estado Judío expresa su pensamiento respecto de la creación de un estado, diseña una
bandera, determina el número de horas que debe durar la jornada de trabajo e incluso llega a
decir de qué modo se iría poblando dicho estado.

ʺIm tirtzú ein‐zo agadáʺ (si lo deseáis no será una leyenda)

Así se hizo realidad la redención de Israel en su tierra, tercera etapa en la historia de este
pueblo. La Historia del Moderno estado de Israel en 1948.

La historia de Israel, como es de esperar, incluye a partir de entonces, la vida de los Judíos en el
Estado Judío o Estado de Israel y en la Diáspora.



Gracias a ANA MARIA TAPIA‐ADLER

                https://encrypted-tbn3.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcQDtjx5-9lcFt1PckknZTrehsVDkpg7Tg55XsePqKmcN-JZy6v2Ug
  E.B.G. Jacob Uriel Escalera  M.:.M.:. 
  A.·. L.·. MMXIII   Shalom aleijem

viernes, 24 de mayo de 2013

La Menorah.


HONRA A YHWH CON LA LUZ
La luz ha constituido una constante dentro de la existencia judía a través de los siglos.
Esta ha estado presente en todas las ceremonias y festividades hebreas y representa un elemento central de la liturgia judía. Además de buscar a través de ella la santificación de ciertas fechas sagradas, la luz encierra un significado propio que pone al judío en estrecho contacto con su identidad y su herencia tanto nacional como cultural.
En los tiempos talmúdicos, los judíos acostumbraban encender velas no para cumplir con preceptos religiosos, sino sólo con el propósito de iluminar sus hogares; posteriormente, de acuerdo con el versículo bíblico "... para los judíos había luz y regocijo, alegría y honra..." (Esther 8:16) esta tradición se convirtió en una actividad obligatoria en las ocasiones alegres y en los días festivos.

 A lo largo de la historia, el encendido de velas ha sido obligación primaria más no exclusiva de la mujer, a quien se le otorga el privilegio de cumplir con este mandamiento a través del cual se crea un ambiente espiritual único, ya que el brillo de la luz elimina la ansiedad y la melancolía, y trae consigo la esperanza.

La tradición luminaria no se restringe exclusivamente al hogar. En todas las sinagogas se coloca una lámpara con aceite que permanece constantemente encendida. Se trata del Ner Tamid o lámpara perpetua que simboliza la promesa del Todopoderoso de preservar al pueblo de Israel. La flama de esta lámpara representa la presencia divina, la paz y la armonía.

La continua dedicación del judío a la preservación y el cumplimiento de la Torá y sus preceptos puede compararse con una luz que nunca se extingue... "Porque la Torá es una lámpara y la enseñanza es una luz, y las reprensiones de la corrección son los caminos de la vida" (Proverbios 6:23).

De hecho, el fuego es el único elemento de la naturaleza que da de si y que al mismo tiempo se encierra en constante regeneración.

En la antigüedad, el Ner Tamid era la parte central de la menorá o candelabro de siete brazos que los hebreos colocaron en el Gran Templo de Jerusalem.

 La menorá es uno de los símbolos más antiguos del judaísmo. Sus orígenes se remontan a los días del éxodo de Egipto cuando los judíos deambulaban por el desierto del Sinaí. De acuerdo al Antiguo Testamento, fue allí donde Moisés recibió el mandato divino de "...hacer un candelabro de oro puro, labrado a martillo... con seis brazos que saldrán de los dos lados de su tronco; tres brazos del candelabro de un lado de él, y tres brazos del otro lado... y tendrán en cada brazo tres copas en forma de flores de almendro, con una manzana y una flor... y serán siete sus lámparas". (Exodo 25:31-37).

Con el propósito de cumplir con este precepto, Moisés ordenó al orfebre Bezalel la construcción de una menorá que colocó en el Tabernáculo del desierto. Años después, cuando los judíos llegaron a la Ciudad Santa y edificaron el Primer Templo en 953 a.e.c., transportaron el candelabro original a su nuevo santuario. Cuenta la tradición que la lámpara se instaló en una mesa que simboliza las delicias del paraíso y la presencia divina. Diariamente, el sacerdote principal encendía la menorá con aceite puro de olivas para producir una llama más clara, cumpliendo así con el mandato bíblico: "Manda a los hijos de Israel que te traigan aceite puro de olivas machacadas con mortero, para el candelabro, a fin de hacer arde la lámpara de continuo". (Levítico 24:2).

Cuando Nabucodonosor destruyó el Templo en 587 a.e.c. todos los objetos sagrados desaparecieron. Setenta años más tarde, los judíos regresaron a Jerusalem a construir el Segundo Templo y colocaron en él una réplica de la menorá. En 70 e.c. los romanos, comandados por el general Tito, devastaron la ciudad y destruyeron el Templo, logrando capturar todos los objetos sagrados. La posesión de la menorá simbolizó la sumisión de los judíos a la supremacía romana y una reproducción de la captura del candelabro se realizó en bajo relieve en el Arco de la Victoria de Tito, para celebrar el triunfo de Roma.

A partir de este momento, la menorá se convirtió en un símbolo nacional judío que se utilizó como elemento artístico y religioso. Apareció en sinagogas, en lápidas, en mosaicos y sellos, con lo que eventualmente se universalizó su imagen.

Con el transcurso de los años, el candelabro de siete brazos se transformó en una de las principales representaciones del judaísmo. Actualmente, no sólo se continúa utilizando como elemento decorativo en las sinagogas, sino que constituye el emblema oficial del Estado de Israel, por lo que aparece en monedas, estampillas y sellos, reafirmando así la tradición y cultura milenarias del pueblo judío.

La menorá no es una representación puramente geométrica ya que conlleva simbolismos muy profundos. Es una imagen de la eterna supervivencia del pueblo judío, que al igual que el candelabro, ha persistido a lo largo de los siglos a pesar de los constantes ataques de sus adversarios.

Constituye, además, la reproducción de un elemento natural: el árbol de la vida, de cuyas ramas emana la energía para crear una nueva existencia.

Para los místicos, cada brazo del candelabro simboliza uno de los siete días de la creación, como representación del origen de la vida.

La luz que irradian las lámparas de la menorá cuando se encuentran encendidas, simboliza la presencia divina y con ella su perenne protección del hombre y la preservación de la paz y la esperanza. Es el resplandor que ilumina al mundo, guiando así al ser humano por el camino del bien.


E.B.G.   M.:.M.:. 
A.·. L.·. MMXIII 

viernes, 26 de abril de 2013

La Estrella de David


La Estrella de David (en hebreo מגן דוד, Magen David, o Mogen Dovid en hebreo askenazí), también llamada escudo de David o sello de Salomón, es uno de los símbolos del judaísmo.
Aunque tradicionalmente el distintivo religioso del culto judío fue la menorá, el candelabro ritual de siete brazos, el emblema compuesto por dos triángulos equiláteros superpuestos, formando una estrella de doce puntas contando las de adentro se empleó frecuentemente para distinguir las comunidades y distritos reservados para los judíos (juderías) a partir de la Edad Media y también en la Segunda Guerra Mundial con los judíos.
Con el establecimiento del Estado de Israel, la estrella de David sobre la bandera azul y blanca se convirtió en el símbolo del estado.


El escudo de David no se menciona en la literatura rabínica y menos en la Torá. No existe una prueba arqueológica de su uso en Tierra Santa en la Antigüedad, incluso después del Rey David. Una Estrella de David se ha encontrado recientemente en una tumba judía en Tarento, en el sur de Italia, que se podría fechar en el siglo III.

La primera fuente literaria que la menciona, el Eshkol ha-Kofer del caraíta Judá Hadasí (de mediados del siglo XII), dice en el cap. 242: "Siete nombres de ángeles preceden la mezuzá: Miguel, Gabriel, etc... ¡El tetragrammaton te protege! Y de igual modo el signo llamado 'El Escudo de David' está emplazado al lado del nombre de cada ángel."
Es, por lo tanto, en esta ocasión un signo sobre amuletos.

En papiros mágicos de la antigüedad, pentagramas, junto con estrellas y otros signos, son a menudo encontradas en amuletos que portan los nombres judíos de Dios, y utilizados como protección contra la fiebre y otras enfermedades.

Lo más curioso es que sólo aparece el pentagrama y no el hexagrama. En los grandes papiros mágicos de París y Londres hay veintidós signos paralelamente colocados, y un círculo con doce símbolos, pero ningún pentagrama ni hexagrama.

El sincretismo de la cultura griega, el judaísmo y las influencias coptas probablemente no originaron el símbolo. Es posible que fuera la Cábala el origen del símbolo, que representaba la disposición de las diez Sefirot. Una copia manuscrita del Tanaj, fechada en 1307 y perteneciente a Reb Yosef bar Yehuda ben Marvas de Toledo, España, estaba decorado con el escudo de David.
En las sinagogas, ocupó quizá el lugar de la mezuzah, y el nombre de escudo de David podría proceder de los poderes protectores que se suponía que tenía.

El hexagrama podría haber sido emplazado originalmente también en la arquitectura ornamental de las sinagogas, como en la catedral de Brandemburgo y Stendal, y en la Marktkirche en Hannover.

Un pentagrama con esta forma se encontró en la antigua sinagoga de Tel Hum. Fue publicado por Jose Eduardo Pineda Reyes del Centro Escolar RFC Usulutan

Una de las leyendas que circula entre el pueblo judío sobre el maguen David es la siguiente: Escapando el rey David de sus adversarios los filisteos, se escondió en el interior de una cueva. Inmediatamente después de que él entrara, una araña tejió su tela dando a su hilado la forma de "estrella de David".
Esta tela de araña situada a la entrada de la cueva hizo que sus perseguidores pasasen de largo, pensando que si la tela de araña estaba intacta nadie habría pasado por allí en mucho tiempo.. Después del "milagroso" acontecimiento el rey adoptó ese símbolo como emblema de su escudo y el pueblo judío lo utilizó como protección.

Cuando el 14 de mayo de 1948 se estableció el Estado de Israel, la Estrella David azul sobre el fondo blanco se convirtió -lógicamente- en la bandera nacional.

Actualmente la Estrella de David es el símbolo de una nación orgullosa, un signo de esperanza para cada judío, quienes buscan protección en su propio país. Una positiva Estrella de David.

sábado, 26 de marzo de 2011

Las Abejas. Historia de la Apiterapia.

Hace miles de años que los hombres consumen los productos de las abejas, no solo con fines nutricionales sino por sus efectos curativos. Los científicos creen que la miel forma parte de la dieta humana desde hace dos o tres millones de años. En los tiempos en que conseguir alimento implicaba riesgo y suerte, descubrir un escondrijo con panales de miel era un regalo. Junto a su notable dulzor, la miel era una comida inigualable en valor energético. Compuesta por casi un 75% de azúcares fácilmente digeribles y con una valiosa cantidad de vitaminas y minerales, la miel era el complemento perfecto a una dieta sobria. Además de la miel, el panal proveía de proteínas en la forma de larvas de abeja y polen almacenado.

Hace al menos cincuenta millones de años (muchos hablan de más) que las abejas están en la Tierra: hay fósiles que atestiguan la existencia de insectos en el planeta en el Período Carbonífero de la era Palezoica, mucho antes de la aparición del hombre.

Hacia el año 10.000 a.c. comenzó el hombre prehistórico a pintar sus experiencias cosechando miel. En Bicorp, Valencia, en una cueva prehistórica con pinturas de unos 7.000 años a.c., aparece una pequeña figura subida a una escalera que se apoya en una escarpada ladera, recogiendo trozos de panal con miel, en un tarro o cesta mientras le rodean nubes de abejas. Esta forma de recolección se basa en la caza y ha perdurado en distintos lugares del mundo a través de los tiempos hasta el mismo siglo XX, aunque hace miles de años que según las sociedades fueron evolucionando más allá del nivel de mera subsistencia, esto, como otros productos agrícolas, tenía que llegar a estar bajo el control humano.

Apis mellifera, la abeja productora de miel más común en occidente, es originaria de la Europa templada y otras bases en torno al Mediterráneo de África y Asia. Curiosamente estas áreas coinciden con los lugares de nacimiento de las civilizaciones occidentales, las culturas egipcia, griega, romana, judía, cristiana e islámica, nacieron todas aquí.

La más temprana evidencia de Apicultura, en oposición a la caza de miel, se haya en Egipto, aproximadamente hacia el 2.400 a.c. En lugar de ir en pos de las abejas, los egipcios aprendieron que las abejas podían ser atraídas a ellos. Ya que la abeja melífera es una abeja anidadora que vive, en estructuras formadas por multitud de panales construidos al amparo de la luz, los egipcios descubrieron que, una vez capturado, un enjambre de abejas podía ser fácilmente forzado a instalarse en una especie de tubos cilíndricos de gran tamaño, hechos de barro cocido y dispuestos en posición horizontal, unos encima de otros. Los egipcios mantuvieron una doble entrada en esos panales: la frontal para uso de las abejas y la posterior para recolectar la miel de forma más tranquila.

Una vez cosechada la miel era almacenada en platos de cerámica ligeramente hondos y tapados. Se han hallado en tumbas muestras de estos, algunos con granos de polen o trozos de cera, intactos. En la tumba de Tutankhamon se encontró en 1922, en perfectas condiciones, varias vasijas con miel que habían sobrevivido con sus cualidades por 33 siglos.

La apicultura formaba de tal modo parte de la vida egipcia que, durante la primera dinastía (3200 a.c.) un hieroglífico de una abeja era el símbolo del Bajo Egipto, el cual pasó a llamarse La Tierra de la Abeja. En unión con la juncia, planta que simboliza el alto Egipto, se convirtió en uno de los nombres del faraón, significando Señor del Bajo y del Alto Egipto.

La miel fue reverenciada en Egipto, y ocupó un lugar prominente como comestible y como elemento de rituales religiosos. Fue empleada en dulces platos, panes horneados o hervida con la carne de los melones y otras frutas, para producir las sensuales confituras que aun hoy se pueden degustar en Alejandría. Debido a sus propiedades y cualidades como preservante, a la miel se la consideró un elixir particularmente poderoso y las abejas fueron mantenidas en los templos para alimentar a los animales sagrados, hacer ofrendas a los dioses y para la producción de medicamentos y ungüentos. Los cadáveres se podían conservar en miel, mientras que la cera virgen y la miel se incluía en muchos preparados cosméticos. En los rituales de magia se creaban figuras con cera de abejas ligadas a los hechizos y conjuros mágicos. Dichas figuras eran destruidas en un acto simbólico por la fuerza del fuego, se eligió la cera para este fin por su capacidad de arder fácilmente y no dejar rastro alguno tras de sí.

Hay constancia de que la apicultura migratoria se practico ampliamente, los apicultores movieron sus colmenas cargándolas en barcas para evitar las inundaciones y para seguir a lo largo del curso del Nilo las plantas que estuvieran floreciendo. Aún más parecen haber valorado la miel silvestre y cazadores de miel, a menudo protegidos por arqueros reales, registraban los parajes silvestres en busca de colonias de abejas.

Los papiros de Smith y de Ebers describen tratamientos que incluyen el uso de la miel, la cual, después del agua, era el ingrediente medicinal más común y se debe haber pensado que era terapéuticamente activa en muchas recetas. También era práctica habitual las aplicaciones de miel a las heridas abiertas. De igual modo en el año 1500 a.c. el propóleo, la cera negra, es mencionado en un papiro junto con otros ingredientes activos, en la secreta metodología de la momificación de los faraones. Aquí procedían de forma similar a las propias abejas, las cuales, si un ratón o cualquier otro "enemigo" de tamaño considerable se introduce en la colmena, después de matarlo lo embalsaman con propóleo para evitar su descomposición. Solamente por esta aplicación del propóleo en los embalsamamientos (la cera también puede haberse usado en dicho proceso) podríamos afirmar que las abejas eran una cuestión de Estado en Egipto y que los sacerdotes se dedicaron a su estudio y cuidado.

"El Dios Ra lloró y sus lágrimas cayeron en la tierra y se volvieron abejas. Las abejas comenzaron a construir y fueron activas con todas las flores del reino vegetal. De esta manera llegó a existir la cera, así la miel fue creada de las lágrimas del Dios Ra".

La cera de abejas no solo se usó como base para medicinas, también en la construcción de barcos y embarcaciones menores, en la fabricación de pinturas y en el fundido de metales. Los artistas y escultores del Antiguo Egipto y de Mesopotamia, de la Dinastía Han en China y de la civilización de Benin en África usaron el método de la cera perdida en el fundido para producir sus complicadas y difíciles piezas de arte en cobre, bronce y oro.

En la literatura babilónica la miel era considerada materia médica. En los textos médicos asirios se utiliza en fricciones y también se observa su empleo en problemas oculares, en las enfermedades del oído y en ginecología. La miel se utilizaba también como un principio de purificación en las prácticas mágicas babilónicas así como en las ofrendas y sacrificios. También se le daba consideración mágica a la cera que era utilizada en distintas prácticas.

Durante este periodo, surgen referencias a la miel en la literatura de China y de la India. El Rig-Veda, uno de los libros más antiguos de textos religiosos en la India, se refiere repetidamente a los valores medicinales de la miel que se consideraba un alimento dietético de primer nivel.

En el "Libro de Hierbas" del autor chino Shen Nong se escribió hace dos mil años que la miel, la cera y la cría de abejas estaban clasificadas como "las medicinas de más alta calidad y no venenosas" Durante la dinastía Han, el Dr. Zhan Zhongijing recomienda el uso de supositorios de miel para el estreñimiento, miel con raíz de regaliz para tratar las lombrices intestinales y cera de abejas en el tratamiento de la disentería. A finales del s. V d.c. el Dr. Tao Hongjing indicaba la aplicación de cría de abejas empapadas en vino sobe la cara para mantener la piel "delicada y brillante" y en 992 d.c. el Hospital Song de la Dinastía Imperial editó "Las recetas sabias" donde se describía el uso de los productos de las abejas como remedios anti-envejecimiento. (Chen Yao Chun, 1.993)

Pero es durante el surgimiento de los Imperios griego y romano cuando se escribieron un mayor número de guías de apicultura y de miel. Según la mitología griega Aristeo, hijo de Apolo y Cirene, recibió la enseñanza de la apicultura de las Ninfas que lo educaron y posteriormente la enseñó a los hombres. Y ya a partir del s. IV a.c. varias ciudades griegas acuñaron monedas con la imagen de la abeja y los atributos de la apicultura. Al parecer la región de Ática producía la mejor miel de la antigüedad. Los más antiguos testimonios escritos relativos a la apicultura en la Grecia antigua datan del tiempo de los primeros Juegos Olímpicos (776 a.c.) En ese mismo periodo la miel se puede hallar a través de la Iliada y la Odisea. Aun hoy la mayoría de las descripciones de Aristóteles sobre la vida de la abeja siguen siendo extraordinariamente precisas.

Los autores romanos estaban igualmente fascinados por el complicado arte de las abejas. En el "Medicamina" de Ovidio se menciona el uso de la miel y la cera para fines médicos y cosméticos y Virgilio se refiere exhaustivamente a a las abejas y a las actividades relacionadas con la apicultura, incluyendo una gráfica alusión al mito de Aristeo. Plinio dedicó muchas páginas de su "Historia Natural" a la miel y la apicultura, coincidiendo con Aristóteles en cuales eran las mejores mieles de la época. Los autores Columella y Varro procedieron a la observación directa para elaborar sus teorías que, aún hoy, son una útil fuente de información.

El uso de la miel en la antigüedad como edulcorante se aplicó de muchas formas aparte de en postres. Las cocinas de las antiguas Grecia y Roma equilibraban el dulce con lo agrio, lo amargo y lo salado en sabores mucho más amplios que los que conocemos ahora y haciendo menos énfasis en platos que fueran dulces de principio a fin. La miel junto con el vinagre se usaban para aderezar un gran número de hierbas y especias. Adornaban un sin número de salsas, desde las de mojar hasta las usadas para asar aves y pescados y para aliños ligeros de ensaladas. Otras salsas se hacían a partir de entrañas de pescados secados al sol y eran los los agentes de sabor más populares en esos días, equivalente al uso de la salsa de soja en la cocina china o del caldo de pescado en la tailandesa y vietnamita. El vino raramente se usaba directamente como bebida sino que se mezclaba con agua y se endulzaba con miel y se aderezaba con hierbas, especias y resinas de plantas. La miel también se usó como preservante junto con la salmuera y el vinagre para carnes, frutas y verduras.

En los países del Norte de Europa y Escandinavia el cultivo de la uva quedaba muy distante y el vino se hacía de miel, de hecho durante la Edad Media la mayor parte de los panales de miel se emplearon en la producción de esta bebida que evolucionó en docenas de variantes especiadas y fermentadas de distintas formas. En la mitología noruega el gran dios Odín alude a esta bebida y en Inglaterra, Irlanda y Gales su consumo estaba muy extendido, como dejan claro las numerosas referencias en el poema épico Beowulf (700 d.c.).

Mientras tanto en el Oriente Medio y de vuelta al Mediterráneo, el cultivo de la miel se extendió y floreció durante la ascensión del imperio Árabe entre el 600 y 800 d.c. Puesto que el alcohol estaba prohibido para los musulmanes, el uso de la miel fue como alimento y medicina, tal y como recomendaba Mahoma en el Corán. Este legado se difundió por todas las culturas de influencia árabe alrededor del Norte de África, Sicilia, España y Turquía y aun hoy permanece su influencia en los dulces bañados en miel de las cocinas de todas estas culturas.

Según la iglesia Católica ganó prominencia en Europa, aumentó la necesidad de apicultores, no tanto por la miel como por la cera virgen que las abejas producen. Arde limpiamente, con un perfume suave y una llama clara y la connotación de ser producido por abejas vírgenes era visto especialmente apropiado para la práctica cristiana. Según una leyenda las abejas huyeron del paraíso cuando los hombres cayeron en pecado fuera del Edén. Por esta demostración de moralidad, las abejas recibieron la bendición divina, y por lo tanto, "esta bendición alcanzaba a las velas hechas de su cera para ser usadas siempre que se cantaba una misa" De este modo la apicultura entró en los monasterios y se construyeron colmenas especiales en los jardines. San Ambrosio, obispo de Milán de 347 a 397 d.c. pasó a ser el santo patrono de los apicultores.

Mientras tanto en las comunidades judías, la miel se convirtió en un componente importante de las celebraciones en forma de dulces. En el primer día del ingreso de un chico en la escuela religiosa, las letras del Talmud se escribían en miel sobre una pizarra y los nuevos las lamían para hacer su aprendizaje dulce.

Debido a su laboriosidad construyendo los panales de sus colmenas y su conexión, tanto con el ritual egipcio como con los cultos mistéricos griegos y romanos, las abejas y sus colmenas han sido durante largo tiempo un símbolo para la masonería.

Mitos y leyendas siempre han rodeado la práctica de la apicultura. En la Britania rural la costumbre de "informar a las abejas" ha durado durante siglos. Cualquier hecho importante que ocurriera en la familia de un apicultor – una boda, una muerte – debía ser compartido con las abejas. De otro modo, según la leyenda, las abejas abandonarían a la familia.

El conocimiento y uso de las abejas y sus productos ha permanecido a lo largo de la historia. En Europa la miel se mantuvo como un elemento básico en farmacia y medicina, formando parte de infinidad de fórmulas del vademécum de la época, hasta el Siglo XVIII. Los médicos del ejercito de Napoleón Bonaparte usaban el propóleo para curar las heridas de guerra y el mismo emperador, fascinado por las abejas, no solo por sus curativos productos sino también por su simbolismo real, las hizo bordar en su manto de investidura y formaron parte de algunas de sus más distinguidas condecoraciones.

En la medicina popular georgiana se empleaban ungüentos con propóleo para distintas enfermedades y hasta se frotaban los juguetes de los niños.

En la Antigua Rusia La miel era de gran importancia en la farmacopea usándose como contraveneno, para tratar llagas, infecciones, heridas profundas, afecciones respiratorias, tos, dolores de estómago, problemas de intestino, desnutrición, raquitismo y anemia. El profundo interés de los rusos por las cualidades terapéuticas de los productos de la colmena ha llegado hasta nuestros días, usaron el propóleo aplicado en bálsamos durante la Segunda Guerra mundial para curar las heridas de los soldados y ya en la segunda mitad del s. XX, han promovido abundantes investigaciones y su empleo en los países bajo su influencia durante la era soviética.

Hoy en día son muchos los países en todos los continentes que se han unido al estudio científico de los productos de la colmena y a su aplicación en algunas de las más importantes enfermedades que aquejan al hombre.


Antiguamente en Egipto se creía que cuando el Dios del Sol Ra lloraba sus lágrimas, provocadas por la maldad de los hombres que él mismo había creado,se transformaban en abejas al tocar el suelo. Los egipcios fueron los primeros en domesticar colonias de abejas, dando así origen a la apicultura hace miles de años.

Descubrieron que, una vez capturado, un enjambre de abejas podía ser fácilmente forzado a instalarse en una especie de tubos cilíndricos de gran tamaño, hechos de barro del Nilo cocido y dispuestos en posición horizontal, unos encima de otros. Los egipcios mantuvieron una doble entrada en esos panales: la frontal para uso de las abejas y la posterior para recolectar la miel de forma más tranquila.

Una vez cosechada la miel era almacenada en platos de cerámica ligeramente hondos y tapados. Se han hallado en tumbas muestras de estos, algunos con granos de polen o trozos de cera, intactos. En la tumba de Tutankhamon se encontró en 1922, en perfectas condiciones, varias vasijas con miel que habían sobrevivido con sus cualidades por 33 siglos.

Notas tomadas de diversas fuentes:
Curso de Apiterapia del Dr. Stefan Stangaciu,
"Honey from flower to table" by Stephanie Rosenbaum
CD rom La medicina por las abejas, tratado de Apiterapia por Apimondia
Propóleo y demás productos de la colmena. 

D.Pedro C.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Un secreto. Los CÁTAROS.

 ¿Quiénes eran los cátaros?
Los defensores de la doctrina según la cual una cadena de iniciados habría transmitido el conocimiento secreto desde la Antigüedad hasta el día de hoy, ven al fenómeno cátaro de diferente manera que los historiadores más o menos ortodoxos. Estos últimos sostienen que el catarismo es un movimiento social de masas homologable a otras herejías que proliferaron en Europa Occidental entre los siglos Xl y XIII. Tal efervescencia herética sería consecuencia de los propios males de la Iglesia, así como de la crisis de crecimiento de la sociedad medieval.

Pero existe otra corriente de opinión. Esta sostiene que el fenómeno cátaro es algo distinto a un simple movimiento de renovación espiritual. El catarismo sería, ni más ni menos, una doctrina inspirada por un conocimiento de orden superior. Los mártires cátaros fueron torturados y quemados vivos, no por herejes, sino por iniciados. Y ello no obstante, los supervivientes lograron conservar la semilla del conocimiento secreto, y difundirla a generaciones posteriores, a través de diferentes colectivos sociales y sociedades secretas (o discretas) que iremos desgranando a lo largo de este artículo.

Los más (especialmente los especialistas ortodoxos) se inclinan por la teoría según la cual “cátaro” deriva del griego iaxexpoG (puro), que está en la base del término “catarsis” (purificación), y del alemán ketzer (hereje). Pero existe otra posibilidad: la Iglesia oficial consideraba, como es bien sabido, a esta herejía como una expresión de satanismo o de culto al diablo; por ello la propaganda del catolicismo romano hacía remontar el término del latín cattus, el gato negro asimilado al Príncipe de las Tinieblas. Desde mi punto de vista, esta segunda interpretación -aunque vilipendiosa- se acercaría más a la verdad, por unas razones que explicaré más adelante. Pero continuemos con nuestro relato acerca de los misteriosos -y atribulados- cátaros.
En resumidas cuentas, los «puros» (es decir, los que han recibido el bautizo, o consolamentum) se llamaban entre sí Juan o Juana; su Iglesia era denominada Iglesia del Amor (o cristianos de San Juan, o Iglesia de María); rechazaban el Antiguo Testamento (y buena parte del Nuevo); su doctrina era dualista (creían en la existencia de dos principios fundamentales: el bien y el mal); y su distintivo fundamental era la pata de oca, o bien la cresta del gallo, el «ave que anuncia el Sol» (de ahí su denominación como patarines, y también como chrestiáa, que como es natural no deriva del Cristo ortodoxo que todos conocemos) 1

1 La pata palmeada se encuentra detrás del simbolismo de ciertas sociedades iniciáticas. Cuatro patas de oca unidas por el centro constituyen la cniz paté de Occitania y de la orden templaria (paté deriva de «pata palmeada»). Dos cmces paté uxtapuestas (una blanca y otra negra) constituyen el octógono sagrado de los templarios, muy empleado en la arquitectura gótica catalana. No hay torre en Barcelona que no tenga como base el octógono. Allí encontraremos una de las pocas plazas octogonales del mundo:
la plaza Milans, sita en lo que otrora fuera la capilla del Palacio Menor de los templarios. Los cátaros, como los llamados cagots (lo cito en iui libro
El conocimiento secreto), eran llamados «patarines», nO aludiendo a la patera (a la «copa sagrada»), sino a la pata de oca, que, por cierto. llevaban cosida -en una pieza de paño rojo- en su manga derecha. En fin, la oca es un elemento iconográfico (de carácter gnóstico, cátaro y pagano) de primera categoría. En términos simbólicos, representa el hermafroditismo, que es una forma de denominar a la «dualidad primordial». Según Juan


Si en algo se ponen de acuerdo los estudiosos de las cosas antiguas, es en el origen oriental de sus creencias. El catarismo tiene claras resonancias gnósticas y maniqueas. En definitiva, los “perfectos” pensaban que en este valle de lágrimas, llamado “mundo de los sentidos”, se desarrolla una pugna continua entre dos principios irreconciliables: el Bien y el Mal; o dicho con otras palabras, la Luz y las Tinieblas. El primero define el elemento constituyente del alma, encerrada en un forro de materia (nuestro cuerpo); el segundo es todo aquello que se puede ver, oler y tocar, es decir, la realidad tangible. El Dios del espíritu se enfrenta al Dios de la materia (Satán, nuestro Yahvé) por adquirir la primacía en la continua batalla entre el Bien y el Mal.

Se dice que el catarismo occitano, lombardo o alemán tenía fuerte influencia bogomila (una secta búlgara de obediencia maniquea). Lo cierto es que tanto los bogomilos búlgaros como los mismos cátaros occidentales tienen un precursor común: Prisciliano, heresiarca hispano de rica alcurnia, que ostentó el cargo de obispo durante el siglo IV, en tiempos del emperador Máximo. Su rigorismo y su doctrina gnóstica y maniquea fueron empleados por los novacianos para diferenciarse del catolicismo ortodoxo. Estos se llamaban a sí mismos “puros”, término que posteriormente sería recuperado por los cátaros.

La gnosis es conocimiento, pero también doctrina de salvación. Para los gnósticos, especialmente los maniqueos y los cátaros, el mundo material es esencialmente malo. El Demiurgo (Sumo Hacedor) del mundo tangible es un dios del mal, y sería equiparable al Satán de los cristianos (el Príncipe de las Tinieblas). Es decir, el Yahvé todopoderoso que nos hizo a su imagen y semejanza sería en realidad, para los gnósticos (y cátaros), el responsable de todo lo que de malo, corrupto y perecedero existe en este valle de lágrimas.

El dios auténtico, el Príncipe de la Luz (el Lucifer celestial) habría dejado su destello, su huella, sólo en nuestro espíritu, en lo más profundo de nuestros corazones. Para los cátaros, y para los gnósticos en general, la única manera de eliminar el mal, para recuperar lo poco que de puro y numinoso retiene el ser humano, consiste en procurar la extinción de la propia vida, ya sea a través del suicidio, del sacrificio, del martirio, o bien de la negación de la procreación.

El gnóstico se reconoce como un extraño en el mundo, y siente nostalgia por la grandeza excelsa del Bien Supremo, especie de nirvana espiritual alcanzable sólo por medio del aniquilamiento, de la autonegación como entidad material. Como veremos en su momento, los cátaros, descendientes directos de los maniqueos en el Occidente europeo, eran tachados de ultrapuritanos, de negacionistas de la vida. Así, entre los ojos del pueblo humilde eran vistos como maestros de virtud, continencia y sabiduría (por eso eran llamados “perfectos”, o “puros”).

El gnosticismo, en definitiva, es tanto un metalenguaje, una forma críptica de conocimiento, que trata de transcribir de forma simbólica una serie de ideas complejas, como un “camino de salvación”, que sitúa al adepto en relación al espíritu (emanación de Dios, el Lucifer celestial) y al mundo (su corporeidad material, maculada por el mal y el pecado). El tratado hermético titulado La Llave asegura: “La perversión del alma es la ignorancia; porque el alma, cuando no conoce nada de los seres ni de su naturaleza, ni tampoco del Bien, ciega total, sufre el combate que contra ella levantan las pasiones del Eduardo Cirlot, la oca alude al dios andrógino de muchas religiones primitivas, al rebis de los alquimistas, y al hombre bisexuado de Platón. cuerpo, y desgraciada, ignorándose a sí misma, sirve de esclava a cosas que le son ajenas y corruptas, y carga el cuerpo como un pesado fardo”. Desde este punto de vista, la ignorancia hace a los hombres esclavos del mundo y sus pasiones; la gnosis (el conocimiento) los libera.

Sea cual sea el origen de los cátaros, éstos se distinguían de los cristianos ortodoxos por su rechazo a buena parte del Antiguo Testamento 2 de los Sacramentos (que sustituyen por otros ritos más cercanos a su doctrina), de ciertos símbolos cristianos y, especialmente, de algunas costumbres populares que ellos consideraban bárbaras o pecaminosas.

Como los templarios, sentían predilección por el Evangelio de San Juan; el más filosófico de los cuatro reconocidos por la Iglesia . Como muy bien expresa Otto Rahn, en su Cruzada contra el Grial: “Resulta más que sorprendente que esta doctrina (es) a la vez la más tolerante y la más intolerante entre las cristianas”. Jesús Mestre, en su obra Los Cátaros, resume en pocas palabras lo esencial de su fe: “El pecado es la sujeción al mundo, su piedra angular”. La mitología cátara establece que el pecado original no es un pecado de orgullo, sino carnal: la unión sexual de Adán y Eva, del hombre y la mujer. Porque para los “Perfectos” no existe pecado venial: todos los pecados son mortales. Y lo son porque la cópula y el goce carnal suponen para el individuo la sujeción al mundo.

Es forzoso insistir en un detalle capital: Jehová, para los cátaros, es el Maligno, el Príncipe de las Tinieblas. La causa de todo mal está en la esfera de lo material, que es obra de Satanás, puesto que el Dios de la Luz no puede haber creado este mundo imperfecto. Los perfectos llamaban al Demiurgo, por otro nombre Satanás, el Gran Arrogante. El verdadero creyente, el Puro, debía consagrarse al Dios de la Luz (o del Espíritu) renunciando al cuerpo y al placer. Los cátaros, como los gnósticos, se llamaban a sí mismos “hijos de la Luz”.
Los cátaros sostenían que nada humano -carnal y material- puede ser puro o bueno; y por ello no aceptaban que el Hijo de Dios fuera un hombre como los demás. Finalmente solucionaron esta antinomia estableciendo que Jesús sería un Angel a quien Dios ordenó salvar al mundo a través de sus enseñanzas. Era el Salvador, el Enviado. Negaban su sacrificio en la Cruz y, por supuesto, el valor simbólico de esta última (así como la Eucaristía, o la transustanciación del cuerpo de Cristo en la hostia sagrada). María sería la Sofía (la Sabiduría). Para los gnósticos, ella era el Espíritu Santo-Mujer, «la que engendra sin cónyuge», el Paráclito (el Consolador de los Fieles), la mediadora entre Dios y el Mundo.
Los heresiólogos, inquisidores y jueces del brazo secular reprochaban a los cátaros su carácter ultrapuritano, por demandar un nivel de sacrificio que estaba al alcance de muy pocos. Recordemos que los cátaros exaltaban la la continencia sexual y la abstinencia hasta el punto de rechazar el matrimonio nuclear, condenar la carne y abominar los alimentos grasos. De ello da fe la ceremonia del consolamentum, por la cual el neófito se convertía en Perfecto,

2 Reconocían úmcamente los libros de los Profetas, los Salmos, el libro de Job. los escritos de Salomón y
el libro de Sabiduría.

Así, hacían suyo el siguiente pasaje: El espíritu es el que da vida, la carne no aprovecha para nada. Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (San Juan. 6:63). Y también éste: En El estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz luce en las tinieblas, pero las tinieblas no la abrazaron” (San Juan, 1:4-5).

tras romper el vínculo de matrimonio con su cónyuge. El compromiso solemne del nuevo hermano reza así:
“Prometo consagrarme a Dios y a su Evangelio, no mentir jamás, no jurar jamás, no tener contacto con mujer alguna, no matar ningún animal, no comer carne y alimentarme sólo de frutos. Prometo además no viajar, ni vivir ni comer sin uno de mis hermanos y, caso de caer en manos de nuestros enemigos o ser separado de mi hermano, abstenerme durante tres días de todo alimento. Prometo asimismo no traicionar jamás mi fe, sea cual fuere la muerte que me espere”.
Terminada la ceremonia, el neófito se retiraba a la soledad, para ayunar durante cuarenta días a régimen de pan y agua. A esta mortificación se le llama endura. Sólo entonces era considerado Perfecto. Todos los demás, los que comulgaban o simpatizaban con sus ideas, pero no se veían capaces de vivir tal existencia de sacrificio y rigor, eran llamados adeptos (con minúscula). Unicamente los Perfectos, si mantenían su promesa y ejercitaban una vida recta, tenían asegurada la Salvación. Los adeptos, ligados aún a la carne y a la materia, debían transmigrar a otro cuerpo para, a través de varias purificaciones, poder ascender a la calidad de Perfectos.

De este modo, se establecía una diferenciación de facto entre el núcleo duro de iniciados y los meros adeptos, que prefigura la estructura dual (y gradualista) de las sociedades secretas y discretas que se sucedieron con posterioridad: desde los templarios hasta la moderna Masonería.
Una de las mayores paradojas del catarismo consiste en su permisividad hacia los adeptos por lo que se refiere a la moral sexual. En pocas palabras, si alguien no podía rechazar el placer, era preferible la unión libre (la promiscuidad o la relajación sexual) al vínculo matrimonial. Como asegura Jean Pierre Leduc en Los Cátaros: “Paradójicamente, su desprecio de la carne les conducía a alentar la libertad sexual, predicando al mismo tiempo la contracepción”.

Además, siendo los cátaros enemigos de la materia, empleaban las fuentes y las cuevas, tan asociadas a antiguos cultos paganos, como espacios sagrados donde celebraban sus ceremonias. Por ejemplo, Ramon Roger, el joven Trencavel, fue recibido como “creyente” en la espulga (cueva fortificada) de Ornolac.
En definitiva, el catarismo es una doctrina compleja y contradictoria, lo que hace más inverosímil que tantos miles de Perfectos y Adeptos prefirieran aceptar con serenidad de ánimo el martirio, antes de abjurar de sus creencias. ¿Por qué? ¿Tal vez porque se creían custodios de un Secreto por el que valía la pena morir? Y en tal caso, en qué consistía?
Otto Rahn, estudioso del fenómeno cátaro, y uno de los cachorros de Himmler, lo tenía muy claro. Los cátaros eran los custodios del Grial, y la Cruzada contra los cátaros fue en realidad una cruzada contra el Grial. El mismo Heinrich Himmler se sentía heredero de la doctrina cátara, confesando al padre RipolI de Montserrat, con ocasión de su visita al monasterio el día 23 de Octubre de 1940: “En Montserrat se propugnó la herejía albigense, con la que nosotros (los nacionalsocialistas) tenemos tantos puntos de contacto” .
Raguer. Hilan. Hirnrn1er eii Moiitsenrat”. Historia y Vida número 158. Mayo de 1981.
Según la tradición, los cátaros guardaban el Grial en la fortaleza de Montségur, y el 14 de Marzo de 1244 sucedió algo extraordinario que impulsó a algunos soldados a convertirse, y a aceptar la muerte con alegría. Baigent, Leigh y Lincoln explican este extraño suceso en su magna obra El enigma sagrado: “Fuera lo que fuese dicha festividad, está claro que causó cierta impresión en los mercenarios contratados, algunos de los cuales, desafiando una muerte inevitable, se convirtieron al credo cátaro” .
En palabras de Otto Rahn, un pastor de ovejas del país le contó la siguiente historia: “Cuando aún estaban en pie los muros de Montségur, los cátaros, los puros, custodiaban dentro de ellos el Santo Grial. Montségur estaba en peligro; los ejércitos de Lucifer se hallaban ante sus murallas. Querían hacerse con el Grial para insertarlo de nuevo en la diadema de su príncipe…” 6

Pero los Puros tuvieron tiempo de resguardar el precioso objeto. La noche de la caída de Montségur cuatro cátaros descendieron mediante cuerdas desde la cima de la montaña hasta el fondo de la garganta de Lasset para entregar el tesoro de los herejes a sus legítimos poseedores. El Grial fue ocultado en una de las grutas del Sabarthez, y con el tiempo fue a parar a un refugio seguro, donde -según se dice- aún permanece a día de hoy.

Pero aquí no acaba la historia. Los templarios, hermanos de credo de los cátaros, hicieron todo lo posible para ayudar a los Perfectos. Les permitieron escapar hacia otras tierras menos hostiles, como el Reino de Aragón y el Norte de Italia, donde vivieron -aparentemente- en paz y tranquilidad hasta la muerte del último cátaro oficial: Bélibaste, quemado en la hoguera en 1321. En ese momento pasaron a la clandestinidad, pero no dejaron de existir en absoluto, como apunta Juan García Atienza en su Guía de la España Griálica:
“De ser, como lo fue en sus inicios, un poderoso y sin duda atractivo movimiento religioso erigido como alternativa al poder y la sumisión exigida por la Iglesia de Roma, el catarismo pasó a ser, a fuerza de persecuciones y matanzas, una forma de conciencia solapada que emergía en la vida social y cultural de las comarcas pirenaicas como el recuerdo de algo que no por imposible era menos añorado. Hoy mismo -es un secreto a voces- el catarismo existe, siquiera en su vertiente visceral más pura. Sigue habiendo perfectos, aunque esos perfectos lo sean por libre y sin obediencias estrictas a textos que, en su mayor parte, fueron destruidos; sigue habiendo gentes que recuerdan que sus antepasados fueron convertidos en cenizas en las piras de Béziers, de Montaillou o del Camp deis Cremats de Montségur. Y hasta quedan quienes tampoco han olvidado que, hace ya muchas generaciones, los suyos tuvieron que atravesar la barrera de los Pirineos y refugiarse en Aragón, en Cataluña o en el Maestrazgo valenciano, y hasta en Mallorca, para salvar la vida ante la constante amenaza de una denuncia que podía terminar en los calabozos que les reservaban a los herejes contumaces los padres predicadores que monopolizaban la represión en las tierras de Occitania”

Peter Berling, en Los hjos del Grial, recrea esta ceremonia, destacando su carácter mágico”: Qué verían allá dentro los escogidos que no le sería posible comprender a él? ¿Cuál era la fuente de aquella claridad sin sombras, sin oscilaciones, que irradiaba sobre los reunidos?”. Aquí el novelista nos describe algo (tel Grial’?) que emite irna luz pura y continua, tan diferente a la que ofrecían las luminarias y las antorchas propias de su tiempo. Tendría este suceso algo que ver con las súbitas conversiones de soldados y mercenarios que, de este modo, quedaban irremediablemente condenados a morir en la hoguera?
6
Cruzada contra el Grial (Hiperión. Madrid. 1994). Pág. 66.


La doctrina oficial establece que el catarismo catalán es heredero de la Iglesia hermana de Occitania. Hasta cierto punto ello es así: la población catalana se dobló en pocos años tras la huida masiva de los cátaros del Languedoc. En palabras de Anna M. Adroer y de Pere Catalá, «el foco (cátaro) de Tolosa de Languedoc irradió por la península Ibérica, extendiéndose por Cataluña, Aragón, Navarra y León»; y añado yo: coincidiendo con las áreas de mayor población cagot (véase más abajo). Los cátaros del norte aportaron a estas regiones buena parte de las técnicas de la industria lanera que harían prosperar sus ciudades. En esta operación masiva de «huida hacia el sur» no estaban solos: los templarios, haciendo valer su papel de «servidores del peregrino», hicieron todo lo que estaba en su mano para ayudarles: dándoles refugio en sus encomiendas, u ofreciéndoles apoyo logístico en el trayecto desde el castillo de Montségur hasta Berga, por el sendero llamado comúnmente Camí deis Bons Homes.

Y digo que «hasta cierto punto el catarismo catalán es heredero de la Iglesia albigense» porque la herejía pirenaica y catalana tiene raíces propias, como demuestra la persistencia de tradiciones heterodoxas ya desde tiempos muy antiguos. La primera es el gnosticismo, difundido en España a través del maniqueo Marco el Egipcio (hacia el 330) y de su discípulo Prisciliano. La segunda, tal vez la más importante doctrina herética en este país, es el adopcionismo de Feliu d’Urgell, con amplio respaldo en el área pirenaica. El adopcionismo fue importante para perfilar la noción cátara de la figura de Cristo: en pocas palabras, el Redentor no tuvo un verdadero cuerpo material, como los demás hombres, sino que sería un Angel adoptado por Dios para ejercer la función de Salvador. La Encarnación sería una apariencia engañosa:
«Incarnationem non vere sed fantastice profitentur».


La tradición cátara continuó viva en la literatura y en el esoterismo cristiano. Jean Renart, en su Roman de la Rose, dice así: “Amor debe ser tan discreto / Allí en donde se encuentre / De manera que no tenga dolor ni gozo / Salvo el que lo viva”. Amor es la Iglesia de los Perfectos, porque es la contraiglesia de Roma (Amor es el palíndromo de Roma). Amor es la Jerusalén Celeste, en contraposición a la Babilonia del Apocalipsis de San Juan.

Ramon LlulI, en su Liibre d’amic e amat (Libro de amigo y amado), aclara que la doctrina del Amor está velada por el secreto, al que sólo los adeptos pueden acceder: “Car ab secret té i’amic secret ios secrets de son Amat (Dios), e ab secret ios reveia, e ab reveiació ios té secrets”, o bien “Turmenten-me los secrets de mon amat, con les mies obres los revelen, e cor ia mia boca ios té secrets e no eis descobre a ies gents” .
Y es por ello que, ya en la clandestinidad, deben mantener el Secreto, como única manera de salvaguardar su tesoro, hasta el tiempo en que, comodice la Profecía: “Al cabo de setecientos años (después de la muerte de Bélibaste, el último cátaro) reverdezca el laurel”. Ello sucederá el año 2021.

Parágrafo 74 y 31, respectivamente. Este lenguaje en clave, velado, distingue a los adeptos de los legos, y permite que aquellos puedan reconocerse entre si: E 1 ‘escuder u dix que los uns secreís d ‘aniors revelen los alfres, e per açó han coneixença, los aniadors, los uns dels alfres” (parágrafo 154). Los secretos del amigo” y las hosts e gran conipanyes que són ajustades d ‘esperits d ‘arnors” son dos claras alusiones a una doctrina -cátara- en vigor entre los círculos de iniciados. Ciertas órdenes mendicantes - como los franciscanos- y el culto a la Virgen María habrían adoptado algunos de los dogmas de esta doctrina herética.

El secreto de los cátaros

Cuando, ahogado en sangre, el fenómeno cátaro llegó a su fin en Occitania, multitud de adeptos y perfectos se trasladaron a dos territorios alejados entre sí: por un lado, a la Corona de Aragón, y por otro, a las comunas itálicas. Allí se llevaron su maestría en las artes manufactureras (especialmente en la industria textil), y posiblemente también los últimos brotes de su fe.
Languedoc alude a la lengua de la oca (langue d’Oc); es decir, al país donde se habla el argot, el lenguaje secreto de los iniciados. Ello, por supuesto, no es más que una exageración: el occitano es lo que es; es decir, una lengua románica emparentada con el catalán. Pero hay más. La lengua de la oca acabó por influir al mundo occidental, no sólo a través del trobar clus de los trovadores, sino también de los «cuentos de la madre oca», narraciones en las que el esoterismo se mezcla con el decorado maravilloso, mágico y legendario del Paraíso Perdido. Esta tradicion hermética tuvo continuidad en el llamado juego de la oca8 y en las Aucas (o aleluyas) del entorno catalán (historias edificantes dibujadas en cerámica o en papel, precursoras del moderno cómic).
Así pues, si Occitania es el «país de las ocas», Catalonia es el «país de los gatos» (del latín cattus). Tan sencillo como eso. Los gatos dieron nombre no sólo a los catalanes, sino también a los cátaros. Según la tesis oficial, «cátaro» deriva de katharós (limpio, puro). Pero existe otra posibilidad: que «cátaro» haga referencia a los «adoradores de los gatos» . No olvidemos que estos animales han sido considerados seres divinos por diversas culturas. Según el Wordsworth Dictionary of Phrase and Fable, en el Antiguo Egipto era reo de muerte quien matara a un gato, aunque fuera por accidente. Ello es así porque representaba la forma animal de Bastet, la «diosa felina», personificación de la Diosa Madre, de la Luna, y de la consorte de Osiris, la inmortal isis.

Los cátaros conocían muy bien estas minucias etimológicas. El nombre del «último cátaro» reconocido por la Historia, Belibaste (muerto en la hoguera en 1321), se compone de dos partículas (Bel y Bastet) que significan, literalmente, «Señor» y «Diosa gato», o dicho en términos más claros, Sol y Luna, o bien Osiris e isis.

Los cátaros se tomaban muy en serio el simbolismo: en ello les iba la vida. Tanto es así que les debemos la costumbre, hoy tan habitual, de darnos la mano en el momento de presentarnos (o saludarnos). Fue suya la idea de usar el palíndromo de Roma (Amor) para denominar a su iglesia. Este sería uno de los nombres en clave de su trobar clus (lenguaje secreto). El Amor representa a la Dama, denominación de la Diosa-Gato, o Diosa Madre (isis, Bastet, María o Magdalena).

8 La naturaleza iniciática del juego de la oca es evidente si tenernos en cuenta que fue prohibido en España durante los siglos XVII y XVIII. El diccionario etirnológico de Joan Cororninas, en su referencia oca, cita la siguiente execración: «Joch nialvat, traydor de 1 ‘auca que tanís nefa anar en mala hora» (documento de Barcelona de 1633).
El ténmno griego xpcL, c, i -ara. as, e- significa literalrnente «oración, súplica».


Los cátaros no dejaban nada al azar; incluso sus nombres tienen un significado que les identifica entre sí. Por ejemplo, Gérard de Séde alude a la costumbre, dentro de la casa de Foix, de ponerse nombres «solares»: entre otros, Rai-mundo (Rey del Mundo, o bien Rayo del Mundo), Atón, Febo, o bien Esclar-Monda (Luz del Mundo). En Cataluña, esta costumbre dio origen a la leyenda de Soler de Vilardell, el héroe solar (de ahí Soler) de espada milagrosa que, como Hércules, el Arcángel Miguel o san Jorge, mató al Dragón de Sant Celoni.
Donde hay gatos -especialmente si son negros- hay brujas, y donde hay brujas hay o ha habido cátaros… Para mi descargo, diré que esta idea no es mía. Fue otra persona, mucho más docta que yo en materia de catarismo, la que lo sugirió. René Nelli no niega la posibilidad de que la brujería medieval haya podido derivar indirectamente de un dualismo mal interpretado o mal comprendido. De hecho, esta idea nos ha pasado por la cabeza, sobre todo cuando hemos comprobado una coincidencia en los lugares donde tenemos noticias de cátaros: aquí, además de haber templarios (sobre todo en la Cataluña Nueva), también tenemos noticias de brujas. Con eso no quiero decir que el catarismo «fabricara brujas», pero sí que habría podido influir de alguna manera, de forma inconsciente, en la aparición de éstas.
La leyenda es de todos conocida: cuando llega la noche, las brujas se convierten en gatos negros, y con sus ojos centelleantes «encantan» y «atrapan» a sus víctimas. Esto no es como para tomárselo a broma. Miles de hechiceras -o supuestas brujas-, que en su mayor parte eran personas inocentes que ejercían una noble labor como comadronas y curanderas, fueron quemadas como algo peor que «herejes»: como «servidoras del diablo», enemigas de los buenos cristianos (los mismos que aplicaban sobre ellas la violencia y la intolerancia).
Hay mucho que decir sobre la figura de la «bruja» como heredera de un antiguo saber; como residuo de una época -matriarcal- en la que la mujer tenía un rol social muchísimo más relevante. En todo caso, la brujería es, como el dualismo gnóstico, una reminiscencia del druidismo íbero que
posteriormente desembocó en el catarismo pirenaico y occitano.
El término bruja deriva de una raíz (BRSH), de origen oriental, que alude tanto a una droga (Datura Stramonium) como a una escoba (Mibrsha, en siriaco). Esta identidad no es casual, porque el estramonio, al igual que la «escoba mágica» de las brujas, permite elevarse en el subconsciente; o como dicen los jóvenes de hoy en día, «alucinar». El BRSH, o estramonio, era llamado «hierba del diablo», «hierba de los brujos», o «hierba de los magos», siendo empleado para hacer olvidar al consumidor el recuerdo de ciertos hechos, o para ofrecerle «ilusiones consoladoras» (como por ejemplo «volar»). De ahí la palabra inglesa brush (escoba) y la palabra catalana brossa (cepillo con cerdas fuertes, empleado para limpiar los caballos; o bien el conjunto de los desperdicios que se lleva la escoba).

Las brujas, tal como las conocemos hoy en día, son un producto medieval. En Cataluña-Aragón se las menciona por vez primera con este nombre (bruixot o bruixa) en un documento del siglo XIII, y posteriormente en las Ordinaciones y Paramentos de Barbastro. La primera noticia de la detención de una bruja tiene lugar en Castellbó (1313); es decir, en el epicentro del catarismo catalán. En definitiva, la brujería, como el culto al gato, es heredera del catarismo.

A la presencia de cátaros y templarios en las zonas de influencia brujeril hemos de añadir la existencia de cagoterías, es decir, de comunidades étnicas, supuestamente descendientes de los cátaros o de los masones operativos, que han recibido el nombre de cagots (en Francia) o de agotes (en España). Estos grupos humanos, como explico en mi obra El conocimiento secreto, serían transmisores de la Tradición Primordial a lo largo de los siglos, tras la supuesta extinción de los últimos círculos de «iniciados».

El movimiento sanjuanista (o cátaro) dio lugar -siglos después- a la Fraternidad Rosacruz, primero, y a la masonería, después. En cierto modo, el catarismo no murió, sino que se transformó y se intelectualizó. Existe un neocatarismo ideológico que ha sido asumido e interiorizado por las elites; no sólo seglares, sino también religiosas.

La Tradición asegura que la Fraternidad Rosacruz deriva del movimiento albigense, y que a través de los trovadores, y de los Fedeli d’Amore (círculo en el que participaba Dante Alighieri), el legado cátaro se perpetúa hasta cristalizar en la figura legendaria de Christian Rosenkreutz. Jean Riviére 10 nos aporta una curiosa información, según la cual un tal Fr. Wittermans, a partir de lo dicho por M. H. Roegsen von Floss, de La Haya, revela lo siguiente:
“Según una tradición que existe en la familia Von Roesgen Germelshausen, sus miembros se habrían contado entre los iniciados a los misterios germánicos; el asesinato en 1208 del legado pontificio, Pierre de Castelnau, proporcionó al papa Inocencio III el pretexto para confiar a los dominicos el cuidado de exterminar la Orden de los Albigenses. El castillo de Germelshausen fue sitiado, saqueado e incendiado. Toda la familia fue exterminada de la manera más bárbara. El más joven de la familia, Christian, se salvó y huyó, dirigiéndose siempre hacia el este. yudado por correligionarios, llegó finalmente a Turquía y Arabia, donde lo juzgaron digno de desvelarle los secretos de la Orden de los Rosacruces, que florecía desde hacía tiempo en esos países. De vuelta a Europa, Christian renunció a su nombre de familia y tomó el de Christian Rosenkreutz”.

Ésta es una de las leyendas que circulan en torno a dicha figura mítica. Verdadera o no, nos presenta a un personaje (Christian Rosenkreutz) que se inicia en el saber de Oriente, para retornar a Europa con la misión de «reformar el mundo» y de advertirnos del Milenio, el cual tendría como prólogo la revelación de los grandes secretos de la Tradición Primordial, y como resultado el retorno a una Edad de la Inocencia adámica (y saturnina). Las pretensiones de Christian Rosenkreutz serían rechazadas en España, un importante enclave de la Tradición. Sus Axiomata, que pretendían corregir los errores de la Iglesia y de la Filosofía Moral, fueron allí objeto de escarnio. Tras retornar a su patria (Alemania), optó por reservar dichos conocimientos a los «sabios y entendidos», y antes de morir, con la ayuda de tres fieles colaboradores, redactó un fabuloso Libro M (,de las Maravillas?), el cual -según parece- estuvo en manos del mismísimo Paracelso, uno de los maestros de la alquimia en el siglo XVI.

‘° Jean Riviere (Historia de las doctrinas esotéricas. Dédado, Buenos Aires, 1976, pág. 350) asegura que
las huellas de la existencia de la Fraternidad Rosacruz se remontan a 1250, aunque debemos esperar a
1600 para ver constituirse las Hermandades Rosacruces propiamente dichas.
Buena parte de las corrientes iniciáticas actuales (entre ellas, las caracterizadas por la filosofía NewAge), así como de las sociedades secretas o discretas de carácter esotérico (por ejemplo, ciertos Ritos masónicos), beben de la fuente del gnosticismo, de una u otra manera. Lo más preocupante del caso es que, como hemos tratado de dejar bien claro, este tipo de creencias se fundamentan en la “negación del mundo sensible”, así como en el repudio de los usos y las costumbres del pueblo llano, proclive al hedonismo y al materialismo.
Las elites, neognósticas y maniqueas, herederas del catarismo y del templarismo, a duras penas extirpados por la Iglesia oficial, son fieles a la doctrina del Paráclito (el Espíritu Santo), del Sóter (Salvador), y de la Parusía (Juicio Final). Su pensamiento, de carácter profético y apocalíptico, ávido de revelaciones y de mesianismos, es inquietantemente perturbador en los tiempos que corren. Protagonistas de una Nueva Era en la que ellos son los elegidos, como insistentemente proclaman en las superproducciones cinematográficas al estilo New Age, son los heraldos del Fin de los Tiempos, que tan inocentemente ant icipó Paco Rabanne, y más modernamente, el inefable Dan Brown (El Código Da Vinci).

jueves, 21 de octubre de 2010

Bernardo de Claraval. Doctrina.


 Bernardo y su doctrina
Sus fuentes fueron fundamentalmente las Sagradas Escrituras y también las fuentes de la tradición cristiana. Ambas fueron siempre sus grandes argumentos.
Bernardo creía en la revelación verbal del texto bíblico. Esta creencia, considerada hoy errónea por la teología católica, la heredó de Orígenes, su maestro en Exégesis. Así, en cada palabra de la Biblia buscaba interpretaciones y sentidos desconocidos y ocultos. Cuando no comprendía unas frases o un sentido del texto, se humillaba y pedía a Dios que le iluminara, pues entendía que si Dios había puesto esa palabra o esa frase y no otra, lo hacía por una razón concreta. Esta fe en la revelación verbal le originó importantes periodos místicos que quedaron recogidos en sus escritos. Su búsqueda de la interpretación del texto sagrado, sin limitarse al sentido pretendido por el escritor sagrado para obtener de él la justificación de sus experiencias personales, profundiza en la reflexión y en la contemplación de la misma forma que la Iglesia primitiva y siguiendo la tradición mística de los padres griegos de la Escuela de Alejandría.

Resulta esclarecedor lo que pensaban de él los dos principales artífices de la Reforma Protestante. Martín Lutero dijo que “Bernardo supera a todos los demás Doctores de la Iglesia”, y Juan Calvino lo alabó: “El abad Bernardo habla el lenguaje de la misma verdad”.

Los libros de la Biblia que más citó y por lo tanto con los que más se identificaba son: el libro de los Salmos: 1519 veces; las Cartas de Pablo: 1388 veces; el Evangelio de Mateo: 614 veces; el Evangelio de Juan: 469 veces; el Evangelio según san Lucas: 465 veces; el Libro de Isaías: 358 veces y el Cantar de los Cantares: 241 veces.

La segunda fuente para él era la Tradición. En su tiempo había dos escuelas teológicas contrarias: la escuela antigua o tradicional, de la que él era el principal exponente, y la escuela moderna, patrocinada por Abelardo y basada en especulaciones y en la crítica filosófica de las ideas. Bernardo consideraba estéril la filosofía, pues argumentaba que en nada sirve al hombre para alcanzar su fin último. Despreciaba a Platón y Aristóteles.

En cierta ocasión dijo: “Mis maestros son los apóstoles; ellos no me han enseñado a leer a Platón ni a ejercitarme en las disquisiciones de Aristóteles”. Sin embargo Bernardo tenía una concepción neoplatónica del alma humana, que consideraba estaba creada a imagen y semejanza de Dios y destinada a una unión perfecta con Él. Los Padres de la Iglesia que más seguía eran los que entonces se consideraban los maestros más autorizados de la Iglesia: se declaró fiel discípulo de San Ambrosio y de San Agustín de Hipona, los llamó las dos columnas de la Iglesia y escribió que difícilmente se apartaría de su parecer (Tratado sobre el bautismo).

Cuatro de sus obras tienen similitudes con otras de la literatura patrística:

·       Los sermones sobre el Cantar de los cantares. En el Concilio de Sens, Berenguer de Escocia le recriminó  haber copiado descaradamente a Orígenes, Ambrosio, Rexio de Autun y Beda el Venerable.
·       Los 17 sermones sobre el salmo 90 están copiados de la doctrina de San Agustín.
·       Las 4 homilías de alabanzas de la Virgen María tienen plagios de Ambrosio y de San Agustín
·       Su escrito Sobre la gracia y el libre albedrío es un resumen de la doctrina de San Agustín.

Misticismo: Bernardo de Claraval fue el primero que formuló los principios básicos de la mística, contribuyendo a configurarla como cuerpo espiritual de la Iglesia católica.
Su devoción a la humanidad de Jesús se trató de una innovación basada en el Cristo de los Padres y de San Pablo. Su forma de relacionarse con Cristo llevó a nuevas formas de espiritualidad basadas en la imitación de Cristo.

Su teología mística tuvo como fin principal mostrar el camino de la unión espiritual con Dios. Su doctrina de búsqueda de unión a Dios se inspiró en el estudio de las escrituras y de los Padres de la Iglesia, así como en su propia experiencia religiosa. El esquema de la mística bernardiana propone ascender desde lo más profundo del pecado original hasta lo más elevado del amor, la unión mística con Dios. En este ascenso enumeró cuatro grados de amor, descritos en su tratado Del amor de Dios:
 
En primer lugar, pues, se ama el hombre a sí por sí mismo, pues es carne, y no puede gustar nada fuera de sí. Mas cuando ve que no puede subsistir por sí, comienza a buscar a Dios por la fe y a amarle, como que le es tan necesario. Ama, pues, en el segundo grado a Dios, pero por sí, no por Él mismo. 

Ya después que comenzó, con ocasión de la propia necesidad, a reverenciarle y frecuentarle, meditando, orando, obedeciéndole, poco a poco en virtud de este género de familiaridad, se da a conocer Dios y consiguientemente se hace también más dulce, y así pasa al grado tercero, para amar a Dios no ya por sí, sino por Él mismo En este grado se está mucho tiempo y desde entonces, juntándose a Él, será con Él un espíritu. Cuando se entra en estas grandezas espirituales y divinas habría de ser despejado de todas las enfermedades de la carne.
                                                                                                                              Del amor de Dios.

Devoción mariana: En el occidente cristiano y a partir de finales del siglo XI, se desarrolló masivamente el culto popular a la Virgen María. Bernardo tuvo un papel importante en la propagación de ese culto mariano. Su teología sobre María fue rápidamente aceptada por los fieles y sus sermones se difundieron por toda la cristiandad.

La figura de María no se entendía como hoy. Así el abad mostró sus dudas sobre la Inmaculada Concepción: Con toda certeza, sólo la gracia hizo limpia a María del contagio original. La fiesta de la Inmaculada Concepción es una fiesta que desconocen los ritos de la Iglesia, ni recomienda la tradición antigua.
Inclusivo no se puede afirmar que patrocinara la Asunción de María, lo cual coincidía con la corriente antiasuncionista que por aquel entonces predominaba. La influencia del pensamiento de Bernardo de Claraval sobre misticismo y devoción mariana en las órdenes religiosas europeas fue muy importante.

Los escritos de Bernardo
Sus escritos no son numerosos, ocupan solo los tomos 182 y 183 de la Patrología latina de Migne(compilación de los escritos de los Padres de la Iglesia y de otros escritores eclesiásticos publicados entre 1844 y 1865). Esta cifra es pequeña comparada con otros Padres de la Iglesia. Sus numerosas actividades no le permitieron un trabajo extenso. Por lo general, son obras de ocasión, rápidas, solicitadas por terceros. Muestran al hombre de acción, al renovador del Císter, a un reformador de la sociedad laica y religiosa y defensor del papado. También reflejan la seguridad de la personalidad religiosa más influyente del siglo XII, como San Agustín en el siglo V o Santo Tomás en el siglo XIII. Dejó una producción de unas 500 cartas, del orden de 350 sermones y varios tratados doctrinales.

Sus escritos más conocidos son los sermones (el sermón en los monasterios de la Edad Media tenía mucha influencia en la formación religiosa e intelectual del monje). Después los tratados, breves pero de enorme valor espiritual para la Iglesia católica, desarrollando una doctrina precisa y coherente. Empleó un elegante latín y fue de los escritores más notables de su época, junto a Abelardo y Gilberto de la Porée.

Los últimos años del Abad Bernardo de Claraval
Los últimos años de la vida de Bernardo se vieron entristecidos por el fracaso de la Cruzada que había predicado, cuya completa responsabilidad recayó sobre él. Bernardo había acreditado la empresa con milagros, pero según él mismo dijo, la empresa había fracasado debido a la falta de disciplina y presunción de las tropas alemanas, las intrigas del príncipe de Antioquía y de la reina Leonor, la avaricia y evidente traición de los nobles cristianos de Siria al impedir la toma de Damasco y, finalmente, los infortunios y las desgracias ocasionadas por los pecados de los cruzados y de los hebreos (Libro de Meditación, dirigido al Papa Eugenio III).

La muerte de sus contemporáneos sirvió de aviso a Bernardo de su próximo fin. El primero en morir fue Suger en1152, sobre quien el Abad escribió a Eugenio III: Si hay algún vaso precioso adornando el palacio del Rey de Reyes, es el alma del venerable Suger. Thibaud, Conde de Champagne; Conrado, emperador de Alemania, y su hijo Enrique, murieron ese mismo año. Desde el comienzo del año 1153, Bernardo sintió aproximarse su muerte. El fallecimiento del Papa Eugenio le dio el golpe fatal al apartarle del que consideraba su mejor amigo y consolador.

Fruto aún de las severas restricciones monásticas que él mismo se había autoimpuesto al principio de su vida monacal, en 1153 Bernardo sufrió una grave enfermedad estomacal y digestiva y por ello no podía retener la comida y las piernas se le hinchaban. Ello le ocasionó una gran debilidad y, finalmente falleció el 20 de agosto del 1153 a la edad de 63 años, de los cuales 40 habían transcurrido dentro de la vida monacal.