EL SÉPTIMO HOMBRE

Durante trescientos años, Henoc aprendió todos los secretos (del Cielo y de la Tierra) de los bene Elohím (‘los hijos de los Señores’). De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él.


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jueves, 26 de diciembre de 2013

Janucá. Fiesta de la Luz

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El Cómo y cuando de Janucá

La festividad de Januca, conmemora la histórica victoria de los Macabeos luego de una rebelión de tres años de duración en contra del régimen reinante de los seléucidas y contra sus partidarios judíos helenistas que conspiraron para imponer restricciones a las prácticas y valores religiosos judíos.

La lucha culminó con la reconquista del Templo de Jerusalén en el año 165 antes de la Era Común y la restauración del servicio religioso judío tradicional. La victoria restauró también la soberanía política judía sobre la Tierra de Israel. Janucá significa consagración y se refiere a la restauración del Templo al servicio de Dios después de haber sido profanado con prácticas e imágenes paganas.

·En Janucá está permitido realizar el trabajo diario.

·La observancia religiosa más importante consiste en el encendido de las velas de un candelabro de Janucá cada noche de la festividad.

·La menorá de Janucá es un candelabro de ocho brazos, con un lugar adicional para la luz de “servicio”. Este candelabro utiliza, ya sea velas, o mechas de aceite. Las luminarias se encienden con la luz de “servicio” (denominada shamash). La “luz de servicio” se coloca luego de vuelta en su lugar en la menorá.

·Las luces de Janucá se encienden tan pronto como sea posible después de la caída de la noche.

·Mientras se sostiene una “vela de servicio” encendida antes de prender la menorá se recitan las siguientes dos bendiciones:
“Baruj atá, Adonai, Eloheinu, mélel haolam, asher kidshanu bemitzvotv vetzivanu lehadlik ner shel Januca”.
Bendito eres Tú, Señor, nuestro Dios, Rey del Mundo, que nos has santificado con Tus preceptos y nos has ordenado encender la luminarias de Janucá.
“Baruj atá, Adonai, Eloheinu, mélej haolam, sheasá nisím laavoteinu bayamim~ hahém bazemán hazé”.
Bendito eres Tú, Señor, nuestro Dios, Rey del Mundo, que hiciste milagros a nuestros antepasados en aquellos días, en este aniversario.
Solamente en la primera noche se agrega una tercera bendición, la de Shejeianu

·En la primera noche se prende solamente la primera luminaria. Si uno se pone frente a la menorá, es la ubicada a la derecha. En la segunda noche, se encienden dos luminarias, y de esta manera se prosigue hasta la octava noche, en la que se encienden todas las luces de la Menora. Aunque las velas adicionales de cada noche se agregan hacia la izquierda, el encendido en sí tiene lugar de izquierda a derecha.

·Después de encender la menorá, oraciones adicionales y cánticos contenidos en el libro de oraciones iluminan el espíritu festivo de la ocasión, sobre todo si son entonados por todos los miembros de la familia.

·Las luminarias de la menorá de Januca no pueden ser utilizadas para ningún propósito utilitario -para leer, para iluminar una habitación, para prender un cigarrillo, etc. Es por esta razón que la luz de “servicio” o “shamash” se ubica cerca de las otras, de tal manera que si es necesario utilizar la llama, esta vela está disponible.

·La menorá iluminada debe colocarse con preferencia cerca de una ventana, de modo que pueda verse desde afuera, testimoniando públicamente el milagro de Janucá.

·Es meritorio que cada miembro de la familia tenga una menorá separada, que le permita a cada uno encender las luminarias de Janucá. Sin embargo, esto no se exige si en cada hogar hay por lo menos una menorá y una persona prende las luminarias por toda la familia.

·Una mujer puede encender la menorá en nombre de todos los miembros de su hogar.

·El viernes a la noche durante la semana de janucá, se encienda la menorá antes de las velas del Shabat aunque todavía no haya caído la noche. El sábado a la noche, la menorá se enciende en el hogar después de la recitación de la Havdala.

Se acostumbra ofrecer a los niños en Janucá monedas (Jánuca guelt) u otros regalos apropiados.
En Halel, las oraciones especiales de alabanza, y oraciones especiales de gratitud a Dios por las victorias y los milagros realizados, se agregan a los servicios de oraciones diarias y a la recitación de gracias después de las cornidas durante toda la semana de Janucá.

Encendido de las velas:
 
Primera Vela: Recite bendiciones 1, 2 y 3.  Encienda luego de finalizado el Shabat.

Segunda vela: Recite bendiciones 1 y 2.  Encienda al anochecer.

Tercera Vela: Recite bendiciones 1 y 2.  Encienda al anochecer

Cuarta Vela: Recite bendiciones 1 y 2.  Encienda al anochecer

Quinta Vela: Recite bendiciones 1 y 2.  Encienda al anochecer

Sexta Vela: Recite bendiciones 1 y 2. Encienda al anochecer

Séptima Vela: Recite bendiciones 1 y 2.  Encienda antes  de las Velas de Shabat
Octava Vela: Recite bendiciones 1 y 2.  Encienda luego de finalizado el Shabat.


Cómo encender la Menorá
Tu candelabro de Janucá puede parecer simple, pero usado correctamente es una poderosa fuente para llenar el universo con una luz sobrenatural, la cual incrementa la verdad, la justicia y la bondad en el mundo y desplaza la fuerza de la oscuridad.   He aquí cómo hacerlo:
1-Todos los espacios de tu menorá deben estar a la misma altura y en una misma línea, excepto el Shamash (vela piloto) el cual debe estar más alto que las demás velas.
2-El lugar optimo para colocar la menorá es en la puerta frente a la mezuzá. La ventana también es un buen lugar.
3-Cada uno en la casa puede encender su propia menorá. Una pareja casada se considera una persona y el esposo enciende por ambos.
4-La primera noche enciende la vela de la derecha. Luego cada día agrega una vela más hacia la izquierda encendiendo siempre la vela nueva en primer lugar.
5-El horario correcto para encender la menorá es al anochecer, 30 minutos aproximadamente luego de la puesta del sol. Puedes encenderla antes pero sólo asegurándote que el aceite o la vela duren hasta media hora después de la salida de las estrellas o sea 60 minutos luego de la puesta del sol.
6-El viernes por la tarde debe encenderse 18 minutos antes de la puesta del sol. Ni se te ocurra encenderlas luego de la puesta del sol porque profanarias el Shabat. Solo asegúrate de poner más aceite o usar velas más grandes para que duren hasta media hora después de la salida de las estrellas.
7-¿Llegaste tarde a casa? Mientras haya alguien alrededor despierto para ver la menorá, puedes encenderla. Sino, enciéndelas sin recitar las bendiciones
8-Las mujeres toman un descanso. Sabemos que les encanta estar en la cocina preparando la cena, pero las mujeres judías tienen por costumbre no hacer ninguna actividad mientras la menorá permanece encendida. Aproximadamente entre media y una hora.    

Antes de encender la Menorá recite las siguientes Bendiciones:
1)Baruj atá A-do-nai E-lo-heinu melej haolam asher kideshanu bemitzvotav vetzivanu lehadlik ner Janucá.
Bendito eres Tú, Dios nuestro Señor, Rey del Universo, Quien nos ha santificado con Sus preceptos y nos ha ordenado
encender la vela de Janucá.

2)Baruj atá A-do-nai E-lo-heinu melej haolam sheasá nisím laavotenu baiamim hahem bizmán hazé.
Bendito eres Tú, Dios nuestro Señor, Rey del Universo, Quien hizo milagros a nuestros antepasados, en aquellos días, en esta época.
Sólo la primera vez que enciendes la Menorá se recita shehejeianu.

3)Baruj atá A-do-nai E-lo-heinu melej haolam shehejeianu vekiemánu vehiguianu lizman hazé.
Bendito eres Tú, Dios nuestro Señor, Rey del Universo, Quien nos otorgó vida, nos sustentó y nos hizo llegar hasta la presente ocasión.
Luego recite lo siguiente:   “Hanerot Halalu”
“Encendemos éstas velas con motivo de las salvaciones, milagros y maravillas que has realizado para con nuestros antepasados en aquellos días en esta época, por intermedio de Tus Santos Sacerdotes. Estas luces son sagradas durante los ocho días de Janucá, y no nos es permitido emplearlas de ninguna manera sino solamente observarlas para agradecer y alabar Tu gran Nombre, por Tus milagros, maravillas y salvaciones”.   “Maoz Tzur”
Maoz Tzur ieshuati, Leja Nae Leshabeaj Tikon Bet Tefilati vesham toda nezabeaj Leet tajín matbeaj Mitzar hamnabeaj Az egmor beshir mizmor janucat hamizbeaj

Nueva Luz
Si echamos un vistazo a los eventos actuales, nos sorprenderemos. La historia de una pequeña luz expulsando al imperio de la oscuridad, la sensibilidad humana desafiando el terror y la fuerza bruta, la vida y el desarrollo luchando contra la destrucción. Esta batalla sigue vigente, está en nuestras vidas, y en el mundo que nos rodea.
La victoria de la “Luz” sobre la oscuridad es el mega drama cósmico, es la historia en curso.
Esta victoria ocurre anualmente en cada solsticio de verano (en el hemisferio sur) y a la puesta del sol de cada día.
Se encuentra en cada decisión que tomamos para hacer el bien en contra de la maldad, ser bueno donde hay crueldad, y construir donde otros destruyen. Janucá es más que una festividad; es un viaje espiritual de ocho días. Muchos conocen la historia de Janucá, el triunfo de un pequeño grupo de judíos enfrentando a sus opresores helénicos y una pequeña vasija de aceite que milagrosamente se utilizó para encender la Menorá del Templo durante ocho días. El espíritu de Janucá se experimenta cuando aplicamos su alegría, calor y luz a nuestras vidas diarias y no sólo influenciamos a nuestros seres queridos sino también al mundo entero.
 
Mensaje basado en las enseñanzas del Rebe de Lubavitch
Un milagro ocurrió
Si bien Alejandro Magno hizo las paces con Jerusalem, estábamos obligados a pagar tributo al imperio griego.
Entonces, un megalomaníaco llamado Antíoco Epífanes alcanzó el poder. Él saqueó el sagrado Templo de Jerusalem y prohibió la circunsición, el Shabat y los Tefilin, básicamente, prohibió todo aquello que tenía que ver con la identidad judía y nuestra relación con un único Dios.
Muchos judíos desafiaron estos decretos y murieron como mártires. Finalmente, cuando Antíoco colocó estatuas de Zeus en las ciudades y demandó de la gente que las adoren, una familia sacerdotal de la dinastía Jashmonea se levantó en armas. Se hacían llamar los Macabeos. El milagro ocurrió, a pesar de ser un puñado de campesinos contra el ejército de un imperio, ellos vencieron. Finalmente ellos lograron echar a los griegos de Jerusalem, limpiaron el profanado Templo y declararon la independencia.
Cuando los Macabeos recapturaron Jerusalem y entraron al Sagrado Templo, encontraron un gran desorden. Se dedicaron a limpiar el Templo y lo reinauguraron.
La Menorá de oro de 1,80 metros debía ser encendida con aceite de oliva puro, no profanado por aquellos que son ritualmente impuros. Todo el aceite del Templo había sido profanado por los griegos.
Entonces el milagro ocurrió:
Se encontró una vasija de aceite de oliva puro escondida bajo el piso, sellada con la insignia del Sumo Sacerdote.
Si bien era una sola vasija con aceite suficiente solo para una noche, éste ardió durante ocho días.  




Jugando al dreidl
Cuando Antíoco prohibió el estudio de la Torá, los judíos se reunían a estudiar en secreto. Si veían que un soldado griego
se acercaba, sacaban rapidamente sus perinolas y aparentaban jugar con ellas.
Jugamos el dreidel en Janucá como recordatorio de estos niños valientes y de su valor. La palabra dreidel viene del Idish, drei, “dan vuelta”. Nuestros dreidels tienen cuatro lados, con una letra hebrea impresa en cada uno: Nun, Gimmel, Hei, y Shin. Estos representan las iniciales de “Nes Gadol Haiá Sham”, que significa que “un gran milagro sucedió allí”, en referencia a la victoria milagrosa de los Macabeos.   Un dreidl con cuatro caras.  Algunas monedas, caramelos o fichas. Cada uno contribuye al pozo equitativamente.   Uno comienza a hacer girar el dreidl. Si cae en:   nun = ni pones ni sacas   guimel = toma todo   hei = tomas la mitad del pozo   shin = agregas al pozo   Si el pozo se vacía, todos vuelven a contribuir equitativamente. Puedes incluso subir la apuesta, haciendo que cada uno aporte la misma cantidad que Vd.



Receta:
LATKES DE PAPA:
1 kg. de papas.
1 cebolla.
2 huevos.
Sal y pimienta a gusto.
4 cucharadas de harina leudante.
Aceite (cantidad necesaria para freír).
Preparación:
• Pelar, lavar, secar y rallar las papas.
• Rallar la cebolla y poner todo en un bol, junto con los huevos, la sal y la pimienta.
• Agregar la harina y mezclar bien hasta obtener una masa ni muy espesa, ni muy liviana.
• Calentar aceite en una sartén y verter la preparación por cucharadas.
• Freír los latkes hasta que se doren de los dos lados.
Es recomendable ponerlos sobre una fuente con papel absorbente para que no salgan muy aceitosos.



                        
 E.B.G. Jacob Uriel Escalera  M.:.M.:. 
 A.·. L.·. MMXIII   Shalom aleijem 

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Etiquetas: Dios, Hebreo, Israel, Judios

martes, 12 de noviembre de 2013

La plegaria del Shemá.

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Expresando la unidad. La plegaria judía más famosa, es el Shemá. 

Es una mitzvá (precepto) decir el Shemá por la mañana y en la noche. También figura un par de veces más en el Libro de Rezos. Además del recitado del Shemá en la plegaria de la noche, también se lo recita antes de irse a dormir. Es uno de los primeros textos judaicos que se le enseña al niño, y también es pronunciado cuando una persona finalmente, deja este mundo.
La frase central en la primera línea del Shemá es “Dios es Uno”. El Talmud habla sobre “alargar” la manera en la que uno dice “Uno”: “Ejad”. Quien alarga la palabra “Ejad”, entonces sus días y años también se alargarán.

Las enseñanzas Jasídicas explican, que “alargar”, significa pensar y meditar el significado interno del mundo. La idea de “Dios es Uno” significa que no solo hay un Dios, sino que Dios y toda la creación son una cosa. No hay nada aparte de Dios. Nada existe fuera de Él; cada cosa que percibimos, cada partícula de existencia, no es sino una manifestación de Dios.

Por este motivo, cualquier cosa en el Universo está totalmente dependiente de Dios en cada momento. Dios creó el Universo hace mucho tiempo, pero también lo mantiene existiendo continuamente. Los Sabios hablan sobre una energía que emana de la esencia infinita de Dios, que hace que el Universo exista. Si Él cesa de dar esta fuerza viviente al mundo, dejaría de existir. Maimónides dice:
Dios puede existir sin el mundo, pero el mundo no puede existir sin Dios. Con este concepto en mente, es que uno declara el Shemá con todo su ser.

Unidad
Las letras Hebreas tienen un valor numérico, que nos ayuda a comprender el significado de la Torá y de sus plegarias.
La palabra “Uno” en el Shemá, “Ejad”, se forma con tres letras: Alef, Jet, Daled.
Alef, que tiene el valor numérico de “uno”, se refiere a Dios Mismo. 
Jet, cuyo valor numérico es “ocho”, se refiere a los siete cielos y la tierra, o sea, “arriba” y “abajo”, el plano vertical, e incluyendo todas las dimensiones espirituales. 
La tercer letra es Daled, cuyo valor numérico es “cuatro”, que denota las cuatro direcciones del plano horizontal: norte, sur, este, oeste.

Ahora podemos entender lo que quiere decir el Talmud al decir “alargar” la manera en la que decimos “Ejad”. Significa, pensar sobre el significado del mundo: que el mundo y todas sus dimensiones, ya sea la física y la espiritual, y el mundo entero y el Universo físico entero, todo es una expresión de la unidad infinita de Dios.
El pueblo Judío en sí mismo es descrito como “Ejad”, “Una nación en el mundo”. Esto implica, no solo que somos únicos en el mundo, sino que somos una nación que comunica a toda la humanidad el concepto de la unidad de Dios.
Más aún, al mantener los mandamientos de Dios en nuestra vida diaria, traemos la Unidad Divina a este mundo, dentro de cada detalle de nuestra existencia física.
Como dice el Talmud, Dios nos premia otorgándonos largos y plenos días y años.
Gracias a Tali Loewenthal 



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  E.B.G. Jacob Uriel Escalera  M.:.M.:. 
    A.·. L.·. MMXIII   Shalom aleijem 
 
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Etiquetas: Dios, Israel, Judios, Oracion

lunes, 26 de septiembre de 2011

Los números en la Biblia. Una segunda aproximación.

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Para nosotros los números tienen un significado muy distinto a los números que leemos en la Biblia.
En la Biblia los números tienen tres significados distintos: cantidad, simbolismo y mensaje.

Primer sentido: LA CANTIDAD

Es un significado parecido al nuestro. Por ejemplo veamos: 1Rey 18, 1 2Rey 22,1 1 Rey 4, 7 Jn 11,18 .Estos números no son simbólicos ni encierran ningún mensaje oculto. Simple y llanamente se refieren a la cantidad de años, personas o distancia mencionadas en el texto.

En este significado no hay lugar para la confusión: lo que el número dice es lo que quería decir el autor.

Segundo sentido: EL SIMBOLISMO

Un número simbólico es aquel que no indica una cantidad, sino que expresa una idea, un mensaje distinto de él, que lo supera y lo desborda.

No siempre es posible saber por qué tal número significa "tal" cosa. La asociación entre ambas realidades a veces es desconocida. Para nosotros los occidentales esto es difícil de entender, pero los semitas los usaban con toda naturalidad para transmitir ideas, mensajes o claves.

La Biblia no explica nunca qué simboliza cada número, pero los estudiosos han llegado a averiguar algunos de sus simbolismos y han podido aclarar muchos episodios bíblicos.

El número 1 simboliza a Dios, que es único. Por ello indica exclusividad, primado, excelencia: Mt 19,17 Mt 19,17 Mt 19,6 Jn 10,30 Gál 3,28 Ef 4,5 En todos estos casos, el uno simboliza el ámbito divino.

El número 2 representa al hombre, pues en él hay siempre dualidad, división interior por culpa del pecado. Mt 20,30 Mt 26,60

El número 3 representa "totalidad", quizá porque 3 son las dimensiones del tiempo: pasado, presente y futuro. Decir 3 equivale a decir "la totalidad" o "siempre". Gn 6,10 Mt 26,34 Is 6,3

El número 4 en la Biblia simboliza el cosmos, el mundo, ya que son 4 los puntos cardinales. Cuando se dice que en el Paraíso había 4 ríos (Gn 4,10) significa que todo el cosmos era un Paraíso antes del pecado de Adán y Eva. O sea, no se trata de un sitio determinado, aunque algunos continúen buscando dónde estaba. Ez 37,9 Apoc 4,6

El número 5 significa "algunos", "unos cuantos", una cantidad indefinida. Así, se dice que en la multiplicación de los panes Jesús tomó 5 panes (=algunos panes). Que en el mercado se venden 5 pajarillos por dos monedas (=algunos pajaritos)... 1 Cor 14,19

El número 7 tiene el simbolismo más conocido de todos. Representa la perfección. Por eso Jesús dirá a Pedro que debe perdonar a su hermano hasta 70 veces 7. También puede expresar la perfección del mal, o el sumo mal, como cuando Jesús enseña que si un espíritu inmundo sale de un hombre puede regresar con otros 7 espíritus peores, o cuando el evangelio cuenta que el Señor expulsó 7 demonios de la Magdalena.
El Apocalipsis es el que más lo emplea: 54 veces para describir simbólicamente las realidades divinas: las 7 Iglesia del Asia, los 7 espíritus del trono de Dios, las 7 trompetas, los 7 candeleros, los 7 cuernos, etc.

La tradición cristiana continuó este simbolismo del 7, y por eso fijó en 7 los sacramentos, los dones del Espíritu Santo, las virtudes.

El número 10 tiene un valor que sirve para recordar. Al ser 10 los dedos de las manos, resulta fácil recordar esta cifra. Por eso figuran como 10 los mandamientos que Yahvé dio a Moisés (podrían haber sido más), y 10 las plagas que azotaron a Egipto. También por esta razón se ponen sólo 10 antepasados entre Adán y Noé, y 10 entre Noé y Abraham, aun cuando sabemos que existieron muchos más.

El número 12 es también simbólico. Significa "elección". Por eso se hablará de las 12 tribus de Israel, cuando en realidad el Antiguo Testamento menciona más de 12; pero con esto se quiere decir que eran tribus "elegidas". Igualmente se agruparán en 12 a los profetas menores del Antiguo Testamento. También el Evangelio mencionará 12 apóstoles de Jesús, que resultan ser más de 12 si comparamos sus nombres; pero se los llama "Los Doce" porque son los elegidos del Señor. Asimismo Jesús asegura tener 12 legiones de ángeles a su disposición (Mt 26,53). El Apocalipsis hablará de 12 estrellas que coronan a la Mujer, 12 puertas de Jerusalén, 12 ángeles, 12 frutos del árbol de la vida.

El número 40 tiene también valor simbólico. Representa el "cambio", de un período a otro, los años de una generación. Por eso el diluvio dura 40 días y 40 noches (pues es el cambio hacia una nueva humanidad). Los israelitas están 40 años en el desierto (hasta que cambia la generación infiel por otra nueva). Moisés permanece 40 días en el monte Sinaí, y Elías peregrina otros 40 días hasta allí (a partir de lo cual sus vidas cambiarán). Jesús ayunará 40 días (porque es el cambio de su vida privada a su vida pública).

El número 1.000 significa multitud, gran cantidad: Dan 5,1 Salm 90 1 Rey 3,4 1 Rey 11,3. A veces este número puede entrar en combinación con otros. Así, en el Apocalipsis dice simbólicamente que al final del mundo se salvarán 144.000 elegidos, porque es la combinación de 12x12x1.000, y significan los elegidos del Antiguo Testamento (12), y los elegidos del Nuevo Testamento (12), en una gran cantidad (x1.000).

Quedan otros números simbólicos como el 70. San Lucas dice que Jesús eligió a 70 discípulos para enviarlos a todos los lugares y sitios por donde él tenía que pasar (Lc 10,1). No está dando una cifra real, sino simbólica, ya que según Gén 10, el total de los pueblos y naciones que existían en el mundo era 70. Cuando Lucas dice esto, lo que quiso decir es que los mandó para que el evangelio llegara a todas las naciones del mundo.

También vemos otra cifra en Jn 21,11 ¿Por qué tanto interés en dejar registrado el número de 153 peces? Es que en la antigüedad se creía, entre los pescadores, que 153 era el número de peces que existía en los mares. El mensaje es claro: Jesús vino a salvar a gente de todas las naciones, razas y pueblos del mundo.

No todos los números en la Biblia son simbólicos, ante cada cifra tenemos que preguntarnos ¿esta cifra indica cantidad o encierra un mensaje?

Tercer sentido: EL MENSAJE (sentido gemátrico).

En las lenguas hebrea y griega las letras tienen un valor numérico. Así el 1 sería la A, el 2 la B, etc.

El número obtenido con la combinación de letras se llama gemátrico. En cada cifra podía haber escondida una palabra. La Biblia trae varios ejemplos de estos números gemátricos.

Por ejemplo: Cuando salieron los israelitas de Egipto dicen que salieron 603.550 hombres, sin contar mujeres y niños, pero si sustituimos las letras de la frase "todos los hijos de Israel" (en hebreo: rs kl bny ysr´l) por sus correspondientes valores numéricos da precisamente 603.550, con lo cual lo que están diciendo es que salieron "todos los hijos de Israel".

Mt 1,17 divide a los antepasados de Jesús en tres series de 14 generaciones cada una. Pero esto es imposible. Mateo sólo pone tres nombres para cubrir los 430 años de esclavitud en Egipto. Lo que ocurrió fue que cogieron el nombre de David (D=4+V=6+D=4=14)

Y como se esperaba que el Mesías fuera descendiente de David, el evangelista quiso decir que Jesús es el "triple David", el Mesías total, verdadero descendiente de David.

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Etiquetas: Biblia, Dios, Divulgación

Los números de DIOS. Las cifras DIVINAS.

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Texto1
La numerología bíblica está basada en el simbolismo espiritual de los números. En el alfabeto hebreo de 22 letras, a cada una le corresponde un determinado número que tiene un cierto significado y valor. Muchos números de la Biblia contienen misteriosos y fascinantes significados simbólicos; por ejemplo, el “setenta veces siete” del Evangelio o “el número de la Bestia” -el 666- y los 144.000 salvados del libro del Apocalipsis.

Para la Biblia, las letras unidas a los números constituyen un lenguaje creador. En la primera página del libro del Génesis -con el cual comienza toda la Escritura- se afirma que la Palabra dijo e hizo todo de la nada. La Creación aparece en una gran concepción lúdica y estética: la Palabra es dinámica, vital, concreta, operadora y eficaz. No promete sino que realiza aquello que designa. Cuando pronuncia, crea el ser de todas las cosas. Todo el universo es una “palabra”.

Para algunas corrientes de interpretación bíblica, todo ser creado es una palabra y -a la vez- un número que guarda algún secreto de Dios. De las diversas combinaciones que pueden darse entre letras y números surgen las posibilidades de la Creación y las variaciones en la sinfonía del mundo. Incluso afirman que el Nombre sagrado y misterioso de Dios está formado por todas las letras que componen el alfabeto y que éste, por tanto, tiene múltiples formas de revelarse; por eso Dios es un misterio infinito cuyo Nombre resulta indecible e inefable. Nadie puede pronunciarlo, ni conocerlo. Todas las expresiones que se usan para designar a Dios son “metáforas”, circunloquios para evitar nombrarlo directamente.

Además los números bíblicos tienen vida propia. No son sólo entidades de naturaleza lógica y formalmente matemática, tal como nosotros -en la actualidad- los consideramos. Para la cultura antigua y oriental de la Biblia, tan lejana a nuestra actual visión occidental y pragmática, los números conformaban realidades y símbolos que expresaban la naturaleza de las cosas en su propia esencia, descubriendo tanto su realidad espiritual como su realidad física simultáneamente. El enigma de los números propiciaba una experiencia, un método y una herramienta para el acceso a la esencia de las cosas ya que la realidad no es solamente lo que aparece.

El número “descifra” –precisamente porque es un número, es una “cifra”- descifra (decíamos) el secreto de las cosas, su “alma” escondida y oculta. Conocer los números es captar el dinamismo de la realidad y sus leyes invisibles. Así, de la misma manera en que las leyes físicas básicas -tales como la gravedad y el magnetismo- existen independientemente de nuestra conciencia y voluntad, las leyes espirituales que rigen el universo, influyen y están simbolizadas en los números. El conocimiento espiritual y sapiencial de estos números permite vivir en armonía con estas leyes.

Cada letra del alfabeto hebreo -como elemento creador- tiene asignado un número, lo que le confiere variados significados. Ya que en el idioma hebreo no hay vocales, de la lectura de una palabra se pueden obtener diversos significados simbólicos posibles e incluso armar una considerable cantidad de palabras ocultas. Se realizan cálculos numéricos -obtenidos a partir de las letras- arribando así a posibles significaciones.

¡Cuánta magia y belleza que tenían estas concepciones!; ¿qué nos habrá pasado para que hayamos cambiado nuestro candor e inocencia para contemplar lo que nos rodea?; ¿no será acaso que tenemos que aprender a mirar?...

Texto 2
En la Biblia, cada número tiene un sentido propio y –a la vez- otro derivado, simbólico o alegórico. El desarrollo del simbolismo de las letras y de los números del alfabeto hebraico luego se unió a las figuras geométricas. Con la combinación de estos elementos diferentes hay quienes sostienen que se pueden descifrar las leyes esenciales que rigen las cosas. El universo es un alfabeto divino. Hay que aprender a descifrar ese idioma desde el cual Dios también nos habla.

Los números son conceptos humanos elevados, complejos y elaborados. En el año 530 antes de Cristo, el filósofo Pitágoras desarrolló una teoría de la relación entre los planetas. Sostuvo que cada uno de ellos tenía una particular “vibración numérica”. Los números contenían la “vibración secreta” de las cosas que denominó “la música de las esferas”. Mediante su método también descubrió que las palabras poseían un sonido que vibraba en consonancia con la frecuencia de los números. Manifestó así la armonía del universo, las leyes de la naturaleza y la matemática en relación a la música. Todo estaba perfectamente unido en el cosmos, el cual es “música”, matemática encarnada en los sonidos.

Hoy la numerología bíblica es utilizada –a veces con bastante poca seriedad- por el auge de algunas modas que intentan el resurgimiento de una corriente mística y filosófica de la antigua tradición judía llamada “Cábala” o “Kabalá” (del hebreo קבלה kabalah, “recibir”)..

El siglo XXI no es como el siglo XX que se caracterizó por el “eclipse y el ocultamiento cultural de Dios”. Un tiempo marcado por el ateísmo, el agnosticismo, el escepticismo y el indiferentismo religioso. El siglo XXI cree en todo. No tiene problema en fusionar diversas tradiciones espirituales y convivir como si fueran una misma y única fe. Esto se llama “sincretismo”. Se termina creyendo en todo de manera un tanto supersticiosa. Actualmente algunos aspectos de la Biblia generan mucho interés pero no necesariamente desde una fe madura y coherente sino desde la curiosidad. El siglo XXI es un siglo que busca su propia interioridad y -a veces- no sabe dónde encontrarla. Hay pocos maestros que nos guíen en esto.

El filósofo y matemático de la Antigüedad llamado Pitágoras decía que “el mundo está construido sobre el poder de los números”. Desde siempre, el ser humano ha explorado los diversos caminos del arte, la ciencia y el espíritu, en su intento por descubrir la verdad sobre sí mismo. Existieron en la historia varias corrientes de pensamiento y religiones que se dedicaron al estudio del simbolismo numérico. No sólo estaba la tradición judía; también los caldeos -que tuvieron sus orígenes en la civilización babilónica- los chinos, los griegos y los árabes. Hay distintas numerologías que parten de los principales y más antiguos alfabetos como el sánscrito, fundamento de la numerología tántrica, el griego en el que se basa la numerología pitagórica y el alfabeto judío en el que se sustenta la numerología de la Biblia y de la tradición espiritual llamada “cábala”.

Los hindúes -de quienes Pitágoras recibió el conocimiento matemático- relacionaban los números con lo sagrado y divino. Quien se dedicaba a ellos se consagraba a una ciencia divina. También los hebreos tenían este profundo significado. En el mundo antiguo, casi todo era sagrado. Casi nada había profano. Todo se relacionaba con la divinidad o con la pluralidad de las divinidades. Hoy, nuestro mundo, está tan desacralizado que -para nosotros- los números son meramente cifras que posibilitan cálculos, índices, porcentajes y operaciones matemáticas. Los hemos despojado de misterio. Es una pena que para nosotros, los números sean sólo números. Eso refleja, además, una mirada que tenemos sobre todas las cosas. Con el avance de la técnica y la ciencia, el mundo tiene cada vez menos secretos o –al menos- creemos eso. El mundo sigue siendo tan fascinante y misterioso cada antes. Lo que ha cambiado es nuestra mirada.

¿Vos cómo ves el mundo?; ¿cómo ves tu mundo?, ¿conservás aún una mirada de asombro y estupor en el milagro de la vida y del mundo que se abren ante tu ojos?; ¿cuál es tu norte y tu sur, mientras gira este mundo entre la luz y sombra?


Texto 3
Los números están en todas las cosas. Tienen un alcance doméstico, cotidiano y universal. Conforman la materia, la sustancia y el inicio del movimiento de la naturaleza: la raíz y el principio de toda la Creación. Están escondidos en todos los seres: en las fechas, en las edades, en las medidas, en los gastos, en el paso del tiempo y en las cronologías de la historia. Incluso se encuentran en el cielo, en el universo, en la astronomía y en las ciencias. También se hallan en la pintura, la arquitectura y la escultura ya que requieren cálculos y perspectivas. Están en la música: los compases, acordes y ritmos son números. Hasta la fe tiene relación con los números: el Dios Trino es uno y tres; Jesucristo es una persona divina con dos naturalezas, la divina y la humana; recordemos además los 10 mandamientos, los 7 sacramentos, los 7 pecados capitales, los 7 dones del Espíritu Santo, los 5 preceptos de la Iglesia, las 4 virtudes cardinales, las 3 virtudes teologales, las 3 edades de la vida interior, etc.

También hoy las ciencias afirman una visión integral y totalizante, una perspectiva “holística” en donde el número manifiesta la importante relación de la parte con el todo, buscando una profunda armonía y equilibrio. Incluso algunos afirman que cada número tiene su propia “personalidad”, su forma y figura geométrica: el 3 es el triángulo, el 4 es el cuadrado, el 5 es el pentágono, el 6 es el hexágono y así sucesivamente. Las figuras son relaciones y proporciones. La perspectiva es medida y la forma es figura. Todo incluye el número y la matemática.

La relación con los números se verifica incluso en la vida interior. Esta cuestión es tan antigua como el nacimiento del conocimiento humano. Desde el comienzo, en diferentes culturas, se estableció una relación mística entre los números, los seres vivos, las fuerzas físicas y espirituales. De hecho, la numerología hoy se considera una disciplina o un arte. En la Antigüedad era una ciencia ya que se daba un valor cualitativo a los números y se asociaban a la idea de un mundo celeste que tenía su correspondencia en esta tierra. Los números y sus combinaciones –con su posibilidad de infinitas variaciones- eran espejos que reflejaban las imágenes de las cosas.

No existían unos números que fueran mejores que otros. Todos resultaban necesarios. Se sostenía que los números y sus relaciones proyectadas en el tiempo, en el espacio o en los movimientos, creaban consonancia, orden, adaptación, concordia, acorde, armonía y belleza.

Los números impares eran el principio de la identidad, la indivisibilidad, la simplicidad, la igualdad, la constancia, la totalidad y el elemento masculino. Los números pares, en cambio, eran la dualidad, la multiplicidad, la divisibilidad, la composición, la variedad, la fluidez, la ligereza y el elemento femenino. La belleza de los números y su estética matemática surgían de las infinitas combinaciones posibles entre la estabilidad y el movimiento, lo igual y lo desigual, lo uno y lo múltiple, lo par y lo impar, lo masculino y lo femenino.

En el universo creado, todo es naturalmente proporcionado. El mundo es una admirable sinfonía, contiene una belleza polifónica. Todo ser posee música en su interior y esto –para los Antiguos- no era simplemente una metáfora. La justa proporción que existe en la esencia y estructura de los números es lo que permite las leyes fundamentales de la música.

Hay que escuchar el concierto de las cosas. Todo es un inmenso cántico y cada creatura contiene -en su silencio- el sonido que identifica su secreta armonía. La belleza del mundo –como un espejo- refleja nuestra imagen: traduce y prolonga las proporciones del cuerpo y del espíritu humano. Los miembros y sus movimientos armonizan con el ritmo de la danza. En la naturaleza, todo tiene color, ritmo, cadencia y vibración. En el ser humano hay un acento y un compás en la voz, la respiración, los latidos del corazón, el pulso, el torrente sanguíneo, las emociones y los sentimientos. Todo se mueve. El ser humano es “la música y la danza del mundo”. Hay quienes afirman que en el universo exterior, los cuerpos siderales que orbitan a través del espacio con masas, velocidades y distancias que se traducen en relaciones numéricas, generan sonidos que -al unísono o en sucesión- producen particulares melodías generando así una especie de “música cósmica”.

También la poesía tiene una música interna en las palabras y en la métrica. La poesía es melodía sin música. En ella hay palabras y silencios, matices e intensidades. Todo tiene su modulación, su canto, su danza, su poesía. Todo elemento del mundo visible e invisible guarda el secreto de su propia música.

La armonía, la proporción, el movimiento, la figura: todo es una combinación perfecta de esa música que rige el espacio y el tiempo, el universo y el ser humano. Dios también es música y belleza. En su interior posee una Palabra con sonoridad eterna y un silencio lleno de infinitos ecos, una sublime e inigualable música infinita.

En definitiva, detrás de toda belleza resplandece el mundo inmaterial de los números. Ellos abarcan todas las cosas y confieren una música callada, un eco sonoro y un ritmo interior. En ese mundo habita la serena belleza de Dios, la cual se refleja y comunica en la música del mundo y del tiempo, una vasta sinfonía cuyas líneas armonizan -en cada instante- con un orden admirable que todo lo abarca.

Los números también están presentes en nuestra existencia singular. No se encuentran ni en exceso, ni en defecto. Están en su justa medida y en un número exacto y -a la vez- limitado de tiempo. Sólo Dios se reserva el “Número infinito”. Los demás seres tenemos un número finito de tiempo. Nuestro tiempo y el curso de su vida poseen la cuerda de un “número” limitado. El día de neutro nacimiento tiene el número de una fecha determinada. El día de nuestra muerte igualmente lo tendrá. Como dice el Salmo: “Tú, Señor, conoces hasta el fondo de mi alma. Nada de mi ser se te oculta cuando yo era formado en lo secreto y tejido en lo profundo de la tierra. Tus ojos veían mis acciones, todas ellas estaban en tu Libro. Mis días estaban escritos y señalados, antes de que llegara el primero” (Sal 139, 14-16).

Si todo en este universo es música y danza, incluso el tiempo y la vida: ¿cuál será la música que se oye en lo escondido de tu alma, la que se escucha en los ecos de tu historia?; ¿y si nos ponemos a bailar aún en medio de las ruinas y las cenizas?; ¿sobre los vestigios del tiempo y de las fechas?; ¿y si danzamos sobre el horizonte sin que nadie nos vea?...


Texto 4

Para la Biblia -y para muchas culturas antiguas- el número no era sólo una cifra o un guarismo solitario sino una poderosa expresión del cosmos, una revelación finita de lo infinito de Dios. En el Antiguo Testamento se afirma que Dios ha “dispuesto todo con medida, número y peso” (Sb 11,20). Es así que cada número tiene un simbolismo universal. Por ejemplo, el número cero representa lo que no es pero puede ser, o lo que ya ha sido. Puesto a la izquierda de cualquier número lo reduce, puesto a la derecha lo aumenta. Por lo tanto, puede ser todo o nada. Lo que aún no es con la posibilidad de poder serlo todo. Su forma más abstracta es la negación. Cuando es nada, manifiesta lo indeterminado, lo inexistente. Al ser previo a todo número, alude a la eternidad, la cual es anterior a la sucesión y al tiempo. El 0 es potencialidad. Está representado por el círculo, figura autocontenida e infinita que carece de principio y fin.

En la debilidad del cero reside toda su fuerza. A veces pierde todo lo que lleva encima. Es desnudez que renuncia, lo entrega todo para jerarquizar a los otros números. Sólo no vale nada, se encuentra despegado de sí mismo. Su permanencia está en su fugacidad. Es tan liviano que puede ser el disfraz de la nada. Es límite y también posibilidad. Su fuerza radica en que dibuja la huella digital del infinito, la redondez perfecta de la eternidad. Es el estado inocente y virginal de todas las cosas: espacio cero, tiempo cero, conciencia cero, hora cerco. Hay un cero en las entrañas de todas las cosas. El cero es fantasma e inmensidad, vacío y plenitud a la vez.

El número 1 es la determinación, la voluntad y el comienzo de las cosas. Es el número del líder, del precursor, de la invención. Es fuerte y dominador. Representa la unidad y lo indivisible. Al no admitir partes simboliza la forma más sencilla de existencia y –a la vez- sumado a otros, aumenta el resto. El 1 es autosuficiente, tanto si se multiplica como si se divide por él mismo queda siempre 1. Esto no ocurre con ningún otro número. Se lo representa por el punto porque tampoco éste admite partes.

El número 2 es el principio de la dualidad y la diversidad. El 1 representa lo masculino. El 2 lo femenino. También es el lado oscuro y ambiguo en el dualismo de todo ser. La Biblia al narrar la Creación, al final de cada día, dice que “Dios vio que todo era bueno”, frase omitida en uno sólo de los 6 días, precisamente el segundo. El 2 se desempeña como árbitro y juez ya que contempla los dos lados de las cosas. Está relacionado con la intuición, ve lo positivo y lo negativo, lo manifiesto y lo oculto, el consciente y el inconsciente. A partir de él comienza la sucesión –ya sea multiplicando o dividiendo- por lo cual simboliza el paso del tiempo y es representado por una línea que tiene principio y fin, es decir una dirección, un pasado y un futuro.

El número 3 es el de la creación, ya que es el resultado de la suma del 2 + 1, es decir, del principio femenino del 2 sumado al principio masculino del 1. Aquí hay un simbolismo sexual ya que del elemento masculino 1 y del elemento femenino 2, surge un tercero. Este número otorga actividad a la pasividad y receptividad del 2 y del 1 que -aunque sea potencialmente creativo- por si sólo es estéril. El 3 concede energía a los números a los que se asocia, proporcionando una cierta inestabilidad ya que es el resultado de la suma de la actividad del 1, con la pasividad del 2. Es el número de la generación y la fecundidad. Está representado por el triángulo.

El número 3 aparece abundantemente en la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento, tres veces los serafines claman “Santo, Santo, Santo” (Cf. Is 6,3); también así lo hacen los cuatro seres frente al trono de Dios en el libro del Apocalipsis (Cf. 4,8). Tres veces es dada la bendición divina en el libro de los Números (Cf. 6,23-26). En estas bendiciones, el nombre del Señor aparece tres veces. El Arca de Noé tenía 3 pisos. Son tres los hijos de Noé (Cf. Gn 6,10); tres los amigos de Job (Cf. Jb 2,11); tres los invitados de Abrahám (Cf. Gn 18,2); tres los amigos del profeta Daniel (Cf. Dn 3,23) y 3 las veces que Dios llamó al profeta Samuel (Cf. 1 Sm 3,8).

En el Nuevo Testamento, el tres es llamado “número divino” por ser mencionado con frecuencia en relación con las cosas santas: “el Espíritu, el agua y la sangre” dice la Carta de San Juan (Cf. 1 Jn 5,18). El ser humano está conformado por espíritu, cuerpo y alma según el Apóstol San Pablo (Cf. 1 Ts 5,23). También están las tres oraciones que el mismo Apóstol hizo pidiendo que le sea sacado el aguijón de la carne que lo perturbaba (Cf. 2 Co 12,8). Son tres las virtudes: fe, esperanza y caridad. Las tentaciones de Jesús en el desierto fueron tres (Cf. Lc 4,3-10) y el Señor repitió por tres veces las palabras “está escrito” aludiendo a la Palabra de Dios para ahuyentar al Maligno. Jesús fue crucificado en la hora tercera y hubo tres horas de tinieblas cuando Él estaba en la Cruz. Son tres las negaciones de Pedro y 3 las preguntas del Señor Resucitado al mismo Apóstol.

El tres es considerado el símbolo de la “perfección divina” debido a la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo); así como también “el tercer día según las Escrituras” de la muerte y resurrección del Señor: “como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches” (Mt 12,40). En el Evangelio de Juan, dijo Jesús a los judíos: “destruyan este templo y en tres días lo levantaré” (Cf. 2, 19). El Señor resucitó a tres personas cuando estuvo en la tierra. A su amigo Lázaro, al hijo único de una viuda y a una muchacha. En el Antiguo Testamento, hay también tres casos de resucitados (Cf. 1 Re 17,9-24; 2 Re 4,18-35; 2 Re 13,21). En toda la Biblia hay un total de seis personas resucitadas. Las seis que resucitaron -sin embargo- murieron nuevamente. El séptimo resucitado fue el propio Señor Jesús. Él jamás murió de nuevo. Jesús resucitó el tercer día y se apareció por 3 veces a los Apóstoles

También hay que recordar los tres días por el desierto del pueblo de Israel antes de atravesar el Mar Rojo. Estos tres días transcurrieron inmediatamente después del sacrificio y de la comida del Cordero Pascual. (Cf. Ex 14, 27). Tres días después de la Pascua, los israelitas atravesaron el mar (Cf. 1 Co 5,7). En la nueva Jerusalén en el libro del Apocalipsis, la muralla que rodea la ciudad tiene 3 puertas en cada costado. Por ser el número de la Trinidad y el número de la resurrección, el 3 es el número de la total manifestación de los más grandes misterios de Dios y de Jesús.

¿Cuál es tu número preferido?; ¿qué fecha tenés siempre en tu memoria?; ¿qué época recordás como más feliz?; ¿qué tiempo recordás como el más doloroso?, ¿qué número tiene el temor?, ¿y cuál es la cifra encerrada en la suerte y en la bendición?, ¿qué es lo que destraba los sueños para poder vivir sin miedos?


Texto 5
Prosiguiendo con la numerología bíblica, el número 4 es la firmeza, el trabajo, la rutina, la disciplina que restringe la creatividad y la fecundidad del 3. Este número implica un primer regreso a la unidad. Si sumamos 1 + 2 + 3 + 4 es igual a 10. Si colocamos el 0 a la izquierda, se vuelve a la reducción original de donde comenzó la serie. El 4 está representado por la cruz (los 4 puntos cardinales en sentido espacial), las 4 estaciones en sentido temporal y por el cubo o tetraedro que representa la solidez, el inmovilismo, la estabilidad y la practicidad.

El número 5 representa la libertad del ser humano y al estar a medio camino entre el 1 y el 10 -en el centro de la serie- es versátil y cambiante. Tiene relación con el resto de los números al encontrarse en el medio. Rompe la rutina y el método del número 4. Alude a los 5 sentidos. En la escala humana representa los 4 miembros del cuerpo más la cabeza que los controla, o los 4 dedos de la mano más el pulgar que los hace funcionales. Se representa por el pentágono o el pentagrama. Es la unión del Macrocosmos con el Microcosmos, lo humano con lo divino. Los cuatro elementos, más el éter que los cohesiona, el quinto elemento que anima a los otros cuatro.

El número 6 es el orden, la codificación, el derecho y la justicia ya que busca siempre el equilibrio la belleza, la armonía y la perfección. Es uno de los números perfectos porque descompuesto en sus múltiplos y sumado 1 + 2 + 3 da por resultado 6. Su equilibrio se demuestra en que se puede obtener sumando seis veces 1, tres veces 2 o dos veces 3. De lo que se deduce que el número 6 es un número armónico y estable. Se lo representa por la unión de los cuatro elementos -fuego, aire, agua y tierra- o por la estrella de David formada por dos triángulos superpuestos que diseñan una figura con 6 vértices. Es el número que indica el orden que resulta de la perfecta fusión de los elementos de la naturaleza.

El número 7 cuyo nombre proviene -en hebreo- de la palabra que significa “completo o lleno”. De allí que simbolice “la perfección o plenitud”. Son 7 los días de la creación, las 7 plagas Egipto, los 7 pecados capitales, los 7 dones del Espíritu Santo, los 7 días de la semana que tiene el ciclo lunar, las 7 notas musicales, los 7 colores, etc. Es el número de la segunda vuelta a la unidad -después de la vuelta que propicia el 4- ya que sumando 1 + 2 + 3 + 4 + 5 + 6 + 7 da por resultado 28, el cual -si se suman los dos dígitos (2 + 8) da por resultado 10, el cual -poniendo el cero delante- solo tiene valor el 1. Si en el número 4 teníamos la simplificación a la unidad -con las características de un numero sólido y material- en este caso tenemos la reducción a la unidad espiritual y material a la vez. Es el número que representa al ser humano en su unidad física y espiritual. Este número da paso a otros 2 que son el 8 y el 9 que nos hablan de materia sublimada, el 8 como poder material y el 9 como poder espiritual.

Al no surgir de la multiplicación de otros números, al 7 se lo vincula con una tendencia al aislamiento y la introspección. Aparece como suma del orden espiritual 3 y del orden material 4 y se lo representa con el triángulo -imagen de lo espiritual- apoyado sobre el cuadrado, imagen de lo corporal. El número 7 -en el libro del Génesis- aparece cuando Caín mata a su hermano. Dios señala que quien mate a Caín será castigado 7 veces. Lamec, descendiente de Caín, dijo que si Dios condenó al que matara a Caín con una venganza del valor de 7 veces, a él –Lamec- tendría que vengarlo 77 veces. Dice la Biblia que murió a los 777 años. En el mismo libro, durante el diluvio, Noé esperó 7 días antes de salir de la Barca. En el Nuevo Testamento, Galilea tiene siete letras; después de la resurrección Jesús se aparece por tres veces a 7 discípulos. El mismo dice que hay que perdonar setenta veces siete. En el libro de los Hechos de los Apóstoles se escogen a 7 ayudantes como colabores de los Apóstoles. El número 7, por lo tanto, es el de una medida colmada, una cantidad total y plena en sí misma.

¿A vos qué número no te gusta y no te resulta simpático?, ¿por qué?; ¿te has dado cuenta que todo es un puñado de cantidades y números en medio de la agitación de este vertiginoso tiempo?; ¿y si paramos y nos detenemos un poco?...


Texto 6
Prosiguiendo con las características de los números bíblicos, el número 8 se divide en dos partes iguales (4 + 4) que -a su vez- se dividen en otros dos números iguales (2 + 2) los cuales también se dividen en dos números iguales (1 + 1), de ahí que indique exactitud, equidad, justicia y equilibrio. Al ser el 8 un 4 duplicado resulta un número de poder material. Por su forma hecha con dos círculos superpuestos, representa el movimiento en espiral, continuo flujo y reflujo, simbolizando la ley de causa y efecto. El ocho tumbado es el símbolo matemático del infinito. El ocho representado por un octógono, simboliza la figura intermedia entre el cuadrado (orden terrestre) y el círculo (orden celeste). Es también símbolo de regeneración.

El número 9 marca el final de una etapa de desarrollo y el comienzo de otra, simbolizado por el paso de las unidades a las decenas. El número 1 abre la serie de los dígitos simples; el 9, la cierra siendo extremos opuestos. El 1 representa individualidad, el 9 universalidad, además cierra el ciclo iniciado en el 1. El 9 es un número de poder espiritual. Contiene la sabiduría del resto de los números de la serie simple.

Al final del Evangelio de Juan, Jesús resucitado se aparece a los Apóstoles en la playa y cómo no habían pescado nada, les dice que tiren las redes por la derecha y las llenaron de grandes pescados, en total 153. Es el único milagro que queda consignado en el Evangelio realizado por el Resucitado. Si sumamos 1 + 5 + 3 es igual a 9. Los 144.000 escogidos del libro del Apocalipsis de cada una de las 12 tribus de Israel, si tomamos el número 144 y sumamos 1 + 4 + 4 es igual a 9. En el mismo libro, cuando la mujer que da a luz un hijo varón que gobernará a todas las naciones, es trasladada al desierto para estar a salvo de la asechanza de la Antigua Serpiente llamada Satanás. En el desierto es alimentada por 1260 días. Si sumamos los dígitos de esta cifra 1 + 2 + 6 + 0 es igual a 9.

Hasta aquí la serie de números del 1 al 10 que expresa la suma de todas las cosas en el mundo material. El 11 -al ser el inicio de una serie más alta de números- simboliza conocimientos y realizaciones en un plano superior. Si el 1 es el número de Dios, añadido 10 -el número del mundo- el 11 es el conocimiento de Dios y de las cosas superiores. Constituye una sabiduría espiritual profunda.

El número 12 es el que rige el gobierno de las cosas humanas o naturales. Son 12 las tribus de Israel en el Antiguo Testamento, 12 los Apóstoles de Jesús, 12 los meses que rigen un año, 12 horas rigen el día y la noche, etc. El número 13 en la Biblia es el número del presagio malo, rebelión, pecado, decadencia y apostasía.

Otro número importante en la tradición bíblica es el 22 ya 22 son las letras del alfabeto hebreo y si Dios hizo todo con su Palabra, lo hizo todo –según la mentalidad judía- con 22 letras que conforman todas las palabras que existen. Por lo cual, todo lo que existe ha nacido de la combinación de esas 22 letras. Dios lo creó todo con 22 letras y 22 nombres, nombres que contienen el misterio de todas las cosas. El 22 es el secreto de toda la Creación.

Otro número importante es el 100, signo de realización de cosas imposibles (Cf. Gn 17,17; 21, 8); de bendición (Cf. Gn 26,12; 2 Sm 24, 3; 2 Re 4,42; Mt 13, 8-23) y ofrenda (2 Cro 4,8; 29, 32; Es 2,69); organización y liderazgo (Cf. Ex 18, 21.25; Dt 1,15¸ Jc 7,19; 2 Co 25, 5-6; Mc 6, 40); conquista y reto (Cf. Lv 26,8); recompensa (Cf. Mt 19,29) y plenitud (Cf. 2,6).

Otro número significativo es el 1000. En la Antigüedad solía ser el más alto. En esos tiempos apenas había ocasiones de contar algo que superase ese número. Cuando se quería expresar una cantidad elevada y excesiva, a menudo empleaban el 1000 como signo de algo innumerable, incontable, incluso eterno (Cf. Sal 90,4). El 1000 también se asoció a la esperanza de la venida del Mesías por parte del pueblo judío. En el Libro del Apocalipsis se dice (Cf. 20,1-3) que Satán fue atado durante mil años transcurridos los cuales será liberado para una batalla final en la que el bien acabará prevaleciendo sobre el mal. El término 1000 es signo de un tiempo de duración indefinida.

¿Vos cómo percibís tus tiempos actuales?; ¿qué tiempos humanos estás viviendo?, ¿qué tiempos de Dios estás transitando?; ¿un tiempo de presencia serena o estás en medio de la niebla de su ausencia?


Texto 7
Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente muy feliz. Un día el rey le preguntó cuál era el secreto de su felicidad y el siervo le respondió que no tenía secreto alguno. Los sabios de la corte le dijeron que el súbdito era feliz porque estaba “fuera del círculo del 99”.

Para hacer entrar al siervo en el círculo debía preparar una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más, ni una menos, con un papel que dijera: “este tesoro es tuyo. Disfrútalo y no cuentes a nadie como lo encontraste”.

El siervo tomó el tesoro y empezó a hacer pilas de 10 monedas: 10, 20, 30, 40, 50, 60... hasta que formó la última pila y se dio cuenta que ésta tenía tan sólo 9 monedas!! No puede ser, pensó. ¡Me robaron! -gritó. ¡Sólo 99! No puede ser, me falta una moneda. 99 monedas de oro es mucho dinero, ¡pero me falta una!... 99 no es un número completo: 100 es un número completo.

Tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos. ¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar para comprar su moneda número 100? Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba en once o doce años juntaría lo necesario. Saco más cuentas: sumando su trabajo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero. -¡Era demasiado tiempo! Quizás pudiera vender todos mis bienes.

Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes y fue cambiando de humor. Su antigua felicidad se había convertido en preocupación. No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente debido al malhumor que comenzó a mostrar éste.

El rey entonces aprendió la lección del sirviente que había entrado en el círculo del 99: creemos que siempre nos falta algo para estar completos y que la felicidad depende precisamente de eso que nos falta. Pareciera que siempre necesitamos más para ser felices. Queremos algo y cuando lo alcanzamos, ya no nos es suficiente para ser felices tanto en lo material como también en lo afectivo y lo espiritual.

Si nos diéramos cuenta que nuestras 99 monedas son el cien por ciento de nuestro tesoro personal, que nadie se quedó con lo nuestro y que no podemos vivir cansados, malhumorados, infelices o resignados. ¡Cuántas cosas cambiarían si pudiéramos gozar de la vida y disfrutar de nuestros tesoros más preciados tal como están!


Texto 8
Desde la Antigüedad los números se relacionaban con las reflexiones filosóficas del ser, las aplicaciones astrológicas y las interpretaciones alegóricas. Existía una estética simple y clara, matemáticamente expresable a través de los números, las formas, las medidas , el orden y las proporciones.

La Biblia –como hemos visto- goza de una relación espiritual con los números y sus significados profundos, revelaciones del lenguaje de Dios, “claves” de interpretación de los misterios.

Es también en la Biblia donde aparece el ser humano más longevo. Matusalén vivió 969 años (Cf. Gn 5,27). Ciertamente esa cifra es un número simbólico. Nosotros contamos nuestros años en ciclos solares, si los contamos en ciclos lunares –para el caso de Matusalén- obtenemos la cifra consignada por la Biblia, la cual si la traducimos a ciclos solares son aproximadamente 72 años, lo cual es un número aceptable de años. La longevidad era signo de bendición de Dios. No hay mayor bendición que la vida. Llegar a viejo no deja de ser una bendición de Dios.

Los números también aparecen frecuentemente en las parábolas del Nuevo Testamento. Se mencionan relacionados con monedas y salarios para ser pagados a distintas horas a los jornaleros. Jesús afirma que todos tenemos los cabellos contados y habla de 99 ovejas que no necesitan cuidado y de una sola que hay que buscar. Incluso el número 33 designado a los años de la vida histórica de Jesús –número que no tiene base en la Biblia- se lo ha interpretado también desde el simbolismo bíblico: 3 + 3 son 6, el cual habla de la imperfección ya que no alcanza al 7, la perfección humana que sólo logra después de la resurrección. En fin, los números –tanto en la Biblia como en las diversas culturas antiguas- siempre han tenido un especial atractivo.

Los números están presentes en todos los actos de nuestra vida, el día que nacemos, nos casamos, nacen nuestros hijos, tenemos un número de identidad en nuestro documento, el número de la casa en que vivimos, la patente del auto, los días especiales, el cumpleaños y otros aniversarios, por último el número designado para la fecha del día en que moriremos.

Los números están en cada momento, en la vida y en la muerte. La existencia toda es un don cifrado por Dios. Es una pena que vivimos en un mundo donde hemos banalizado y desacralizado todo. Los números son fríos. Ahora nada tiene misterio. Para los antiguos los números tenían vida, espíritu y personalidad propia, su color, su música y su designio; influían en el destino de los seres humanos, en su conducta y en el devenir de la propia historia. Todo estaba cifrado. Eran símbolos, metáforas, espejos del mundo y de las cosas, un alfabeto que sólo Dios conoce. Develaban incógnitas, interpretaban hechos y conocían fenómenos.

Al significado de los números se los ha relacionado también con el mundo de los sueños y su interpretación. Los sueños y los números están unidos. Ellos nos revelan algo del misterio de Dios, del alma humana y del mundo.

Todo es un designio. Cada uno de nosotros tiene una clave que desentraña su propio misterio. Incluso en la Biblia, el Nombre de Dios –que sólo Dios mismo conoce- y hasta el mismo Dios -en sí- es un número, una “Cifra Divina” plena de significado, un “Número” misterioso e infinito que encierra el secreto de todas las cosas y de todos los sueños.

También nosotros estamos contenidos en este Número divino. La eternidad y la temporalidad están en él: ¿vos asociás a Dios con algún número en particular?, ¿cuál?; ¿cómo serán son los misterios cifrados de Dios?; ¿y si Dios nos dijera que simplemente quiere amarnos?, ¿vos qué dirías?...

Gracias a mi Q:.H:.Eduardo C.
Publicado por Eusebio Baños Gómez en 17:53 0 comentarios
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Etiquetas: Biblia, Dios
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Eusebio Baños Gómez
Creo que soy fuerte porque no perdí toda mi ternura. Procuro : No mostrar miedo frente a mis enemigos. Decir siempre la verdad, aunque me pueda costar la vida. Proteger a los desamparados y no hacer mal a mis hermanos. No me gustan las multitudes ni la MENTIRA gratuita. Busco la LUZ, la belleza interior en la bondad. Me encantan las caricias y el amor siempre como resultado del cariño y la ternura. Creo que he vivido bastante y aun así no me conozco lo suficiente.
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