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viernes, 21 de septiembre de 2012

Romper espaguetis crudos en dos trozos.

 Eh aquí un desafío que planteo para un fin de semana.. Instrucciones:

Se sujeta un spaghetti crudo por sus extremos y se somete a un ensayo de flexión ( se dobla tal y como se muestra en la imagen)……hasta que rompe y varios trocitos salen disparados por los aires.

Reto: Conseguir romper el espagueti en solamente dos trozos.

Parece fácil, pero no lo es. Probarlo pero sistematicamente el spaghetti se rompe en 3 o más trozos.
Si rompés alguno en sólo dos trozos, reto superado!

¿Por qué sucede esto? La respuesta es sencilla: ¡FÍSICA! Tras la primera ruptura en dos partes, se generan ondas de flexión no lineales en la mitad del spaghetti que se reflejan en el extremo libre (la rotura) y el extremo empotrado (la mano que lo sujeta). La onda de flexión y sus reflexiones se solapan e interfieren hasta que se crea un punto de excesiva flexión por el que la mitad del spaghetti rompe on otros trozos. El proceso se puede repetir en la otra mitad del spaghetti original. Debido a esta sucesión de roturas, ya tienes 3 o más trozos de spaghetti.

Es un problema muy bonito, ya que se mezcla transmisión de ondas no lineales, ecuaciones de Kirchhoff y resistencia de materiales no estacionaria no lineal. El problema ha sido estudiado y publicado en un artículo científico. B. Audoly & S. Neukirch analizan toda la física y matemática detrás de este fenómeno que ha dejado perplejo a millones de cocineros noveles. Lo estudian teóricamente, luego con simulaciones por ordenador, y finalmente con experimentos prácticos que graban con video de alta velocidad que comparan con sus modelos. “Los físicos franceses Basile Audoly y Sebastien Neukirch, del Laboratoire de Modélisation en Mecánique de la Université Pierre et Marie Curie, París, lograron en 2005 dar con la respuesta.

Al doblar el espagueti llega un momento en que éste supera su límite de curvatura y se rompe en dos partes. Los extremos recién creados de ambos fragmentos liberan entonces toda la tensión acumulada y comienzan a vibrar.

En cada uno de los fragmentos se originan unas ondas de flexión no lineales, tanto mayores cuanto mayor es el fragmento resultante, que viajan a lo largo del “medio-espagueti” hasta alcanzar el extremo sujetado, donde se reflejan.

Cuando las ondas de ida y las de vuelta se encuentran, se solapan. En algunas zonas se anulan entre sí, pero en otras suman sus efectos hasta el extremo de que en determinados puntos el fideo supera de nuevo su límite curvatura, originándose así un nuevo sitio de ruptura, en el que a su vez se reproduce el mismo comportamiento, aunque menos intenso debido a que los fragmentos son cada vez más pequeños y por tanto vibran menos.

En resumen, la ruptura inicial desencadena una cascada de rupturas por las ondas elásticas que sacuden cada pieza.”

eh aquí la pagina donde está `publicado el estudio con videos incluidos
http://www.lmm.jussieu.fr/spaghetti/movies-1-pb.html

sábado, 4 de agosto de 2012

Líbano, el cedro. Cedrus libani.

La significación cultural que el Cedrus libani ha tenido desde tiempos antiguos ayuda a explicar por qué el Gobierno del Líbano en los últimos años ha considerado prioritaria la defensa de la salud de los bosques de cedros.

Las referencias a los cedros del Líbano se remontan a los comienzos de la escritura (Meiggs, 1982). La epopeya de Gilgamesh, que narra una visita de Gilgamesh y Enkidu a la montaña del Líbano para cortar árboles, puede remontarse al tercer mileno a.C.: «Contemplaron la montaña de cedros, morada de Dios,Trono de Irnini.Desde la faz de la montaña Los cedros elevan a lo alto su frondosidad.Buena es su sombra, llena de delicia.» Epopeya de Gilgamesh

Se han recuperado fragmentos de este texto épico en sumerio, acadio, hitita, hurriano y otras lenguas, lo que revela que estos cedros captaban la imaginación de los pueblos a más de 500 km de distancia. La misma admiración ante la magnificencia de los cedros deja traslucir el Antiguo Testamento:

«He aquí que Asur era un cedro del Líbano,de hermosas ramas, frondoso ramaje y gran altura,Su copa llegaba hasta las nubes.Las aguas lo hicieron crecer, lo encumbró el abismo,Sus ríos corrían alrededor de su pie,Y a todos los árboles del campo enviaba sus corrientes.Por tanto, se encumbró su altura sobre todos los demás árboles,Y se multiplicaron sus ramas, y se extendió el ramaje;a causa de las muchas aguas.En sus ramas hacían nido todas las aves del cielo,Debajo de su ramaje parían todas las bestias del campo,Y a su sombra habitaban muchas naciones.Se hizo, pues, hermoso en su grandeza con la extensión de sus ramas,Porque su raíz estaba junto a aguas abundantes.»
Ezequiel

Pero los escritores del Antiguo Testamento sabían que el bosque de cedros era admirado no solo por su belleza; proporcionaba la madera más preciada del Cercano Oriente. Los reyes de Egipto, Mesopotamia, Fenicia, Asiria, Babilonia, Persia y Grecia, hasta que la región fue sometida por Roma, se sentían orgullosos de suministrar, para la construcción de templos y palacios, madera de cedro obtenida mediante transacciones comerciales o expediciones militares. En el siglo X a.C., los fenicios construyeron para Salomón un gran palacio con madera de cedro. También se utilizó madera de cedro para construir el Templo de Eolo en Grecia. Los antiguos egipcios no solo utilizaron ampliamente la madera de cedro, sino que usaron también un conservante de resina de cedro, llamado «vida de los muertos», en su proceso de embalsamamiento. Se dice que Jesucristo fue crucificado en una cruz de madera de cedro. En el año 118 de nuestra era el emperador Adriano estableció reglas para proteger los cedros del Líbano e impedir la deforestación.

A lo largo de esta larga historia, se anudó un fuerte vínculo cultural entre este árbol y el pueblo que vivía en y cerca de los bosques de cedros. Por su majestad y su larga vida, el cedro vino a ser un símbolo de la eternidad. Los cuentos y leyendas referentes al cedro son numerosos en el Líbano y constituyen uno de los vínculos culturales compartidos por muchos grupos étnicos, lingüísticos y religiosos que viven allí. Cuando el país alcanzó su independencia, adoptó el cedro como emblema nacional y lo lleva en su bandera.

A mediados del siglo XIX, no obstante, los bosques estaban esquilmados y hubo gran preocupación por la pérdida de esta importante especie. Desde entonces, los gobiernos sucesivos, las comunidades locales y la comunidad internacional se han esforzado por proteger y restaurar los bosques de cedros del Líbano.

El significado cultural del Cedrus libani ayuda a explicar por qué el Gobierno del Líbano recientemente, consideró prioritario, defender los árboles contra una plaga grave anteriormente desconocida, Cephalcia tannourinensis. Esta avispa de la madera amenazaba destruir la mayor parte de los bosques de cedros del Líbano y extenderse a los países vecinos. La situación era particularmente crítica en el bosque de Tannourine-Hadath El-Jebbeh, al norte del Líbano, uno de los mayores bosques que quedaban en el país, con 50 000 árboles en más de 600 hectáreas. Hasta el 80 por ciento de los cedros de este bosque estaban infestados. El insecto se había extendido también al «Bosque de los Cedros de los Dioses»en Bcharreh, incluido en la Lista del Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). También los bosques de las vecinas República Árabe Siria y Turquía estaban amenazados.

Para combatir la amenaza, se formó un equipo compuesto de científicos de la Universidad Americana de Beirut, el Ministerio libanés de Agricultura y expertos franceses. La FAO aportó fondos y medios especializados mediante su Programa de cooperación técnica. Tras casi cinco años de esfuerzos, la plaga está ahora reducida a un nivel económico, pero es todavía necesaria una vigilancia constante de la situación.
Los métodos de control inmediato consistieron en la aplicación aérea de plaguicidas biológicos (no químicos) –reguladores del crecimiento de los insectos–, junto con estudios del ciclo vital de la plaga para determinar el tiempo correcto de tratamiento. Como una parte del ciclo vital es subterránea, la fumigación es más efectiva en las fases primera y última del ciclo, cuando el insecto vive sobre el terreno.

Aún continúan los trabajos para identificar mejores instrumentos para prevenir nuevos brotes y luchar contra futuras plagas, si se presentaran. Las trampas para cazar avispas, los estudios sobre el potencial de las ferormonas para regular la población y las medidas de control biológico son parte de una estrategia de lucha contra la plaga a medio y largo plazo, actualmente en aplicación.

*Bibliografía
Meiggs, R. 1982. Trees and timber in the ancient Mediterranean world. Oxford, Reino Unido, Clarendon Press.

(*)Fuente: A. Daoud
Ali Daoud es Director de Bosques, Ministerio de Agricultura y Reforma Agraria, Damasco, República Árabe Siria.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Los números en la Biblia. Una segunda aproximación.

Para nosotros los números tienen un significado muy distinto a los números que leemos en la Biblia.
En la Biblia los números tienen tres significados distintos: cantidad, simbolismo y mensaje.

Primer sentido: LA CANTIDAD

Es un significado parecido al nuestro. Por ejemplo veamos: 1Rey 18, 1 2Rey 22,1 1 Rey 4, 7 Jn 11,18 .Estos números no son simbólicos ni encierran ningún mensaje oculto. Simple y llanamente se refieren a la cantidad de años, personas o distancia mencionadas en el texto.

En este significado no hay lugar para la confusión: lo que el número dice es lo que quería decir el autor.

Segundo sentido: EL SIMBOLISMO

Un número simbólico es aquel que no indica una cantidad, sino que expresa una idea, un mensaje distinto de él, que lo supera y lo desborda.

No siempre es posible saber por qué tal número significa "tal" cosa. La asociación entre ambas realidades a veces es desconocida. Para nosotros los occidentales esto es difícil de entender, pero los semitas los usaban con toda naturalidad para transmitir ideas, mensajes o claves.

La Biblia no explica nunca qué simboliza cada número, pero los estudiosos han llegado a averiguar algunos de sus simbolismos y han podido aclarar muchos episodios bíblicos.

El número 1 simboliza a Dios, que es único. Por ello indica exclusividad, primado, excelencia: Mt 19,17 Mt 19,17 Mt 19,6 Jn 10,30 Gál 3,28 Ef 4,5 En todos estos casos, el uno simboliza el ámbito divino.

El número 2 representa al hombre, pues en él hay siempre dualidad, división interior por culpa del pecado. Mt 20,30 Mt 26,60

El número 3 representa "totalidad", quizá porque 3 son las dimensiones del tiempo: pasado, presente y futuro. Decir 3 equivale a decir "la totalidad" o "siempre". Gn 6,10 Mt 26,34 Is 6,3

El número 4 en la Biblia simboliza el cosmos, el mundo, ya que son 4 los puntos cardinales. Cuando se dice que en el Paraíso había 4 ríos (Gn 4,10) significa que todo el cosmos era un Paraíso antes del pecado de Adán y Eva. O sea, no se trata de un sitio determinado, aunque algunos continúen buscando dónde estaba. Ez 37,9 Apoc 4,6

El número 5 significa "algunos", "unos cuantos", una cantidad indefinida. Así, se dice que en la multiplicación de los panes Jesús tomó 5 panes (=algunos panes). Que en el mercado se venden 5 pajarillos por dos monedas (=algunos pajaritos)... 1 Cor 14,19

El número 7 tiene el simbolismo más conocido de todos. Representa la perfección. Por eso Jesús dirá a Pedro que debe perdonar a su hermano hasta 70 veces 7. También puede expresar la perfección del mal, o el sumo mal, como cuando Jesús enseña que si un espíritu inmundo sale de un hombre puede regresar con otros 7 espíritus peores, o cuando el evangelio cuenta que el Señor expulsó 7 demonios de la Magdalena.
El Apocalipsis es el que más lo emplea: 54 veces para describir simbólicamente las realidades divinas: las 7 Iglesia del Asia, los 7 espíritus del trono de Dios, las 7 trompetas, los 7 candeleros, los 7 cuernos, etc.

La tradición cristiana continuó este simbolismo del 7, y por eso fijó en 7 los sacramentos, los dones del Espíritu Santo, las virtudes.

El número 10 tiene un valor que sirve para recordar. Al ser 10 los dedos de las manos, resulta fácil recordar esta cifra. Por eso figuran como 10 los mandamientos que Yahvé dio a Moisés (podrían haber sido más), y 10 las plagas que azotaron a Egipto. También por esta razón se ponen sólo 10 antepasados entre Adán y Noé, y 10 entre Noé y Abraham, aun cuando sabemos que existieron muchos más.

El número 12 es también simbólico. Significa "elección". Por eso se hablará de las 12 tribus de Israel, cuando en realidad el Antiguo Testamento menciona más de 12; pero con esto se quiere decir que eran tribus "elegidas". Igualmente se agruparán en 12 a los profetas menores del Antiguo Testamento. También el Evangelio mencionará 12 apóstoles de Jesús, que resultan ser más de 12 si comparamos sus nombres; pero se los llama "Los Doce" porque son los elegidos del Señor. Asimismo Jesús asegura tener 12 legiones de ángeles a su disposición (Mt 26,53). El Apocalipsis hablará de 12 estrellas que coronan a la Mujer, 12 puertas de Jerusalén, 12 ángeles, 12 frutos del árbol de la vida.

El número 40 tiene también valor simbólico. Representa el "cambio", de un período a otro, los años de una generación. Por eso el diluvio dura 40 días y 40 noches (pues es el cambio hacia una nueva humanidad). Los israelitas están 40 años en el desierto (hasta que cambia la generación infiel por otra nueva). Moisés permanece 40 días en el monte Sinaí, y Elías peregrina otros 40 días hasta allí (a partir de lo cual sus vidas cambiarán). Jesús ayunará 40 días (porque es el cambio de su vida privada a su vida pública).

El número 1.000 significa multitud, gran cantidad: Dan 5,1 Salm 90 1 Rey 3,4 1 Rey 11,3. A veces este número puede entrar en combinación con otros. Así, en el Apocalipsis dice simbólicamente que al final del mundo se salvarán 144.000 elegidos, porque es la combinación de 12x12x1.000, y significan los elegidos del Antiguo Testamento (12), y los elegidos del Nuevo Testamento (12), en una gran cantidad (x1.000).

Quedan otros números simbólicos como el 70. San Lucas dice que Jesús eligió a 70 discípulos para enviarlos a todos los lugares y sitios por donde él tenía que pasar (Lc 10,1). No está dando una cifra real, sino simbólica, ya que según Gén 10, el total de los pueblos y naciones que existían en el mundo era 70. Cuando Lucas dice esto, lo que quiso decir es que los mandó para que el evangelio llegara a todas las naciones del mundo.

También vemos otra cifra en Jn 21,11 ¿Por qué tanto interés en dejar registrado el número de 153 peces? Es que en la antigüedad se creía, entre los pescadores, que 153 era el número de peces que existía en los mares. El mensaje es claro: Jesús vino a salvar a gente de todas las naciones, razas y pueblos del mundo.

No todos los números en la Biblia son simbólicos, ante cada cifra tenemos que preguntarnos ¿esta cifra indica cantidad o encierra un mensaje?

Tercer sentido: EL MENSAJE (sentido gemátrico).

En las lenguas hebrea y griega las letras tienen un valor numérico. Así el 1 sería la A, el 2 la B, etc.

El número obtenido con la combinación de letras se llama gemátrico. En cada cifra podía haber escondida una palabra. La Biblia trae varios ejemplos de estos números gemátricos.

Por ejemplo: Cuando salieron los israelitas de Egipto dicen que salieron 603.550 hombres, sin contar mujeres y niños, pero si sustituimos las letras de la frase "todos los hijos de Israel" (en hebreo: rs kl bny ysr´l) por sus correspondientes valores numéricos da precisamente 603.550, con lo cual lo que están diciendo es que salieron "todos los hijos de Israel".

Mt 1,17 divide a los antepasados de Jesús en tres series de 14 generaciones cada una. Pero esto es imposible. Mateo sólo pone tres nombres para cubrir los 430 años de esclavitud en Egipto. Lo que ocurrió fue que cogieron el nombre de David (D=4+V=6+D=4=14)

Y como se esperaba que el Mesías fuera descendiente de David, el evangelista quiso decir que Jesús es el "triple David", el Mesías total, verdadero descendiente de David.

Los números en la Biblia Una primera aproximación.


En la Biblia, se usan repetidamente determinados números con un significado simbólico que, en todo proceso de lectura, debe tenerse en cuenta:
 
….. Uno….
Se utiliza para trasmitir el concepto de la unidad y unicidad de Dios, un Dios único, Uno Cristo y el Padre. Expresa, también, la unidad a la que tenemos que tender los cristianos. Jesús reza: “que sean uno”.

El concepto de unión se encuentra igualmente en el dicho de Jesús referente al matrimonio, “no son ya más dos, sino una sola carne”.

El apóstol Pablo describe un círculo completo, que consta de siete unidades distintas: un cuerpo, un espíritu, una esperanza, un Señor, una fe, un bautismo, un Dios. Por lo tanto, el número uno es un número primario. Todos los otros números dependen del UNO. Precede y produce todos los otros números.
El número UNO es el número de Dios

….Dos….
Puede ser un número tanto de unidad como de división. El hombre y la mujer forman la unidad básica de la familia. Los animales se asocian por pares y entran al arca de dos en y los discípulos fueron enviados de dos en dos. Además, en el Sinaí hubo dos tablas de piedra, y a menudo se ofrecían los animales para el sacrificio en pares.
Por contraste, el dos se usa con fuerza de separación en la dualidad que existe en al alma del hombre. Dos caminos posibles: con Dios o sin Dios.

….Tres….
Cristo resucitó al tercer día. Tres veces lo niega Pedro y tres veces Jesús resucitado le pregunta si lo ama para reparar. Y en cada una de esas tres veces le encarga poner en marcha su Iglesia.
Tres son las virtudes destacadas por Pablo : Fe, Esperanza y Caridad.
Tres las palabras que utiliza Jesús para autodefinirse: Camino, Verdad y Vida.

….Cuatro….
El número de los lados de un cuadrado, es uno de los símbolos de lo completo en la Biblia. Expresa simbólicamente todo lo que el hombre tiene a su disposición: la tierra completa. El nombre divino Yahvéh tiene cuatro letras en hebreo (YHWH). Cuatro eran los ríos que salían del jardín de Edén, y cuatro ángulos tiene la tierra de donde soplan los cuatro vientos.
Además, existen cuatro evangelios, y en la época en que el evangelio se extendió a los gentiles, Pedro vio en visión un lienzo bajado por sus cuatro puntas.

….Cinco, diez, y sus múltiplos….
Aparecen frecuentemente debido a que en Palestina se empleaba el sistema decimal. El número cinco indica la gracia de Dios. En el AT se mencionan diez patriarcas antes del diluvio. Los egipcios sufrieron diez plagas, y hubo Diez mandamientos. Un décimo formaba el diezmo. En la parábola de Lc. 15.8 la mujer poseía diez dracmas, y en la parábola de las minas se hace mención de diez minas, diez sirvientes, y diez ciudades. De las diez vírgenes, en la parábola de la boda de su Señor, cinco eran prudentes y cinco insensatas . El hombre rico tenía cinco hermanos; la mujer junto al pozo había tenido cinco maridos , y en la alimentación de los cinco mil el muchacho tenía cinco panes. Existen diez poderes que no pueden separar al creyente del amor de Dios, y diez pecados que excluyen del reino de Dios.

….Seis….
En el relato de la creación Dios creó al hombre y a la mujer en el sexto día. Seis días se le asignaron al hombre para trabajar. El siervo hebreo tenía que servir durante seis años antes de ser liberado.
El número seis, en consecuencia, se halla íntimamente asociado con el hombre.
Falta, imperfección (una unidad menos que el número perfecto de siete).
Los judíos en Caná tenían seis tinajas de agua para la purificación, pero expresaban lo insuficiente de las ordenanzas para suplir necesidades del hombre.

….Siete….
Siete demonios efectuaron la completa posesión de María Magdalena (Lc. 8.2); el dragón de Ap. 12.3 y la bestia de Ap. 13.1; 17.7 tienen siete cabezas.
Otras referencias dignas de mención son: la madre de siete hijos (Jer. 15.9; 2 Mac. 7.1ss); siete mujeres para un hombre (Is. 4.1); una nuera amante es preferible a siete hijos varones (Rt. 4.15). Los saduceos propusieron un caso de matrimonio por levirato con siete hermanos (Mt. 22.25). Los sacerdotes dieron siete vueltas a Jericó (Jos. 6.4). El sirviente de Elías miró al mar siete veces en busca de lluvia (1 R. 18.43). El salmista alababa a Dios siete veces al día (Sal. 119.164), y Gn. 29.18; 41.29, 54 y Dn. 4.23 mencionan siete años (tiempos). La iglesia primitiva tenía siete diáconos (Hch. 6.3), y Juan se dirige a siete iglesias en el libro de Apocalipsis, en donde se mencionan siete candeleros de oro (1.12) y siete estrellas (1.16). En la alimentación milagrosa de los 4.000 con siete panes y unos pocos panecillos (Mr. 8.1–9), las siete canastas que se recolectaron posteriormente pueden indicar que Jesús es capaz de satisfacer completamente.

….Ocho….
La Biblia cuenta que ocho personas se salvaron en el arca de Noé. La circuncisión del varón judío se llevaba a cabo al octavo día. En la visión que tuvo Ezequiel del templo nuevo los sacerdotes sacrificaban en el octavo día. El número 8 indica un nuevo comienzo, la capacidad humana de rever y corregir su camino.

….Doce….
El año hebreo estaba dividido en doce meses, el día en doce horas .Israel tuvo doce hijos y las tribus de Israel, el pueblo de Dios, eran doce. Cristo eligió doce apóstoles. El doce, por lo tanto, está ligado a los propósitos electivos de Dios, a la Iglesia a quienes seguimos las enseñanzas de los Doce que provienen de un Pueblo Elegido, generado por doce tribus.

….Cuarenta….
Tiene que ver con casi todas las manifestaciones nuevas en la historia de los portentosos actos de Dios, especialmente los de salvación, por ejemplo el diluvio, la redención de Egipto, Elías y la era profética, el advenimiento de Cristo y el nacimiento de la iglesia. Podemos mencionar los siguientes períodos de cuarenta días: las cataratas de agua durante el diluvio; los ayunos de Moisés en el monte; la oración de Moisés por Israel, el tiempo que pasó Cristo en el desierto antes de su tentación y sus apariciones después de la resurrección .Con respecto al período de cuarenta años, la cifra general para una generación, podemos mencionar lo siguiente: las divisiones principales de la vida de Moisés; la peregrinación del pueblo de Israel en el desierto; el modelo de servidumbre y liberación que se repite en la era de los jueces; los reinados de Saúl, David, y Salomón; la desolación de Egipto. La Iglesia toma el 40, como un tiempo de preparación, de camino, de purificación; de allí, la cuaresma anterior al Triduo Pascual.

….Setenta….
Se relaciona a menudo con la administración del mundo por parte de Dios. Después del diluvio el mundo fue repoblado por medio de setenta descendientes de Noé; setenta personas bajaron a Egipto ; se nombraron setenta ancianos para ayudar a Moisés a administrar a Israel en el desierto; el pueblo de Judá pasó setenta años de exilio en Babilonia; setenta semanas, “sietes”, fueron decretadas por Dios como el período en el que debía cumplirse la redención mesiánica; Jesús envió a los Setenta y dijo que se debía perdonar “hasta setenta veces siete”.

….666….
Es el número de la bestia en el Apocalipsis. Se han propuesto muchas interpretaciones de este número, y por gema tría, recurso en el cual se da a los números el valor de las letras correspondientes, el número 666 se ha identificado con los valores numéricos de los nombres de una variedad de personajes célebres, desde Calígula hasta Nerón, y otros posteriormente, y con conceptos tales como el monstruo del caos.

Ap. 7.4; 14.1 registra el número 144.000, “que fueron sellados”. Es el número doce, el número de elección, elevado al cuadrado y multiplicado por mil, número indefinidamente grande, y que simboliza el número total de santos de ambos pactos que son preservados por Dios. La multitud de fieles que esperamos la venida del Señor.

Fuentes: ARIEL ÁLVAREZ VALDÉS ¿Qué sabemos de la Biblia? Ed. San Pablo

viernes, 27 de mayo de 2011

Diez Plegarias. Louis-Claude de Saint-Martín.


Plegaria 1
Fuente eterna de todo lo que es, tú que envías a los prevaricadores el espíritu de error y tinieblas que los separan de tu amor. Envía a aquel que te busca un espíritu de verdad que lo acerque a ti para siempre. Que el fuego de ese espíritu consuma en mí hasta los menores restos del hombre viejo, y que después de haberlos consumido, haga renacer de este montón de cenizas, un nuevo hombre seguro de que tu mano sagrada ya no desdeñará más verter la unción santa. Que sea al termino de los largos trabajos de la penitencia, y que tu vida universalmente una transforme todo mi ser en la unidad de tu imagen, mi corazón en la unidad de tu amor, mi acción en una unidad de obras de justicia, y mi pensamiento en una unidad de luz. 
Tu sólo impones al hombre grandes sacrificios para que busque en ti todas sus riquezas y todos sus gozos, y sólo lo fuerzas a buscar en ti todos estos tesoros porque sabes que son los únicos que pueden hacerle feliz, y que tú eres el único que los posee, los engendra y los crea. Sí, Dios de mi vida, es sólo en ti que puedo encontrar la existencia y el sentimiento de mi ser. Tú también has dicho que es en el corazón del hombre donde únicamente podrás encontrar reposo; no interrumpas ni un instante tu acción sobre mí, para que yo pueda vivir, y al mismo tiempo para que tu nombre pueda ser conocido por las naciones; tus profetas nos han enseñado que los muertos no pueden loarte; no permitas pues que la muerte se me aproxime, ya que ardo por hacer tu alabanza inmortal, ardo en deseos que el sol eterno de la verdad no pueda reprochar al corazón del hombre el haber aportado la menor sombra y causado la más mínima interrupción en la plenitud de tu esplendor. 
Dios de mi vida, ¡oh tú! que con sólo pronunciarlo todo se opera, devuelve a mi ser lo que tu le habías dado en su origen, y yo manifestaré tu nombre a las naciones, y ellas volverán a aprender que únicamente tú eres su Dios y la vida esencial, como el móvil y el movimiento de todos los seres. Siembra tus deseos en el alma del hombre, en este campo que es tu dominio y donde nadie puede contestarte, puesto que eres tú quien le ha dado su ser y su existencia. Siembra tus deseos, a fin que las fuerzas de tu amor la arranquen por entero de los abismos que la retienen y que quisieran engullirla para siempre jamás. Anula por mí la región de las imágenes; disipa estas barreras fantásticas que abren un inmenso intervalo y una espesa oscuridad entre tu viva luz y yo, y que me ensombrecen con sus tinieblas. 
Acércame al carácter sagrado y al sello divino del que eres depositario, y trasmíteme hasta el fondo de mi alma el fuego que en ti arde, para que contigo arda, y que mi alma sienta lo que significa tu inefable vida y las inagotables delicias de tu eterna existencia. Demasiado débil para poder soportar el peso de tu nombre, dejo a tus cuidados levantar por entero el edificio, y que pongas tu mismo los primeros fundamentos en el centro de ésta alma que tu me has dado para ser como el candelabro que lleva la luz a las naciones, para que éstas no permanezcan en las tinieblas. ¡Que todas las gracias te sean dadas, Dios de la paz y del amor!. ¡Que te sean dadas por lo mucho que te acuerdas de mí, y por que no quieres dejar mi alma languidecer en la necesidad!. Y puede que tus enemigos hayan dicho que eres un padre que olvida a sus hijos, y que no puede liberarlos.

Plegaria 2
Iré hacia ti, Dios de mi ser; iré hacia ti, manchado como estoy; me presentaré ante ti con confianza. Me presentaré en nombre de tu eterna existencia, en nombre de mi vida, en nombre de tu santa alianza con el hombre; y esta triple ofrenda será para ti un holocausto de agradable perfume sobre el que tu espíritu hará descender su fuego divino para consumirlo y volver enseguida hacia tu santa morada, cargado y repleto de los deseos de un alma indigente que sólo suspira por ti. Señor, Señor, ¿cuando oiré pronunciar en el fondo de mi alma, esta palabra consoladora y viva con la que llamas al hombre por su nombre, para anunciarle que esta inscrito en la santa milicia, y que tu quieres admitirlo entre el rango de tus servidores?. 

Por el poder de esta santa palabra, pronto me encontraré rodeado por los monumentos eternos de tu fuerza y tu amor, junto a los que marcharé intrépidamente contra tus enemigos, y ellos palidecerán ante las temibles tormentas que saldrán de tu palabra victoriosa. ¡Ay, Señor!, ¿puede el hombre de miseria y de tinieblas abrigar tales deseos y concebir tan soberbias esperanzas?. En lugar de pretender golpear al enemigo, ¿no es mejor que piense en evitar sus golpes?. En lugar de aparecer, como antaño, cubierto de armas gloriosas, ¿acaso no se encuentra reducido como objeto de oprobio, a verter lágrimas de vergüenza e ignominia en las profundidades de su retiro, no atreviéndose ni a mostrarse a la luz del día?. En lugar de estos cantos de triunfo que anteriormente seguían y acompañaban sus conquistas, ¿no se halla condenado a hacerse entender por sus suspiros y sollozos?. 

Al menos, Señor, concédeme una gracia, y es que todas las veces que sondees mi corazón, no lo encuentres vacío de tus alabanzas y tu amor; siento, y no quiero nunca dejar de sentir, que no hay bastante tiempo para alabarte; y para que esta obra santa sea cumplida de manera que sea digna de ti, es preciso que todo mi ser esté tomado y mudo por tu eternidad; permíteme pues, ¡oh Dios de toda vida y de todo amor¡ permite a mi alma fortalecer su debilidad en tu poder; permítele formar contigo una santa alianza que me haga invencible a los ojos de mis enemigos, y que me ligue de tal manera a ti por los votos de mi corazón y del tuyo, que siempre me encuentres tan ardoroso y presto a tu servicio y para tu gloria, como tu lo estás para mi liberación y felicidad.

Plegaria 3
Esposo de mi alma, tú, que para ella has concebido el santo deseo de la sabiduría, vienes a ayudarme a dar a luz a este hijo bien amado que nunca podré querer lo bastante. Tan pronto como haya visto la luz, sumergido en las aguas puras del bautismo de tu espíritu vivificante, a fin de que sea inscrito en el libro de la vida, que sea reconocido para siempre entre el número de los fieles miembros de la Iglesia de lo más Alto. A la espera que sus débiles pies tengan la fuerza suficiente para sostenerle, tómalo en tus brazos como la madre más tierna, y presérvalo de todo daño. Esposo de mi alma, tú que eres imposible de conocer si no es desde la humildad, hago ofrenda a tu poder, y proclamo que no quiero confiar entre otras manos que las tuyas, a este hijo de amor que tu me has dado. Sostenlo cuando empiece a dar sus primeros pasos. 

Cuando tenga suficiente edad para entenderlo, instrúyelo sobre el honor que debe a su padre, para que goce de largo tiempo sobre la tierra; inspírale el respeto y el amor por el poder y las virtudes de aquel que le ha dado el ser. Esposo de mi alma, inspírame a mi primera a nutrir continuadamente a este hijo querido con la leche espiritual que tu mismo formas en mi seno; que no deje de contemplar en mi hijo la imagen de su padre, y en su padre la imagen de mi hijo, y de todos aquellos que puedas engendrar en mí en el curso ininterrumpido de toda la eternidad. 

Esposo de mi alma, tú que eres imposible de conocer si no es desde la santidad, sirve a la vez de mentor y de modelo a este hijo de tu espíritu, a fin de que en todo tiempo y en todo lugar, sus obras y su ejemplo anuncien y manifiesten su origen celeste; pondrás tú mismo sobre su cabeza la corona de la gloria, y él será para los pueblos un monumento eterno de la majestad de tu nombre. Esposo de mi alma, tales son las delicias que preparas para aquellos que te aman y buscan unirse a ti. Que perezca para siempre aquel que quiera hacerme preferir a otro esposo. Esposo de mi alma, tómame por tu hijo; que él y yo seamos uno a tus ojos, y vierte abundantemente sobre uno y otra, las gracias que sólo podemos recibir de tu amor. Ya no puedo vivir más, si no concedes que la voz de mi hijo y la mía se unan para cantarte eternamente alabanzas, y para que nuestros cánticos sean como ríos inagotables constantemente engendrados por el sentimiento de tus maravillas y de tu inefable poder.

Plegaria 4
Señor, ¡cómo puedo atreverme a contemplarme ni un instante sin estremecerme de horror por mi miseria!. 

Habito en medio de mis propias iniquidades que son fruto de mis abusos de todo género, y que se han convertido en mi vestimenta; abuso de todas mis leyes, abuso de mi alma, abuso de mi espíritu, abuso y abuso diariamente de todas las gracias que tu amor no cesa diariamente de verter sobre tu ingrata e infiel criatura. 

Es a ti a quien todo lo debo ofrecer y sacrificar, y nada debo ofrecer al tiempo que está ante tus ojos, como los ídolos, sin vida ni inteligencia, y sin embargo no ceso de ofrecerlo todo al tiempo, y nada a ti; y por ello me precipito por anticipado en el horrible abismo de la confusión que sólo se ocupa del culto de los ídolos, donde tu nombre no se conoce. Hago como los insensatos y los ignorantes del siglo que emplean todos sus esfuerzos para aniquilar las temibles decisiones de la justicia, y hacer de manera que esta tierra de prueba que habitamos no sea a sus ojos una tierra de angustia, trabajo y dolor. Dios de paz, Dios de verdad, si la confesión de mis culpas no es suficiente para que me las perdones, acuérdate de aquel que ha querido cargar con ellas y lavarlas en la sangre de su cuerpo, de su espíritu y de su amor; él las ha disipado y borrado, desde que se ha dignado acercar su palabra. Como el fuego consume todas las substancias materiales e impuras, y como este fuego que es su imagen, vuelve hacia ti con su inalterable pureza, sin conservar ninguna huella de las manchas de la tierra. 

Es solamente en él y por él que puede hacerse la obra de mi purificación y renacimiento; es por él que tu quieres operar nuestra curación y salvación, para que empleando los ojos de su amor que todo lo purifica, no veas más en el hombre nada de informe, y sólo veas esta chispa divina que a ti se asemeja y que tu santo ardor atrae perpetuamente a ella como una propiedad de tu divino origen. No, Señor, tu sólo puedes contemplar lo que es verdadero y puro como tú; el mal es inaccesible a tu vista suprema. He ahí porque el hombre malvado es como el ser del que tu no te acuerdas, y tus ojos no saben ver, puesto que ya no tiene relación contigo; y sin embargo es ahí en este abismo de horror donde no temo tener mi morada. No hay otra alternativa posible para el hombre; si no esta perpetuamente sumergido en el abismo de tu misericordia, está en el abismo del pecado y la miseria que lo inunda.; pero también, apenas aparta su corazón y su mirada de este abismo de iniquidad, vuelve a encontrar este océano de misericordia en el que haces nacer todas tus criaturas. Es por lo que me prosternaré ante ti en mi vergüenza y en el sentimiento de mi oprobio; el fuego de mi dolor desecará en mí el abismo de mi iniquidad, y entonces ya sólo existirá para mí el reino eterno de tu misericordia.

Plegaria 5
Quítame mi voluntad, Señor, quítame mi voluntad; ya que si pudiera interrumpir mi voluntad ante ti, Señor, aunque fuera un solo instante, el torrente de tu vida y tu luz entraría en mí con impetuosidad, porque ya no tendría ningún obstáculo que se lo impidiera. Ven ayudarme a romper estas funestas barreras que me separan de ti, ármate contra mí, para que nada en mí se resista a tu poder, y que tú triunfes en mí sobre todos tus enemigos y los míos, triunfando sobre mi voluntad. ¡Oh principio eterno de toda alegría y de toda verdad!, ¿cuándo estaré renovado hasta el punto de ya no sentirme yo mismo sino en la permanente afección de tu voluntad exclusiva y vivificante?. 

¿Cuándo será que las privaciones de todo género me parecerán un provecho y una ventaja, por cuanto ellas me preservan de todas las esclavitudes, y me dejan más medios para ligarme a la libertad de tu espíritu y tu sabiduría?. ¿Cuándo será que los males me parezcan un favor de tu parte, que los perciba como una ocasión para alcanzar una victoria, y recibir de tu mano las coronas de gloria que distribuyes a todo aquellos que combaten en tu nombre?. ¿Cuándo será que todos los atractivos y alegrías de esta vida, me parezcan simples trampas que el enemigo no deja de dirigirnos para establecer en nuestros corazones un Dios de falsedad y seducción, en lugar del Dios de la paz y la verdad que debiera siempre reinar?. En fin, ¿cuándo será que el santo celo de tu amor y el ardor de mi unión contigo me dominarán hasta entregar con placer mi vida, mi bienestar y todas las afecciones extrañas a este objetivo exclusivo de la existencia del hombre que es tu criatura, y que tu has querido incluso ayudarlo con tu ejemplo, entregándote por entero a él?. No, Señor, aquel que no se sienta llevado por esta santa devoción no es digno de ti, y no ha hecho todavía el primer paso en la carrera. 

El conocimiento de tu voluntad y el cuidado del fiel servidor de no apartarse nunca de ella ni un solo momento, he ahí el único y verdadero lugar de reposo para el alma del hombre; abordarlo, es sentirse al instante colmado de delicias, como si todo su ser estuviera renovado y revivificado en todas sus facultades, por las fuentes de tu propia vida; separase de tu voluntad, es verse arrojado al instante a todos los horrores de la incerteza, los peligros y la muerte. 

Date prisa, Dios del consuelo, Dios del poder; date prisa en hacer descender en mi corazón uno de estos puros movimientos divinos para establecer en mí el reino de tu eternidad, y para resistir constante y universalmente a todas las voluntades extrañas que puedan reunirse para combatir en mi alma, en mi espíritu y en mi cuerpo. Es entonces que me abandonaré a mi Dios en la dulce efusión de mi fe, y que proclamaré sus maravillas. ¡Los hombres, no son dignos de tus maravillas, ni de contemplar el dulzor de tu sabiduría y la profundidad de tus consejos!. Pero y yo mismo, ¿acaso soy digno de pronunciar tan bellos nombres, vil insecto que soy, y merecedor de las venganzas de la justicia y la cólera?. Señor, Señor, haz reposar sobre mí aunque sólo sea un instante la estrella de Jacob, y la santa luz se establecerá en mi pensamiento, como también tu voluntad pura en mi corazón.

Plegaria 6
Escucha, alma mía, escucha, y consuélate en tu desamparo, hay un Dios todopoderoso que quiere encargarse de restañar todas tus heridas. Es el único, sí, el único que tiene este supremo poder, y sólo lo ejerce con aquellos que le reconocen como a su único poseedor y celoso administrador. No vayas a él con disimulos como la mujer de Jeroboam, a la que el profeta Akia abruma de reproches; ves mejor con la humildad y la confianza que debe darte el sentimiento de tus espantosos males, y con el poder universal de aquel que no quiere la muerte del pecador, puesto que él mismo ha creado las almas. 

Deja al tiempo cumplir su ley sobre ti, en todo aquello que al tiempo le corresponda; no aceleres su obra con tus desórdenes; no la retardes con tus falsos deseos y vanas especulaciones que son bagaje del insensato. Ocupado por el contrario únicamente en tu curación interior y tu liberación espiritual, reúne cuidadosamente el poco de fuerzas que el paso del tiempo desarrolle en ti; sírvete de estos secretos movimientos de la vida, para acercarte cada día un poco más a aquel que quisiera ya poseerte en su seno, y hacerte compartir con él, la dulce libertad de un ser que goza plenamente del uso de todas sus facultades, sin jamás conocer ningún obstáculo. 

En los momentos en que estos dichosos impulsos se apoderen de ti, levántate de tu lecho de dolor, y di a este Dios de misericordia y todopoderoso: ¿hasta cuándo Señor, dejaréis languidecer en la esclavitud y el oprobio, a esta antigua imagen de vos mismo que los siglos habrán podido sepultar bajo sus escombros, pero nunca han podido borrar?. Ella osó ignoraros en aquellos tiempos en que habitaba en el esplendor de vuestra gloria; y vos, vos tuvisteis suficiente con posar sobre ella el ojo de vuestra eternidad; y desde ese instante ella se encuentra inmersa en las tinieblas, como en un abismo. Después de esta lamentable caída, ella se convirtió en la mofa diaria de sus enemigos; éstos, no se contentan con cubrirla con sus burlas, además la infestan con sus venenos, y la cargan de cadenas para que no pueda defenderse, y así tener mayor facilidad para poder dirigir sobre ella sus dardos emponzoñados. 

Señor, Señor, esta larga y humillante prueba ¿no es de por sí suficiente para que el hombre reconozca tu justicia y rinda Inicionaje a tu poder?. Este amasijo infecto de desdén y menosprecio por parte de tu enemigo, ¿ no ha permanecido lo bastante sobre esta imagen de ti mismo como para que abra los ojos y se convenza de sus vanas ilusiones?. ¿No temes que esas substancias corrosivas terminen por borrar por entero tu huella, y la hagan absolutamente irreconocible?. Los enemigos de tu luz y tu sabiduría no tardarían en confundir, ésta, mi larga cadena de oprobios con tu eternidad misma; llegarían a creer que su reino de horror y desorden es la única y real morada de la verdad; creerían haberlo traído sobre ti y haberse apoderado de tu reino. No permitas pues, ¡oh Dios de celo!, que tu imagen sea profanada por más tiempo. 

Tu propia gloria me afecta aún más que mi propia felicidad que está fundamentada sobre tu misma gloria. Levántate de tu trono inmortal, de este trono donde reposa tu sabiduría, y que resplandece con las maravillas de tu poder; entra, aunque sea un solo instante en la viña santa que tu has plantado por toda la eternidad; toma un solo grano de este racimo vivificante que ella no ha dejado de producir; exprímelo con tu mano divina, y haz verter sobre mis labios el jugo sagrado y regenerador único capaz de reparar mis fuerzas; humedecerá mi reseca lengua; descenderá hasta el fondo de mi corazón; llevará la alegría a mi vida; penetrará todos mis miembros; los hará sanos y robustos, y yo pareceré vivo, ágil y vigoroso, como lo era el primer día cuando salí de tus manos. Es entonces que tus enemigos, decepcionados en sus esperanzas, enrojecerán de vergüenza, y temblarán de espanto y de rabia, al ver que sus esfuerzos contra ti han sido vanos, y que mi sublime destino habrá alcanzado su cumplimiento, a pesar de sus audaces y obstinadas argucias. Escucha pues, oh alma mía, escucha y consuélate en la desgracia: hay un Dios todopoderoso que quiere encargarse de restañar todas tus heridas.

Plegaria 7
Acabo de presentarme a las puertas del templo de mi Dios, y no dejaré este humilde puesto de indigente, hasta que el padre de mi vida me haya dado mi pan de cada día. Aquí esta, este pan de cada día; lo he recibido, lo he gustado, y quiero anunciar su dulzor a las razas futuras. El eterno Dios de los seres; he ahí el título sagrado que ha tomado para darse a conocer a las naciones visibles e invisibles; aquel que se ha hecho carne; el espíritu de aquel en cuyo nombre todo debe doblar la rodilla en el cielo, sobre la tierra y en los infiernos: estos son los cuatro elementos inmortales que componen este pan de cada día. Se multiplica sin cesar como la inmensidad de seres que de él se nutren, y por grande que sea el número de éstos, no podrán nunca disminuir su abundancia, ni encontrarse en la escasez; este pan de cada día ha desarrollado en mí los gérmenes eternos de mi vida y ha hecho incluso pasar a mi sangre la savia sagrada de mis raíces originales y divinas. 

Los cuatro elementos que la componen han hecho desaparecer del caos de mi corazón las tinieblas y la confusión; han restablecido una viva y santa luz, en lugar de la fría oscuridad que lo envolvía; su fuerza creadora me ha transformado en un nuevo ser, y me he convertido en depositario y administrador de sus santos caracteres y sus signos vivificantes. Entonces, para manifestar la gloria de aquel que ha elegido al hombre como a su ángel y ministro, me he presentado a todas las regiones; he considerado y pasado revista todas las obras salidas de sus manos, y he distribuido sobre cada una de ellas estos caracteres que él había impreso en mí para que fueran transmitidas a todas sus criaturas, y para confirmarles las propiedades y el poder del nombre que habían recibido. 

No he limitado mi ministerio a sólo actuar así sobre las obras regulares de la eterna sabiduría; me he aproximado a todo lo que era deforme, y he dejado caer sobre estos frutos del desorden los signos de justicia y venganza vinculados a los secretos poderes de mi elección. Aquellos de estos frutos que he podido arrancar a la corrupción, los he ofrecido en holocausto al Dios supremo, y he compuesto mis perfumes de las más puras alabanzas de mi espíritu y mi corazón, a fin de que todo respire reconocimiento de que sólo a este Dios supremo le son debidos todos los Inicionajes, toda la gloria y todos los honores, siendo la única fuente de todo poder y de toda justicia; y le he dicho en el acto de traspaso de mi amor: ¡Dichoso el hombre, puesto que has tenido a bien elegirlo para hacer de él la sede de tu autoridad, y el ministro de tu gloria en el universo!. ¡ Dichoso el hombre, puesto que has permitido que sienta en lo más profundo de tu esencia, la penetrante actividad de tu vida divina!. ¡Dichoso el hombre, puesto que has permitido que ose ofrecerte un sacrificio de reconocimiento extraído del sentimiento inefable de todas las virtudes de tu santa universalidad!. 

Y vosotras, ¿acaso no os ha tratado así, fuerzas terrestres, fuerzas del universo?, os ha hecho simples agentes de sus leyes y las fuerzas operantes del cumplimiento de sus designios; así mismo no hay un ser en la naturaleza, no hay un ser entre vosotras que no lo asista en su obra, y que no coopere en la ejecución de sus planes. ¿Acaso no se ha dado a conocer a vosotras como el Dios de la paz y del amor; y a pesar que os ha dado la existencia, todavía estáis demasiado agitadas por las consecuencias de la rebelión, ya que él recomendó al hombre que os sometiera y dominara?. Mucho más aún, fuerzas perversas y corrompidas, os ha tratado con los mismos favores con que haya podido colmar al hombre. No habéis sabido conservar aquellos que os concedió por vuestro origen; habéis tenido la imprudencia de creer que podía haber para vosotras mayor suerte, un privilegio más glorioso que el de ser objeto de su ternura, y desde entonces, no habéis merecido otra cosa que ser objeto de su venganza. Es sólo al hombre a quien confía los tesoros de su sabiduría; es en este ser, según su corazón, en quien a puesto todo su afecto y todos sus poderes. Al formarle le ha dicho: "Infunde en todo el universo el orden y la armonía cuyos principios te he permitido extraer de mi propia fuente; sólo puedes conocerme por la regularidad de mis obras y la firmeza de mis leyes; no puedes estar iniciado en los misterios de mi santuario; en ti tienes la medida de mis poderes, a ti te corresponde ejercerlos en todos los ámbitos, puesto que solo por los actos de mis poderes podrán saber que hay un Dios. 

Para mis enemigos, lanza sobre ellos todos los rayos de mi cólera, ellos están aún más lejos de mí que las fuerzas de la naturaleza, y la santidad de mi gloria sólo me permite manifestarme a ellos por el peso de mi justicia. Únicamente tú, hombre, únicamente tú reunirás de ahora en adelante los dones de mis poderes y mi justicia, el de poder hacer sentir las vivas delicias de mi amor, y hacerlas compartir a aquellos que se hayan hecho dignos de ellas. Es por esto que sólo a ti te he hecho a mi imagen y semejanza; ya que el ser que no ame, no podrá ser a mi imagen. Es desde este trono sagrado en el que te he situado, como un segundo Dios, que veré verter sobre todo lo que ha salido de mis manos, los diversos atributos de mi ser, y tu me serás querido por encima de toda otra producción, puesto que te he elegido para ser mi órgano universal, no habrá nada de mí que no conozcas." Soberano autor de mi espíritu, de mi alma y de mi corazón, bendito seas para siempre en todas las regiones y por todos los siglos, por haber permitido que el hombre, esta ingrata y criminal criatura, pueda recobrar verdades tan sublimes. 

El hombre se hizo indigno de ellas por su crimen, y si el recuerdo empeñado de tu antigua y santa alianza no hubiera comprometido tu amor a devolvérselas, éstas permanecerían eternamente perdidas para él. Alabanzas y bendiciones sean dadas a aquel que formó al hombre a su imagen y semejanza, y que, a pesar de todos los esfuerzos y triunfos de los infiernos, ha sabido rehabilitarlo en su esplendor, en la sabiduría y en la felicidad de su origen.
Amén.

Plegaria 8
Unámonos hombres de paz, hombres de deseo; unámonos para contemplar en un santo temblor la amplitud de misericordias de nuestro Dios, y digámosle unidos que todos los pensamientos de los hombres, todos sus deseos más puros, todas sus acciones más regulares, todas juntas no podrían ni aproximarse al menor acto de su amor. ¿Cómo podríamos pues expresar este amor, cuando éste no se limita a actos particulares y de un momento de duración, sino que desarrolla a la vez todos sus tesoros, y ello de una manera constante, universal e imperturbable?. ¡Sí, Dios de la verdad y caridad inagotables, así es como actúas diariamente con el hombre!. ¿Qué soy yo?. Un vil montón de repugnante basura que solo esparce en mí y en torno a mí la infección. 

Pues bien, es en mitad de esta infección que tu mano infatigable se sumerge sin cesar, para escoger lo poco que aún queda en mí de estos elementos preciosos y sagrados de los que formas tu existencia. Al igual que aquella mujer cuidadosa que en el Evangelio consume su luz, para encontrar el dracma que había perdido, tu no dejas de tener tus lámparas encendidas, y te agachas continuamente hasta el suelo, esperando siempre que vas a volver a encontrar entre la polvareda aquel oro puro que se escapó de tus manos. Hombres de paz, ¿cómo no vamos a contemplar entre un santo temblor la amplitud de misericordias de Dios?. Somos mil veces más culpables ante él, que estos malhechores, según la justicia humana, que son conducidos a través de las ciudades y en las plazas públicas, cubiertos de todos los signos de la infamia, y a los que se fuerza a confesar abiertamente sus crímenes al pie de los templos y de todos los poderes que han despreciado. 

Deberíamos como ellos, y con mil veces más justicia que ellos, ser arrastrados ignominiosamente a los pies de todos los poderes de la naturaleza y el espíritu; deberíamos ser llevados como criminales ante todas las regiones del universo, visibles e invisibles, y recibir en su presencia, los terribles y vergonzosos castigos que merecen con justicia nuestras espantosas prevaricaciones; pero en lugar de encontrar jueces temibles, armados con la venganza. ¿qué encontramos?. Un rey venerable cuyos ojos anuncian la clemencia, y cuya boca no deja de pronunciar el perdón para todos aquellos que solo quieren cegarse hasta el punto de creerse inocentes. 

Lejos de querer que continuemos llevando por más tiempo las vestimentas del oprobio, ordena a tus servidores devolvernos nuestras primeras ropas, ponernos un anillo en el dedo y calzar nuestros pies, y para determinarte a que nos colmes de parecidos favores, basta con que, a semejanza de nuevos hijos pródigos, reconozcamos que no podemos encontrar en casa extraña la misma felicidad que en casa de nuestro padre. 

Hombres de paz, ¡cómo no vamos a contemplar entre un santo temblor la amplitud de misericordias de Dios!. Y, ¿cómo no vamos a concebir por una santa resolución el permanecer para siempre fieles a tus leyes y a los bienhechores consejos de tu sabiduría?. No, yo solo puedo amarte a ti, Dios incomprensible en tu indulgencia y en tu amor; yo no quiero amar a otro que a ti, por que tú me has perdonado; yo no quiero encontrar otro lugar de reposo que el seno y el corazón de mi Dios. Lo abraza todo con su poder, y cualquier movimiento que yo haga, encuentra siempre un apoyo, un socorro y consuelo, porque su fuente divina vierte por todo y a la vez todos sus bienes. 

El mismo se lanza en el corazón del hombre, pero no se lanza una sola vez, si no constantemente y por actos reiterados. Es por ello que engendra y multiplica en nosotros su propia vida, por que a cada uno de estos actos divinos, establece en nosotros rayos puros y extractos de su propia esencia, sobre los que gusta reposar, y devienen en nosotros los órganos de sus generaciones eternas. Desde este hogar sagrado, envía a todas las facultades de nuestro ser parecidas emanaciones que, a su vez, repitiendo sin cesar su acción en todo lo que nos compone, multiplican así continuamente nuestra actividad espiritual, nuestras virtudes y nuestras luces. He ahí porque es tan útil elevarle un templo en nuestro corazón. ¡Oh hombres de paz!, ¡oh hombres de deseo!, unámonos para contemplar en un santo temblor la amplitud del amor, las misericordias y los poderes de nuestro Dios.

Plegaria 9
Señor, ¿cómo nos será posible aquí abajo cantar los cánticos de la Ciudad santa?. ¿Es desde el centro del torrente de nuestras lágrimas que podremos hacer oír los cantos de alegría y júbilo?. Si abro la boca para formar los primeros sones, los sollozos los ahogan y solo puedo dejar escapar suspiros y quejidos de dolor; e incluso a menudo estos sollozos se asfixian en mi seno, o bien ningún oído caritativo esta cerca de mí para escucharlos y aportarme consuelo. 

Me siento abrumado por la amplitud y longitud de mis sufrimientos, y el crimen no cesa de presentarse ante mí, para anunciarme que en un instante la muerte aparecerá y helará todo mi ser con su frío emponzoñado; ya se apodera de todos mis miembros, y llega el momento de quedar desamparado como el cadáver que acaba de expirar, y que los servidores abandonan a la putrefacción. Sin embargo, Señor, puesto que tú eres la fuente universal de todo lo que existe, eres también la fuente de la esperanza; y si este rayo de fuego todavía no se ha apagado en mi corazón, aún te tengo, todavía estoy ligado a tu vida divina por esta inmortal esperanza que fluye continuamente de tu trono. Me atrevo pues a implorarte desde el seno de mis abismos; me atrevo a llamar en mi socorro tu mano bienhechora para que se digne ocuparse de mi curación. ¿Cómo se operan las curaciones del Señor?. Por la dócil sumisión a los sabios consejos de este médico divino. 

Es preciso que tome con reconocimiento y ardiente deseo, el brebaje amargo que su mano me presenta; es preciso que mi voluntad concurra con la que lo anima para mí; es preciso que lo prolongado del tratamiento y los sufrimientos no me hagan rechazar el bien que quiere hacerme este supremo autor de todo bien; él se convence del sentimiento de mis dolores, yo no tengo otra cosa que hacer que convencerme del sentimiento de su caritativo interés por mí. Es por ello que la copa de salvación me será provechosa; es entonces que mi lengua retomará su fuerza, y que cantaré los cánticos de la Ciudad santa. Señor, ¿cuál será mi primer cántico?. Será por entero en honor y gloria de aquel que me habrá devuelto la salud y habrá operado mi liberación. Le cantaré este cántico desde que salga hasta que se ponga el sol; lo cantaré por toda la tierra, no solamente para celebrar el poder y el amor de mi liberador, sino para comunicar a todas las almas de deseo y a toda la familia humana, el medio certero y eficaz de recobrar para siempre la salud y la vida. Les enseñaré que por ello, el espíritu de sabiduría y verdad reposará sobre su corazón, y los dirigirá en todos los caminos.
Amén.

Plegaria 10
¿Tendrás la fuerza suficiente?, ¡oh alma mía!, para contemplar la enorme deuda que el hombre culpable ha contraído con la divinidad?. Pero, si has tenido fuerzas para librarte al crimen, podrás también tenerlas para considerar todo el horror que has producido. Evalúa pues con el pensamiento el campo del Señor, acuérdate que el hombre debería haber sido su cultivador; trata de hacerte una idea de la inmensidad de frutos que deberían haberse producido gracias a tu cuidado; piensa que todas las criaturas que están bajo la capa del cielo esperaban de tu esmerada cultura su subsistencia y su sustento; piensa que los campos del Señor esperaban de ti su ornamento y su adorno; piensa que el Señor mismo esperaba de tu vigilancia y tu fidelidad, la gloria y la lianza que deberían haber ocasionado el cumplimiento de sus designios; piensa en que todas estas cosas deberían haber sido operadas por ti sin interrupción alguna. 

Tú has caído, has dejado al enemigo enseñorearse de ti y corromper tus vías. Desde ese instante, has sido estéril a la tierra del Señor; tu has sumido el corazón de Dios en la tristeza. Desde ese mismo instante, has secado por así decirlo la fuente de la sabiduría y arrasado la cosecha en este bajo mundo; y después de esta fatal época, detienes diariamente todas las producciones del Señor; contempla ahora la enormidad de la deuda; contempla la imposibilidad en que te encuentras para satisfacerla, y estremécete hasta los Últimos pliegues de tu ser. 

Debes los frutos de cada año, contando desde el momento de tu infidelidad; debes el diezmo de todas las horas transcurridas desde aquella hora fatal; debes todo lo que estos mismos frutos y este mismo diezmo hubieran producido en aquellas manos donde deberías haberlo depositado; debes todos los frutos que tu has impedido crecer hasta el fin de los siglos. ¿Cuál es pues el ser que hubiera podido saldar esta deuda ante la justicia eterna, ante esta justicia cuyos derechos no se pueden abolir y cuyos planes no pueden faltar llegar a su término y a su cumplimiento?. Es aquí, Dios supremo, cuando se manifiestan los torrentes de tu misericordia y la abundancia inextinguible de tus eternos tesoros; aquí, tu corazón divino se abre sobre tu desdichada criatura, y no solamente has pagado sus recibos, sino que ella se ha encontrado lo suficientemente rica como para ir en socorro del indigente. Tu has mandado a tu verbo para que viniera a cultivar el campo del hombre. Este verbo sagrado, cuya alma es el amor, ha descendido sobre este campo tocado por la esterilidad. 

Ha consumido por el fuego de su palabra todas las malas hierbas y la cizaña que se habían sembrado; el verbo ha sembrado en su lugar el germen del árbol de la vida; ha abierto los canales de saludables fuentes, y las aguas vivas han venido para bañarlo; ha devuelto la fuerza a los animales de la tierra, y la agilidad a los pájaros del cielo; ha devuelto la luz a las antorchas celestes, el sonido y la voz a todos los espíritus que habitan la esfera del hombre; ha devuelto al alma del hombre este amor del cual el verbo mismo es la fuente y el hogar, y que ha dirigido su santo y admirable sacrificio. Sí, Dios eterno de toda lianza y toda gracia, sólo hay un ser poderoso, como tu divino hijo, que pudiera así reparar nuestros desórdenes y satisfacer nuestra deuda ante tu justicia. 

Sólo el ser creador pudo pagar por nosotros lo que por entero habíamos disipado, pues hizo falta para esto que se hiciera una nueva creación. Fuerzas universales, si os sentís tan bien dispuestas a cantar estas alabanzas, por haber sido restablecidas en vuestros derechos, y por haberos devuelto vuestra actividad, ¿que acción de gracias no le deberé yo, por haberse hecho fiador de todas mis deudas hacia él, hacia vosotras, respecto a todos mis hermanos, y por haberlas pagado?. Es dicho de la mujer penitente, que por lo mucho que había amado, mucho le fue perdonado. Al hombre, al que todo ha devuelto, al que todo ha pagado por él, no ya antes que lo hubiera empezado a amar, si no cuando estaba inmerso en los horrores de la ingratitud y como helado por entero, ha empezado por perdonárnoslo todo. Cada movimiento de nuestro Dios debe ser un movimiento universal, y que se haga sentir en todas las regiones de todos los universos. Que a ejemplo de este Dios supremo, el amor haga un movimiento universal en todo nuestro ser, y abrace a la vez todas las facultades que nos componen.
Amen.

Las razas humanas y la religión. Orígenes.


"El Cielo es mi Padre, él me ha engendrado. Tengo por familia todo este acompañamiento celeste. Mi Madre es la gran Tierra. La parte más alta de su superficie es su matriz; allí el Padre fecunda el seno de aquélla, que es su esposa y su hija."

He ahí lo que cantaba, hace cuatro o cinco mil años, delante de un altar de tierra donde flameaba un fuego de hierbas secas, el poeta védico. Una adivinación profunda, una conciencia grandiosa respira en esas palabras extrañas.

Ellas encierran el secreto del doble origen de la humanidad. Anterior y superior a la tierra es el tipo divino del hombre; celeste es el origen de su alma. Pero su cuerpo es el producto de los elementos terrestres fecundados por una esencia cósmica. Los besos de Uranos y de la gran Madre significan, en el lenguaje de los Misterios, las lluvias de almas o de mónadas espirituales, que vienen a fecundar los gérmenes terrestres: los principios organizadores, sin los que la materia sólo sería una masa inerte y difusa.

La parte más alta de la superficie terrestre, que el poeta védico llama la matriz de la Tierra, designa los continentes y las montañas, cuna de las razas humanas. En cuanto al cielo, Varuna, el Urano de los griegos, representa el orden invisible, hiperfísico, eterno e intelectual, que abraza todo el Infinito del Espacio y del Tiempo.

En este artículo sólo nos ocuparemos de los orígenes terrestres de la humanidad según las tradiciones esotéricas, confirmadas por la ciencia antropológica y etnológica de nuestros días.

Las cuatro razas que comparten actualmente el Globo son hijas de tierras y zonas distintas. Por creaciones sucesivas, lentas elaboraciones de la tierra en su crisol, los continentes han emergido de los mares a intervalos de tiempo considerables, que los sacerdotes antiguos de la India llamaban ciclos antediluvianos. A través de millares de años, cada continente ha engendrado su flora y su fauna, coronada por una raza humana de color diferente.

El continente austral, tragado por el último gran diluvio, fue la cuna de la raza roja primitiva, de la que los Indios de América no son más que los restos, derivados de los troglodita s que se salvaron en los picos de los montes, cuando el continente se hundió. El África es la madre de la raza negra llamada etiópica por los griegos. El Asia ha elaborado la raza amarilla que se conserva en China. La última en nacer, la raza blanca, salió de los bosques de Europa, entre las tempestades del Atlántico y las brisas del Mediterráneo.

Todas las variedades humanas resultan de las mezclas, de las combinaciones, de degeneraciones o selecciones de esas cuatro grandes razas. En los ciclos anteriores, la roja y la negra han reinado sucesivamente por medio de potentes civilizaciones que han dejado huellas en las construcciones ciclópeas y en la arquitectura de Méjico. Los templos de la India y Egipto tenían acerca de esas civilizaciones desvanecidas, cifras y tradiciones escasas. En nuestro ciclo la raza blanca domina, y si se mide la antigüedad probable del Egipto y la India, se hará remontar su preponderancia a siete u ocho mil años (1).

Según las tradiciones brahmánicas, la civilización ha comenzado sobre la tierra hace cincuenta mil años, con la raza roja, sobre el continente austral, cuando Europa entera y parte del Asia estaban aún bajo el agua. Esas mitologías hablan también de una raza de gigantes anterior. Se han encontrado, en ciertas cavernas del Thibet, osamentas humanas gigantescas, cuya conformación semeja más al mono que al hombre.

Ellas se relacionan con una humanidad, primitiva, intermedia, aun vecina de la animalidad, que no poseía ni lenguaje articulado, ni organización social, ni religión. Porque estas tres cosas brotan siempre a la par; y ese es el sentido de aquella notable triada bárdica que dice: "Tres cosas son primitivamente contemporáneas: Dios, la luz y la libertad." Con el primer balbuceo de la palabra nació la sociedad y la sospecha vaga de un orden divino. Es el soplo de Jehovah en la boca de Adán, el verbo de Hermes, la ley del primer Manu, el fuego de Prometeo. Un Dios palpita en la fauna humana. La raza roja, ya lo hemos dicho, ocupaba el continente austral, hoy sumergido, llamado Atlántida por Platón, según las tradiciones egipcias.

Un gran cataclismo le destruyó en parte y dispersó sus restos. Varias razas polinésicas, al igual que los lndios de la América del Norte y los Aztecas que Hernán Cortés encontró en Méjico, son los supervivientes de la antigua raza roja, cuya civilización, perdida para siempre, tuvo sus días de gloria y de esplendor materiales. Todos esos pobres retrasados llevan en sus almas la incurable melancolía de las viejas razas que mueren sin esperanza.

Después de la raza roja, la raza negra dominó sobre el globo. Hay que buscar su tipo superior, no en el negro degenerado, sino en el abisinio y el nubio, en quienes se conserva el molde de esta raza llegada a su apogeo. Los negros invadieron el Sur de Europa en tiempos prehistóricos. Y fueron rechazados por los blancos. Su recuerdo se ha borrado completamente de nuestras tradiciones populares. Sin embargo, han dejado dos huellas indelebles: horror al dragón que fue el emblema de sus reyes y la idea de que el diablo es negro.

Los negros devolvieron el insulto a la raza rival haciendo blanco a su diablo. En los tiempos de su soberanía, los negros tuvieron centros religiosos en el Alto Egipto y la Judea. Sus ciudades ciclópeas coronaban las montañas del Cáucaso, de África y del Asia central. Su organización social consistía en una teocracia absoluta. En la cima, sacerdotes temidos como dioses; abajo, tribus revoltosas, sin familia reconocida, las mujeres esclavas. Esos sacerdotes tenían conocimientos profundos, el principio de la unidad divina del universo y el culto de los astros que, bajo el nombre de sabeísmo, se infiltró entre los pueblos blancos (2).

Pero entre la ciencia de los sacerdotes negros y el fetichismo grosero de las masas, no había punto intermedio, arte idealista, mitología sugestiva. Por lo demás, una industria ya sabia, el arte de manejar piedras colosales y de fundir los metales en hornos inmensos en que se hacía trabajar a los prisioneros de guerra. En esta raza poderosa por la resistencia física, la energía pasional y la capacidad de asimilación, la religión fue, pues, el reino de la fuerza por el terror. La Naturaleza y Dios no aparecieron casi a la conciencia de ésos pueblos niños más que bajo la forma del dragón, del terrible animal antediluviano que los reyes hacían pintar en sus banderas y los sacerdotes esculpían en la puerta de sus templos.

Si el sol de África ha incubado la raza negra, se diría que los hielos del polo ártico han visto la florescencia de la raza blanca. Son los Hiperbóreos de que habla la mitología griega. Esos hombres de cabellos rojos, de ojos azules, vinieron del Norte a través de las selvas, iluminadas por auroras boreales, acompañados de perros y renos, mandados por jefes temerarios y animados, empujados por mujeres videntes. Cabellos de oro y ojos de azul: colores predestinados. Esa raza debía inventar el culto del sol y del fuego sagrado y traer al mundo la nostalgia, del cielo. Tan pronto ella se rebela contra éste hasta quererle escalar, como se prosternará ante sus esplendores en una adoración absoluta.

Como las otras, la raza blanca tuvo que libertarse del estado salvaje antes de adquirir conciencia de sí misma. Tiene ella por signos distintivos el gusto de la libertad individual, la sensibilidad reflexiva que crea el poder de la simpatía, y el predominio del intelecto, que da a la imaginación un sello idealista y simbólico. La sensibilidad anímica trajo la afección, la preferencia del hombre por una sola mujer; de ahí la tendencia de esta raza a la monogamia, el principio conyugal y la familia. La precisión de libertad, unida a la sociabilidad, creó el clan con su principio electivo. La imaginación ideal creó el culto de los antepasados, que forma la raíz y el centro de la religión de los pueblos blancos.

El principio social y político, se manifiesta el día que un cierto número de hombres semisalvajes, ante el ataque de enemigos, se reúnen instintivamente y eligen al más fuerte y más inteligente de entre ellos, para defenderles y mandarles: aquel día la sociedad nació.

El jefe es un rey en germen; sus compañeros, nobles futuros; los viejos deliberantes, pero incapaces de andar, de la fatiga, forman ya una especie de Senado o asamblea de ancianos. ¿Pero cómo nació la religión? Se ha dicho que era el temor del hombre primitivo ante la Naturaleza. Pero el temor nada de común tiene con el respeto y el amor: aquél no liga el hecho a la idea, lo visible a lo invisible, el hombre a Dios. Mientras que el hombre sólo tembló ante la Naturaleza, no fue aún un hombre. Lo fue sólo el día que asió el lazo que le relacionaba al pasado y al porvenir, a algo de superior y bienhechor, y donde él adoró cosa misteriosa incógnita. Pero ¿cómo adoró él por vez primera?

Fabre d'Olivet lanza una hipótesis eminentemente genial y sugestiva sobre el modo de establecerse el culto a los antepasados en la raza blanca (3). En un clan belicoso, dos guerreros rivales se querellan. Furiosos, van a matarse, ya han llegado a las manos. En ese momento una mujer con el cabello en desorden se interpone entre los dos y los separa. Es la hermana de uno y la mujer del otro. Sus ojos arrojan llamas, su voz tiene el acento del mando. Ella dice en frases entrecortadas incisivas, que ha visto en la selva al Antepasado de la raza, el guerrero victorioso de tiempos remotos, el héroe que se le ha aparecido.

El no quiere que dos guerreros hermanos luchen, sino que se unan contra el enemigo común. "Es la sombra del gran Abuelo, el héroe me lo ha dicho, clama la mujer exaltada: ¡ él me ha hablado! ¡ Le he visto!" Lo que ella dice, lo cree. Convencida, convence. Emocionados, admirados y como abrumados por una fuerza invencible, los adversarios reconciliados se dan la mano y miran a esa mujer inspirada como una especie de divinidad.

Inspiraciones tales, seguidas de bruscas reacciones, debieron producirse en gran número y bajo formas muy diferentes en la vida prehistórica de la raza blanca. En los pueblos bárbaros, la mujer es quien, por su sensibilidad nerviosa, presiente ante lo oculto, afirma lo invisible. Que se considere ahora cuáles serían las consecuencias inesperadas y prodigiosas de un acontecimiento semejante al que hemos relatado. En el clan, en la tribu, todos hablan del hecho maravilloso. La encina, donde la mujer inspirada ha visto la aparición, se convierte en árbol, sagrado. Se la conduce allá de nuevo; y, bajo la influencia magnética de la luna que la coloca en un estado visionario, continúa profetizando en nombre del gran Abuelo.

Pronto esta mujer y otras semejantes, de pie sobre las rocas, en medio de los claros del bosque, al ruido del viento y del océano lejano, evocarán las almas diáfanas de los antepasados ante las multitudes palpitantes, que las verán, o creerán verlas, atraídas por mágicos encantos en las brumas flotantes de las transparencias lunares. El último de los grandes celtas, Ossián, evocará a Fingal y sus compañeros en las nubes compactas. Así, en el origen mismo de la vida social, el culto de los antepasados se establece en la raza blanca. El gran antepasado llega a ser el Dios de la tribu. He ahí el comienzo de la religión.

Pero eso no es todo. Alrededor de la profetisa se agrupan ancianos que la observan en sus sueños lúcidos, en sus éxtasis proféticos. Ellos estudian sus estados diversos, fiscalizan sus revelaciones, interpretan sus oráculos. Notan ellos que cuando profetiza en el estado visionario, su cara se transfigura, su palabra se vuelve rítmica y su voz elevada profiere sus oráculos cantando una melopea grave y significativa (4). De ahí el verso, la estrofa, la poesía y la música, cuyo origen pasa por divino en todos los pueblos de raza aria. La idea de la revelación no podía producirse más que a propósito de hechos de ese orden. Al mismo tiempo vemos brotar la religión y el culto, los sacerdotes y la poesía.

En Asia, en el Irán y en la India, donde los pueblos de raza blanca fundaron las primeras civilizaciones arias, mezclándose a pueblos de color diferente, los hombres adquirieron pronto supremacía sobre las mujeres en cuestiones de inspiración religiosa. Allí no oímos hablar más que de sabios, de rishis, de profetas. La mujer, rechazada, sometida, ya no es sacerdotisa más que del hogar. Pero en Europa la, huella del papel preponderante de la mujer se encuentra en los pueblos de igual origen, que fueron bárbaros durante millares de años. Aparece en la Pitonisa escandinava, en la Voluspa del Edda, en las druidas célticas, en las mujeres adivinadoras que acompañaban a los ejércitos germanos y decidían sobre el día de las batallas (5), y hasta en las Bacantes tracias que sobrenadan en la leyenda de Orfeo.

La Vidente prehistórica se continúa con la Pythia de Delfos.

Las profetisas primitivas de la raza blanca se organizaron en colegios de druidesas, bajo la vigilancia de los ancianos instruidos o druida s, los hombres de la encina. Ellas fueron al principio bienhechoras. Por su intuición, su adivinación, su entusiasmo, dieron un vuelo inmenso a la raza que estaba sólo en el comienzo de su lucha, varias veces secular, contra los negros. Pero la corrupción rápida y los enormes abusos de esta institución eran inevitables. Sintiéndose dueños de los destinos de los pueblos, las druidesas quisieron dominarlos a toda costa. Faltándoles la inspiración, quisieron dominar por el terror.

Exigieron los sacrificios humanos e hicieron de ellos un elemento esencial de su culto. Los instintos heroicos de su raza los favorecían. Los Blancos eran valientes; sus guerreros despreciaban la muerte; a la primera llamada venían voluntariamente y por bravata a colocarse bajo el cuchillo de las sanguinarias sacerdotisas. Por medio de hecatombes humanas se lanzaban los vivos hacia los muertos como mensajeros, y se creía obtener así los favores de los antepasados.

Esa amenaza perpetua, colocada sobre la cabeza de los primeros jefes por boca de las profetisas y de los druidas, se volvió entre sus manos un formidable instrumento de dominio.

Primer ejemplo de la perversión que sufren fatalmente los más nobles instintos de la naturaleza humana, cuando no son dirigidos por una sabia autoridad, encaminados al bien por una conciencia superior. Dejada al azar de la ambición y la pasión personal, la inspiración degenera en superstición, el valor en ferocidad, la idea sublime del sacrificio en instrumento de tiranía, en explotación pérfida y cruel.

Pero la raza blanca estaba aún en su infancia violenta y loca. Apasionada en la esfera anímica, debía atravesar otras muchas y sangrientas crisis. Acababa de ser despertada por los ataques de la raza negra, que comenzaba a invadir el sur de Europa. Lucha desigual al principio. Los Blancos medio salvajes, salidos de sus bosques y habitaciones lacustres, no tenían otro recursos que sus arcos, sus lanzas y sus flechas con puntas de piedra.

Los Negros tenían armas de hierro, armaduras de bronce, todos los recursos de una civilización industriosa y sus ciudades ciclópeas. Aplastados en el primer choque, los Blancos nevados cautivos empezaron a ser en masa esclavos de los Negros, que les forzaron a trabajar la piedra y a llevar el mineral a sus hornos. Pero algunos cautivos escapados llevaron a su patria los usos, las artes y fragmentos de ciencia de sus vencedores. Aprendieron ellos de los Negros dos cosas capitales: la fundición de los metales y la escritura sagrada; es decir, el arte de fijar ciertas ideas por medio de signos misteriosos y jeroglíficos sobre pieles de animales, sobre piedras o corteza de fresnos; de ahí las runas de los celtas.

El metal fundido y forjado era el instrumento de la fuerza; la escritura sagrada fue el origen de la ciencia y de la tradición religiosa. La lucha entre la raza blanca y la raza negra osciló durante siglos desde los Pirineos al Cáucaso y desde el Cáucaso al Himalaya. La salvación de los Blancos se debió a sus selvas, donde, como las fieras, podían esconderse para salir de nuevo en el momento oportuno. Enardecidos, aguerridos, mejor armados de siglo en siglo, tomaron en fin el desquite; echaron abajo las ciudades de los negros, los arrojaron de las costas de Europa e invadieron a su vez todo el N arte de África y el centro de Asia, ocupada por tribus diversas.

La mezcla de las dos razas se operó de dos modos distintos, por colonización pacífica o por conquista belicosa. Fabre d'Olivet, ese maravilloso vidente del pasado prehistórico de la humanidad, parte de esa idea para emitir una visión luminosa sobre el origen de los pueblos llamados semíticos y de los pueblos arios. Allí donde los colonos blancos se habían sometido a los pueblos negros aceptando su dominación y recibiendo de sus sacerdotes la iniciación religiosa, ahí se formaron los pueblos semíticos, como los Egipcios anteriores a Menes, los Árabes, los Fenicios, los Caldeas y los Judíos.

Las civilizaciones arias, al contrario, se formaron allí donde los Blancos habían reinado sobre los Negros por la guerra o la conquista, como los iranios, los Indios, los Griegos, los Etruscos. Agreguemos a esto, que bajo la denominación de pueblos arios comprendemos también a todos los pueblos blancos que habían quedado en estado salvaje y nómada en la antigüedad, tales como los Escitas, los Getas, los Sármatas, los Celtas y más tarde los Germanos. Por este medio pudiera explicarse la diversidad fundamental de las religiones y también de la escritura en esas dos grandes categorías de naciones.

Entre los Semitas donde la intelectualidad de la raza negra dominó al principio, se nota, sobre la idolatría popular, una tendencia al monoteísmo, el principio de la unidad del Dios oculto, absoluto y sin forma, que fue uno de los dogmas esenciales de los sacerdotes de la raza negra y de su iniciación secreta. Entre los Blancos vencedores, o conservados puros, se nota, al contrario, la tendencia al politeísmo, a la mitología, a la personificación de la divinidad, que proviene de su amor a la naturaleza y de su culto apasionado por los antepasados.

La diferencia principal entre la manera de escribir de los Semitas y los Arios, se explicará por la misma causa. ¿Por qué todos los pueblos semita s escriben de derecha a izquierda, y los arios de izquierda a derecha? La razón que de ello da Fabre d 'Olivet es tan curiosa como original, y evoca ante nuestros ojos una verdadera visión de este pasado perdido.

Todo el mundo sabe que en los tiempos prehistóricos no había escritura vulgar. El uso de ella no se generalizo hasta la escritura fonética o arte de figurar por letras el sonido mismo de las palabras. Pero la escritura jeroglífica, o arte de representar las cosas por signos cualesquiera, es tan vieja como la civilización humana. y siempre en esos tiempos primitivos, fue el privilegio del sacerdocio, como función religiosa y primitivamente como inspiración divina. Cuando en el hemisferio austral, los sacerdotes de la raza negra o meridional trazaban sobre pieles de animales o sobre tablas de piedra sus signos misteriosos, tenían por costumbre volverse hacia el polo Sur; su mano se dirigía hacia el Oriente, fuente de luz.

Escribían, pues, de derecha a izquierda. Los sacerdotes de la raza blanca o Septentrional aprendieron la escritura de los negros y comenzaron por escribir como ellos. Pero cuando el sentimiento de su origen se hubo desarrollado con la conciencia nacional y el orgullo de la raza, inventaron signos propios y en lugar de , orientarse hacia el Sur, hacia el país de los Negros, dieron cara al Norte, al país de los Antepasados, continuando la escritura hacia Oriente. Sus caracteres corren, pues, de izquierda a derecha.

De ahí la dirección de las runas célticas, del zend, del sánscrito, del griego, del latín y de todas las escrituras de las razas arias. Ellas corren hacia el Sol, fuente de la vida terrestre; pero miran al Norte, patria de los antepasados y fuente misteriosa de las auroras celestes.

La corriente semita y la corriente aria: he ahí los dos ríos por donde nos han llegado todas nuestras ideas, mitologías y religiones, artes, ciencias y filosofías. Cada una de estas corrientes lleva consigo una concepción opuesta de la vida, cuya reconciliación y equilibrio sería la verdad misma. La corriente semítica contiene los principios absolutos y superiores: la idea de la unidad y de la universalidad en nombre de un principio supremo que conduce, en su aplicación, a la Unificación de la familia humana. La corriente aria contiene la idea de la evolución ascendente en todos los reinos terrestres y supraterrestres, y conduce, en su aplicación, a la diversidad infinita de los desarrollos, en nombre de la riqueza de la naturaleza y de las aspiraciones múltiples del alma.

El genio semita desciende de Dios al hombre; el genio ario sube del hombre a Dios. El uno se representa por el arcángel justiciero, que desciende sobre la tierra armado de la espada y del rayo; el otro por Prometeo, que tiene en la mano el fuego robado del cielo y mide el Olimpo con la mirada.

Nosotros llevamos esos dos genios en nuestro interior. Pensamos y obramos por turno bajo el imperio de uno u otro. Pero están entretejidos, no fundidos en nuestra intelectualidad. Ellos se contradicen y se combaten en nuestros íntimos sentimientos y en nuestros pensamientos sutiles, como en nuestra. vida social y en nuestras instituciones. Ocultos bajo formas múltiples, que se podrían resumir bajo los nombres genéricos de espiritualismo y naturalismo, dominan nuestras discusiones y nuestras luchas. Irreconciliables e invencibles los dos, ¿quién los unirá? Y sin embargo, el avance, la salvación de la humanidad dependen de su conciliación y de su síntesis. Por tal razón, en este artículo quisiéramos remontarnos hasta la fuente de las dos corrientes, al nacimiento de los dos genios. Sobre las luchas históricas, las guerras religiosas, las contradicciones de los textos sagrados, pasaremos al interior de la conciencia misma de los fundadores y de los profetas que dieron a las religiones su movimiento inicial.

Ellos tuvieron la intención profunda y la inspiración de lo alto, la luz viva que da la acción fecunda. Sí, la síntesis preexistía en ellos. El rayo divino palideció y se obscureció entre sus sucesores; pero reaparece, brilla, cada vez que desde un punto cualquiera de la historia un profeta, un héroe o un vidente remonta a su foco. Porque sólo desde el punto de partida se divisa el objetivo. Desde el Sol radiante, el curso de los planetas.

Tal es la revelación en la historia, continua, graduada, multiforme como la naturaleza; pero idéntica en su manantial, una como la verdad, inmutable como Dios.

Remontando el curso de la corriente semita, llegamos por Moisés a Egipto, cuyos templos poseían, según Manethón, una tradición de 30.000 años. Remontando el curso de la corriente aria, llegamos a la India, donde se desenvolvió la primera grande civilización resultante de una conquista de la raza blanca. La India y Egipto fueron dos madres de religiones. Los dos países tuvieron el secreto de la gran iniciación. Entraremos en sus santuarios.

Pero sus tradiciones nos hacen remontar más alto aún, a una época anterior, donde los dos genios opuestos de que hemos hablado nos aparecen unidos en una inocencia primera y en una armonía maravillosa. Es la época aria primitiva. Gracias a los admirables trabajos de la ciencia moderna, gracias a la filología, a la mitología, a la etnología comparadas, hoy nos es permitido entrever esa época. Ella se dibuja a través de los himnos védicos que no son, sin embargo, más que su reflejo, con una sencillez patriarcal y una grandiosa fuerza de líneas. Edad viril y grave que se parece a la edad de oro que soñaron los poetas. El dolor y la lucha existen, sin embargo; pero hay en los hombres una confianza, una fuerza, una serenidad, que la humanidad no ha vuelto jamás a encontrar.

En la India el pensamiento se hará profundo, los sentimientos se afinarán. En Grecia las pasiones y las ideas se cubrirán con el prestigio del arte y el vestido mágico de la belleza. Pero ninguna poesía sobrepuja a ciertos himnos védicos en elevación moral, en alteza y amplitud intelectual. Hay allí el sentimiento de lo divino en la naturaleza, de lo invisible que la rodea y de la grande unidad que penetra el todo.

¿Cómo nació civilización semejante? Cómo se desarrolló tan alta intelectualidad en medio de guerras de raza y de la lucha contra la naturaleza. Aquí se detienen las investigaciones y las conjeturas de la ciencia contemporánea. Pero las tradiciones religiosas de los pueblos, interpretadas en su sentido esotérico, van más lejos y nos permiten adivinar que la primera concentración del núcleo ario en el Irán se hizo por una especie de selección operada en el seno mismo de la raza blanca, bajo la égida de un conquistador y legislador, que dio a su pueblo una religión y una ley conformes con el genio de la raza.



En efecto, el libro sagrado de los Persas, el Zend Avesta, habla de ese antiguo legislador bajo el nombre de Yima, y Zoroastro, al fundar una religión nueva, apela a ese predecesor como al primer hombre a quien habló Ormuzd, el Dios vivo, como Jesucristo apeló a Moisés. El poeta persa Firdousi llama a ese mismo legislador, Djem, el conquistador de los Negros. En la epopeya india, en el Ramayana, él aparece con el nombre de Rama, vestido de rey indio, rodeado de los esplendores de una civilización avanzada; pero conserva sus dos caracteres distintivos de conquistador, renovador e iniciado.

En las tradiciones egipcias, la época de Rama es designada por el reino de Osiris, el señor de la luz, que precede al reino de Isis, la reina de los misterios. - En Grecia, en fin, el antiguo héroe semidiós era honrado bajo el nombre de Dionysos, que viene del sánscrito Deva Nahousha, el divino renovador. Orfeo dio ese nombre a la Inteligencia divina, y el poeta Nonnus cantó la conquista de la India por Dionysos, según las tradiciones de Eleusis.



Como los radios de un mismo círculo, todas esas tradiciones designan un centro común. Siguiendo su dirección, se puede llegar a él. Entonces, por encima de la India de los Vedas, sobre el Irán de Zoroastro, en el alba crepuscular de la raza blanca se ve salir de los bosques de la antigua Escitia al primer creador de la religión aria, ceñido con su doble tiara de conquistador y de iniciado, llevando en su mano el fuego místico, el fuego sagrado que iluminará a todas las razas.


A Fabre d'Olivet pertenece el honor de haber encontrado ese personaje (6) y de trazar la vía luminosa que a él conduce; siguiéndola, trataré, a mi vez, de evocarle.


NOTAS

(1) Esa división de la humanidad en cuatro razas sucesivas y originarias, era admitida por los más antiguos sacerdotes de Egipto. Ellas están representadas por cuatro figuras de tipos y tez diferentes en las pinturas de la tumba de Setis I en Tebas. La raza roja lleva el nombre de Rot; la raza asiática, de piel amarilla, el de Aruc: la africana o negra, el de Halasiu; la líbico­europea o blanca de cabellos rubios, el de Tamahu. - Lenormant, Historie des peuples d'Orient, c. I.

(2) Véanse los historiadores árabes, así como Abdul-Ghazí, historia genealógica de los Tártaros, y Mohammed-Mosen, historiador de los Pérsas. William Jones, Asiatic Researches, l. Discours sur les Tartares i les Persans. .

(3) Historie philosophique du genre humain, tomo I.

(4) Todos los que han visto una verdadera sonámbula, han quedado admirados de la singular exaltación intelectual que se produce en su sueño lúcido. Para aquellos que no han sido testigos de tales fenómenos y que duden de ellos, citaremos un pasaje del célebre David Strauss, que no puede ser sospechoso de superstición. El vio en casa de su amigo el doctor Justinus Kerner a la célebre "vidente de Prévorst" y la describe así: "Poco después. la visionaria cayó en un sueño magnético. Contemplé por vez primera el espectáculo de ese estado maravilloso y puedo decirlo en su más pura y bella manifestación. Era una cara con expresión de sufrimiento, pero elevada y tierna y como inundada de un rayo celeste: una palabra pura, solemne, musical una especie de recitado; una abundancia de sentimiento, que desbordaban y que se hubieran podido comparar a bandas de nubes tan pronto luminosas como sombrías resbalando sobre su alma o también a brisas melancólicas y serenas impregnadas en las cuerdas de una maravillosa arpa eoliana". (Trad. R. Lindau, Biografíe General: art. Kerner)

(5) Véase la última batalla entre Ariovisto y César en los comentarios de este.

(6) Histoire Filosophique du genre Humain - Tomo I.



Gracias a EDUARDO SC