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martes, 12 de noviembre de 2013

La plegaria del Shemá.


Expresando la unidad. La plegaria judía más famosa, es el Shemá. 

Es una mitzvá (precepto) decir el Shemá por la mañana y en la noche. También figura un par de veces más en el Libro de Rezos. Además del recitado del Shemá en la plegaria de la noche, también se lo recita antes de irse a dormir. Es uno de los primeros textos judaicos que se le enseña al niño, y también es pronunciado cuando una persona finalmente, deja este mundo.
La frase central en la primera línea del Shemá es “Dios es Uno”. El Talmud habla sobre “alargar” la manera en la que uno dice “Uno”: “Ejad”. Quien alarga la palabra “Ejad”, entonces sus días y años también se alargarán.

Las enseñanzas Jasídicas explican, que “alargar”, significa pensar y meditar el significado interno del mundo. La idea de “Dios es Uno” significa que no solo hay un Dios, sino que Dios y toda la creación son una cosa. No hay nada aparte de Dios. Nada existe fuera de Él; cada cosa que percibimos, cada partícula de existencia, no es sino una manifestación de Dios.

Por este motivo, cualquier cosa en el Universo está totalmente dependiente de Dios en cada momento. Dios creó el Universo hace mucho tiempo, pero también lo mantiene existiendo continuamente. Los Sabios hablan sobre una energía que emana de la esencia infinita de Dios, que hace que el Universo exista. Si Él cesa de dar esta fuerza viviente al mundo, dejaría de existir. Maimónides dice:
Dios puede existir sin el mundo, pero el mundo no puede existir sin Dios. Con este concepto en mente, es que uno declara el Shemá con todo su ser.

Unidad
Las letras Hebreas tienen un valor numérico, que nos ayuda a comprender el significado de la Torá y de sus plegarias.
La palabra “Uno” en el Shemá, “Ejad”, se forma con tres letras: Alef, Jet, Daled.
Alef, que tiene el valor numérico de “uno”, se refiere a Dios Mismo. 
Jet, cuyo valor numérico es “ocho”, se refiere a los siete cielos y la tierra, o sea, “arriba” y “abajo”, el plano vertical, e incluyendo todas las dimensiones espirituales. 
La tercer letra es Daled, cuyo valor numérico es “cuatro”, que denota las cuatro direcciones del plano horizontal: norte, sur, este, oeste.

Ahora podemos entender lo que quiere decir el Talmud al decir “alargar” la manera en la que decimos “Ejad”. Significa, pensar sobre el significado del mundo: que el mundo y todas sus dimensiones, ya sea la física y la espiritual, y el mundo entero y el Universo físico entero, todo es una expresión de la unidad infinita de Dios.
El pueblo Judío en sí mismo es descrito como “Ejad”, “Una nación en el mundo”. Esto implica, no solo que somos únicos en el mundo, sino que somos una nación que comunica a toda la humanidad el concepto de la unidad de Dios.
Más aún, al mantener los mandamientos de Dios en nuestra vida diaria, traemos la Unidad Divina a este mundo, dentro de cada detalle de nuestra existencia física.
Como dice el Talmud, Dios nos premia otorgándonos largos y plenos días y años.
Gracias a Tali Loewenthal 



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  E.B.G. Jacob Uriel Escalera  M.:.M.:. 
    A.·. L.·. MMXIII   Shalom aleijem 
 

miércoles, 23 de octubre de 2013

Shabat. Lavándose las Manos para el Pan.

Una guía paso a paso de cómo lavarse las manos antes de comer pan y del simbolismo que esto conlleva.
Las velas están ardiendo, Shalom Alejem y Eshet Jail ya han sido cantadas, y el kidush ha sido recitado para quienes están reunidos alrededor de la hermosa mesa de Shabat.
Para resumir, me lavé de nuevo y fingí decir la bendición, levanté la jalá, dije hamotzí en el micrófono con la mayor concentración que pude, la corté y comí un trozo.Es tiempo de empezar la cena. Pero primero, el anfitrión nos invita a la cocina para lavarnos las manos en preparación para comer la jalá.
No, no es por limpieza, sino un paso importante que nos conducirá a hamotzí, la bendición sobre el pan.
Antes de explicar esta simple acción, necesitamos entender algunos simbolismos judíos:

Agua – simboliza Torá; sabiduría. El agua es la esencia de la vida física, ya que sin ella moriríamos, mientras que la sabiduría es la esencia de la vida espiritual, la base del crecimiento y de la auto realización.
Manos – símbolo de nuestra interacción con el mundo físico.
Pan (jalá) – símbolo del sustento físico; el pan de cada día.
Tomamos el agua y la vertemos sobre cada mano; esto se refiere al entendimiento de que todas mis interacciones con el mundo físico – escribir, tocar, trabajar – deben ser hechas de un modo sabio y significativo.
Y es el recordatorio de que esta noche nuestra mesa es sagrada, como un altar. Así como, hace ya tanto tiempo, los cohanim en el Templo se preparaban lavándose las manos, nosotros también lo hacemos antes de nuestra comida. Produce un placer único el poder realizar un acto tan simple que sin embargo representa algo tan significativo.

Guía paso a paso

1. Antes de lavarte, asegúrate de que las jalot, el cuchillo para cortarlas, el cobertor y la sal estén en la mesa.
2. Hay que colocar en la cocina toallas de manos para que nuestros invitados se sequen después del lavado.
3. Puedes utilizar tanto una jarra especial para el lavado (grande, con dos asas) como un vaso regular sin asas, que no tenga fisuras ni forma de pico en el borde superior, y que tenga al menos 150 ml de capacidad.
4. Quita todos los anillos de tus dedos. Sostén la jarra en tu mano derecha mientras la llenas con agua del grifo.
5. Pasa la jarra a tu mano izquierda y vierte casi la mitad del agua sobre la mano derecha, empapando ambos lados de la mano y desde la muñeca hacia abajo. El agua debe cubrir toda el área de la mano.
6. Ahora pasa la jarra a la mano derecha y repite en el lado izquierdo (rellena la jarra si es necesario).
7. Después de que las manos han sido lavadas, deben ser mantenidas en alto para que el agua escurra hacia la muñeca y no hacia los dedos. En este momento se recita la bendición:

Bendición para el Lavado de Manos


8. Se secan las manos y volvemos a la mesa, cuidando de no hablar hasta que la bendición de hamotzí sea recitada y el pan sea ingerido.

Preguntas y Respuestas

¿Por qué vertimos agua primero en la mano derecha?
De acuerdo a la tradición judía, la derecha simboliza jesed (bondad), un rasgo que siempre queremos enfatizar. Este principio se repite en muchas otras áreas, incluyendo la costumbre de los novios de salir de la jupá con su pie derecho. Y también es por esto que primero levantamos la jarra con nuestra mano derecha, y recién después la pasamos a la izquierda.
¿Por qué levantamos nuestras manos después de lavarlas, dejando que el agua escurra hacia nuestras muñecas?
La bendición por el lavado dice, “netilat iadaim”, que literalmente significa, “elevación de las manos”. En un nivel técnico, esto es paralelo al lavado hecho en Templo Sagrado. En un nivel conceptual, estamos elevando nuestras manos espiritualmente.

Reflexiones

Me gusta lavarme las manos antes de la bendición de hamotzí. Me hace frenar y darme cuenta de que hay santidad en la comida. Nos diferencia de los animales y me recuerda que fui creada con un alma. Deja en claro que es algo especial.
Los alimentos son un regalo, no un derecho. Y ese regalo viene de Dios, un Dios que está manteniendo todo en funcionamiento.
Para mí, las preparaciones y peculiaridades del lavado y hamotzí tienen sentido, porque el pan no es una manzana. Es el resultado de un proceso largo y complejo, que sólo puede provenir del hombre civilizado. Declara firmemente que el hombre tiene que estar involucrado en su propia existencia, y aún así el pan es la culminación; porque cuando Dios es el socio en todo esto, es como tomar la creación y hacerla aún mejor.
* * *
Siempre recuerdo que en todas las bodas a las que asistí de niña decían algo mientras sostenían una gran jalá trenzada. Pero yo no relacionaba la bendición del altoparlante con los pequeños cubos de pan que repartían.
Cuando estaba viajando por Israel, pasé un Shabat con una familia en la Ciudad Vieja de Jerusalem. Me explicaron lo que iban a hacer con el lavado de manos, el no hablar y todo lo demás. No dudé en hacer lo mismo y participar. Parecía una cosa cultural y divertida, y fue hecha de forma muy agradable.
* * *
Recuerdo una de mis primeras experiencias de Shabat como si fuera ayer. Estaba en la casa del rabino, un viernes a la noche, y después del kidush fue anunciado que era el “momento de lavarse”.
Luego escuché un tintinear. Eran las mujeres sacándose los anillos y poniéndolos sobre sus platos. Recuerdo sentirme muy avergonzada pensando en que no estaba usando anillos para esta ceremonia, por lo que no podía participar de ella.
Recién después de tres o cuatro Shabatot me di cuenta de que sólo te sacas los anillos para lavarte si estás usando alguno. Vive y aprende.
* * *
Me gusta Shabat. Me gusta la comida. Me gusta la compañía. Me gusta todo. ¡Pero pareciera que no puedo dejar de hablar entre el lavado de manos y la jalá!
* * *
Estaba en el almuerzo de una comunidad judía cuando de repente uno de los organizadores vino a mi mesa y me preguntó si podía darme el honor de hacer la bendición de hamotzí para todos los presentes.
Si bien no soy rabino, era uno de los pocos judíos que tenían kipá, por lo que acepté la invitación y esperé que anunciaran hamotzí y me presentasen.
De repente se cruzó un horrible pensamiento por mi mente: Sólo podía decir hamotzí si me había lavado las manos, y allí no había ningún lavabo a la vista.
Repasé todas las opciones en un instante: rechazar cortésmente el honor… fingir sentirme enfermo en el último momento y huir del salón… o tratar desesperadamente de encontrar un lavatorio donde poder lavarme.
Aunque no era lo ideal, me decidí por la última opción, pero antes de que pudiera parame para echar una mirada, escuché desde el micrófono: “…quien nos honrará con hamotzí”.
Pánico. En un segundo, que pareció ser una eternidad, tuve un momento de claridad y actué intuitivamente. Con un hábil movimiento, tomé mi vaso de agua con hielo, lo puse debajo de la mesa, arrojé agua sobre mis manos (dejando charcos de hielo en el piso) y fui dando largos pasos hacia la mesa principal, recitando la bendición “al netilat iadáim” en voz baja.
Ahora no podía hablar, por lo que asentí ceremoniosamente al invitado de honor y a su comitiva, y tomé la voluminosa jalá trenzada que estaba frente a mí. Antes de que pudiera decir hamotzí, alguien me tocó el hombro. Era un mozo, que acababa de traer una bandeja con un gran recipiente y una jarra llena de… agua.
Habían tenido en cuenta que iba a lavarme las manos desde el principio. Y ahora estaba en un gran problema, porque no sabía qué hacer, ¿lavarme de nuevo? ¿Rechazarla?

Después volví a mi asiento… poniendo mis pies en los charcos.

Gracias a  “Friday Night and Beyond”



E.B.G. Jacob Uriel Escalera  M.:.M.:. 
A.·. L.·. MMXIII
  Shalom aleijem 

martes, 8 de octubre de 2013

El judaísmo liberal, muerte y duelo

“La vida del hombre es como la hierba: florece como una flor del campo. Cuando sopla el viento, se la lleva, y ya no queda ni rastro de ella”. Todas las religiones tienen su propia idea sobre la muerte de los humanos. Para algunas, se trata de la mayor preocupación de su exploración espiritual; en cambio, otras, como el judaísmo, le dedican poco tiempo. La razón para esto es que, después de haber estudiado con detenimiento la vasta estructura de la ley y el pensamiento judíos, encontramos que hay una fuerte creencia de que este mundo, esta vida, esta existencia tangible, es a lo que debemos dedicar todas nuestras energías; la otra vida, con todas sus incertidumbres, no está para tantas especulaciones. Con esta actitud tan firmemente anclada, la ley judía piensa mucho en quienes han perdido a un ser querido y están de luto, mientras que la persona que ha muerto recibe, de algún modo, un poco menos de atención.

Los que están a punto de fallecer

El judaísmo tradicional considera que la persona que está muriendo no debe recibir ayuda de ninguna manera para que el proceso natural de la muerte se acelere, bien sea mediante la eutanasia o con medicación analgésica que acorte la vida. Esto se utilizaba, y a veces se utiliza todavía, como razón para no decirle a una persona que se está muriendo. Se piensa que si se le informa, la persona perderá esperanza y por ende, las ganas de vivir, lo que aceleraría la muerte. Hay varias razones para decirlo o no. Pero, si alguien afirma de manera clara que quiere saberlo, y la familia lo sabe, no hay justificación posible para que esa persona no viva sus últimos días en un ambiente de honestidad, con dignidad y paz. Las personas que están a punto de morir deben aceptar su fin lo mejor posible. Esto incluye hacer confesiones, si se desea, a la familia o amigos.

Maneras de vivir el duelo

Cuando ha muerto un ser querido, lo que cada uno requiere varía considerablemente. Lo mismo ocurre con respecto a cuán tradicional cada uno desea ser. Por este motivo, en el judaísmo liberal se le suele permitir a la familia que decida cómo desea llevar a cabo el funeral y el luto siguiente. Los rabinos o los dirigentes de las congregaciones darán orientación cuando se requiera, y explicarán lo que se debe hacer en cada momento, pero nadie en el judaísmo liberal, tendrá que realizar o participar en un ritual que no quiera. La práctica dominante en el judaísmo liberal es permitir a la familia e individuos decidir si prefieren entierro o cremación, sin ningún tipo de presión. La gente escoge ambos en porcentajes bastante parecidos.

Los judíos ortodoxos no permiten la cremación, por varios motivos. Por ejemplo, uno de ellos es que la cremación se considera un rito pagano que no respeta el cuerpo humano. Además, se pensaba que la cremación destruía el cóccix, el hueso en la base de la columna vertebral del cual según la tradición judía surgiría la resurrección. El judaísmo liberal no cree en la resurrección física y considera el cuerpo como una nave que no puede ser inmortal por sí misma. Además, por motivos ecológicos excelentes, muchos judíos consideran que la cremación es mejor que el entierro, ya que no se desperdicia tierra. Algunos pocos judíos liberales donan sus cuerpos para investigación científica con el fin de que no quede nada que desechar. El judaísmo liberal promueve la donación de órganos cuando sea apropiado, contrario al judaísmo ortodoxo que sólo permite la donación de córnea y no insiste en el habitual funeral rápido.

Después del funeral

Después que el familiar ha sido enterrado o cremado, algunos judíos liberales observan la shiv’á, siete días de luto en los cuales se hacen rezos en la casa cada noche. En las noches de shiv’á vienen a la casa familiares y amigos para dar el pésame y, en muchas ocasiones, traer comida. Otras familias prefieren sólo hacer una noche de rezos en casa. En ambos casos, se sirven refrescos cuando se han acabado los rezos. De esta manera, los familiares y amigos se quedan un rato en la casa dando apoyo a la familia, aunque ese apoyo sólo se exprese mediante el ofrecimiento de comida, más que con palabras. A muchas personas les resulta difícil encontrar las palabras adecuadas en estos momentos; sin embargo, ofrecen toda su ayuda. Algunas familias prefieren ni siquiera tener una noche de rezos, pero esto es cada vez menos común, ya que hay evidencia clara de que el procedimiento del duelo judío aporta beneficios psicológicos. Después de la shiv’á hay un periodo de duelo menos intenso y que dura 30 días después del funeral, llamado Sh’loshim. Claro está, no todos los judíos liberales lo celebran. Posteriormente, le siguen once meses después del funeral de duelo menos intenso hasta que llega el momento de la matzevá, cuando se pone la lápida funeraria sobre la tumba, once meses o un año después de la muerte.

Aunque no todos los judíos liberales observan todas estas etapas tradicionales del duelo judío, hay evidencia de que éstas son muy similares a las etapas de duelo experimentadas por la mayoría de la gente. Nadie afirma que al final del año el duelo y la pena por la pérdida del ser querido hayan terminado, pero la matzevá sirve como una especie de marcador en el cual se declara que la vida debe continuar y que hay que seguir mirando hacia delante.

Apoyo de la comunidad

Durante todas estas etapas, la comunidad juega un papel importante en el apoyo a las familias, siempre que le sea posible. Este apoyo incluye el funeral mismo y las semanas y meses de duelo posteriores, ya que todos estos ritos son sólo un comienzo que aporta la base de la estructura para la expresión del luto.

Costumbres y tradiciones

Con todas estas costumbres también hay leyes y tradiciones, y también supersticiones. El judaísmo liberal no apoya algunas de ellas. Por ejemplo, la prohibición a todos los Kohanim (miembros de la clase sacerdotal) de ir al funeral o al cementerio debido a que la tumba es considerada un sitio sumamente impuro. El judaísmo liberal considera incorrecto privarle a alguien el derecho al duelo. De igual manera, la costumbre anglo-judía de no permitir a las mujeres ir a funerales también queda descartada, ya que ellas tienen tanto derecho al duelo como los hombres. El judaísmo liberal tampoco promueve la keri’á, rasgarse las vestiduras, algo muy practicado en la ortodoxia judía, aunque ocurre ocasionalmente dentro del liberalismo. También hay supersticiones, como cubrir los espejos o vaciar las jarras de agua, que no hacen daño a nadie, pero que probablemente se originan en el folklore popular más que en el judaísmo. De todas formas, es la familia que está de luto la que decide y deja claro que lo desea hacer.

La vida después de la muerte

Después de un fallecimiento y en las semanas y meses de duelo posteriores, a menudo surgen interrogantes sobre la vida después de la muerte. La actitud del judaísmo con respecto a la muerte y la inmortalidad ha cambiado considerablemente a través de los siglos. En la época de la Biblia, por ejemplo, hay poca evidencia de que se creyera en la vida después de la muerte. Se hablaba de Sheol, un lugar distante e indeterminado. Los fariseos, en cambio, y probablemente bajo influencia griega o persa, introdujeron una creencia más definitiva en “la vida en el mundo que viene”, que sería alcanzada por los justos inmediatamente después de la muerte, gracias a la inmortalidad del alma, o al final de los tiempos, mediante la resurrección del cuerpo. Luego, llegaría el Mesías y los cuerpos de los justos se levantarían, mientras que los perversos no participarían de esta recompensa eterna. Otras teorías incluían otro mundo venidero al cual los justos irían después de la muerte. Este mundo no quedaba bien definido, pero se decía que era placentero y que en él no habría ni pobreza ni hambre. Era la respuesta a la eterna pregunta, recurrente en cada generación, de por qué los perversos prosperaban y los justos no. En la era rabínica, la respuesta más usada era que esta vida no es el final y que todo se resolvería en el mundo venidero, donde se haría justicia.

El judaísmo liberal no se considera muy convencido por ninguna de estas teorías, y grosso modo tiende a rechazar la idea de un Mesías hecho persona, en cuya llegada se levantarían los justos y vivirían en gloria eterna. De manera general, se ha rechazado la resurrección física por considerarse ésta irrazonable. Esto ha llevado a reescribir el segundo párrafo de la Amidá: en vez del tradicional “mejayé ha-metim (quien trae los muertos a la vida), tenemos “mejayé ha-kol” (que das vida a todos), algo muy diferente. Ahora bien, la inmortalidad del alma es otra cuestión en sí, y los judíos liberales hemos tendido a aceptar este principio, aunque las definiciones pueden variar de manera considerable. El pensamiento más generalizado es que el alma existe antes del nacimiento del individuo, y nunca muere, razón por la cual leemos en la Amidá: “note’á betojeinu jayé olam” (quien ha implantado en nosotros la vida eterna). Sin embargo, para algunos judíos liberales, la inmortalidad es menos un elemento distintivo del ser humano sino más bien la manera en la que cada individuo será recordado después de su muerte. En otras palabras, la verdadera inmortalidad consiste en nunca ser olvidado por las generaciones siguientes.

Énfasis en la vida

Después del fallecimiento de una persona, el énfasis cambia y se centra en los vivos, sus necesidades, aspiraciones y comodidad. Cuando los familiares en duelo recitan el Kadish, el rezo del duelo por la muerte de un ser querido, afirman la majestad de D-s y Su supremacía. Con esto se hace hincapié en el hecho de que D-s está siempre presente, en todos los tiempos, en la alegría y en la tristeza, en la vida y en la muerte. Pero, también se hace hincapié en que la vida debe continuar, y en que los vivos deben proseguir con el trabajo comenzado por la persona que ha muerto y que se vio obligado a abandonar, y es el de construir el reino de D-s en la Tierra.

(1) Traducido de Liberal Judaism (www.liberaljudaism.org)



E.B.G. Jacob Uriel Escalera  M.:.M.:. 
A.·. L.·. MMXIII
  Shalom aleijem 


viernes, 20 de septiembre de 2013

EL EGREGOR. PRINCIPE DE LAS ALMAS.

“Egregor” [Del griego Egregoroi] significa velar. Egrégora también proviene del mismo término y designa la fuerza generada por la suma de las energías físicas, emocionales y mentales de dos o más personas cuando se reúnen con cualquier finalidad.

Eliphas Levi A los Egregores, los denomina príncipes de las almas.

Rizardo da Camino en su Diccionario Masónico, dice que es un “Cuerpo Místico que se forma con sus propias peculiaridades, después de la apertura del Libro Sagrado, cuando todos se unen con las mentes para el acto de crear”. Al Egregor se le supone un centro de conciencia dévico, entendiendo por dévico a las reacciones del Espacio por cualquiera de los estados de conciencia humanos.

Se le conceptúa esotéricamente como un ente primordial formado por una agrupación de almas en un todo de sustancia mental o psíquica. Los antiguos consideraban a la Egrégora un ser vivo con fuerza y voluntad propias generadas a partir de sus creadores o alimentadores pero independiente de las de cada uno de ellos.

En el plano racional a los Egregores se les entiende como formas psíquicas que tienen que ver con estados de conciencia humanos. Es un 'ser psíquico' de carácter colectivo; un campo de influencia común, es un fluir sutil, invisible y elástico que ocupa espacios y que transmite energías creadas por un modo de pensar, de sentir o de actuar de los seres humanos. Es un “ente” real, sensible y actuante, aunque imponderable, que permite tener a los corazones sintonizados.

Es un alma grupal, un arquetipo que dirige el destino de la comunidad. Es innegable su poder por la consolidación de lazos entre el individuo y el grupo integrando al primero a un registro del inconciente colectivo.

Si algunas personas se reúnen y emiten vibraciones fuertes e idénticas por pensamientos de la misma naturaleza, formarán uno por energía positiva o negativa, según sea el genero de los pensamientos emitidos, el Egregor creado con nuestros pensamientos, sentimientos y emociones y de acuerdo a ellos, reaccionará sobre nosotros. Es decir; todo impulso vital o substancial que surge de individuos o de comunidades produce una reacción en el espacio que provoca la forma psíquica de un Egregor, que se establece alrededor de las personas, de los hogares, de templos, de instituciones, etc.

La Egrégora se realimenta de las mismas emociones que la crearon, y a quienes la engendraron, se les induce a producir repetidamente las mismas emociones. Los hay efímeros y permanentes. Los primeros obedecen a impulsos psíquicos o estados de conciencia esporádicos y sin fuerza aglutinante; los segundos son el resultado de la acumulación de materia psíquica realizada de manera constante y permanente por efecto de los estados de conciencia habituales, ya sea de los individuos o de los grupos. Por ejemplo: Una persona pesimista producirá un tipo de energía que por ley de afinidad se fijará a su alrededor y se ligará con personas y sitios que tengan su misma vibración.

El Egregor formado por el poder de los ritos, de las ceremonias litúrgicas y de meditaciones llevadas a cabo regularmente por las distintas religiones, sociedades y escuelas esotéricas de entrenamiento espiritual del mundo determinan estados psíquicos con gran influencia que afectan el ambiente particular de tales comunidades y también sobre otras conciencias generando un fenómeno psicológico vivenciado como un despertar espiritual.

Así, se aprecia una elevación o dignificación de la conciencia. Estos Egregores son deseables, necesarios, y es lícito pretenderlos como cohesión iluminada. Por el contrario, existen otros negativos que son generados por actos de egoísmo, por la incapacidad de aceptación del bien y de rechazar al mal. Estos Egregores son los más numerosos y los que frecuentemente nos encontraremos cruzados en el camino hacia la máxima elevación espiritual en donde se busca la paz, la serenidad y la comprensión.



Los distintos tipos de Egregores cualifican la vida de individuos y de los grupos que los produjeron por efecto de sus ordinarios y habituales trabajos y estados de conciencia. Los hay que provenientes del pasado aun pululan en ritos y ceremonias y continúan proyectando energías. Otros, de carácter reciente generan un poder muy notorio en la vida actual determinando los aspectos sociales, políticos, culturales, de las distintas naciones.



Ente mágico y etéreo, fruto de sinergismo de personas reunidas en la práctica de un ritual, como energía psíquica se dota de una forma objetiva en el plano donde se manifiesta. Esta forma se adapta a las expresiones de la personalidad cuando se experimentan estados de conciencia como el odio, la envidia, el miedo o la desesperación o, por el contrario, la benevolencia, el afecto, la compasión, la decisión o el valor. La acumulación de las energías psíquicas exigiendo una forma haya en los distintos espacios cualificados la respuesta adecuada. La actividad en distintos niveles de expresión psíquica, produce y determina aquellas formas y una vez creadas se introducen en las mismas constituyendo lo que podríamos denominar esotéricamente un centro de conciencia grupal.



El Egregor, siendo básicamente una creación mental -ya sea en un sentido positivo o negativo- ofrece la particularidad de estar dotado de una conciencia embrionaria con capacidades de acción y de reacción, así como de un alto espíritu de supervivencia. Tiene capacidad de absorción de las energías y también de expansión de las mismas, oponiendo resistencia a las fuerzas que tratan de destruirle. Los Egregores influyen muy directamente en la historia humana estructurando ambientes psíquicos que determinan el grado de civilización y cultura. Jesús formó el Egregor del cristianismo Hitler el del nazismo.



El Egregor o Egrégora masónica aparece en las logias durante el trabajo, por ello, sería aconsejable que el lugar esté exclusivamente dedicado para el oficio masónico y que la tenida se lleve a cabo tanto en el desarrollo del Ritual como en las intervenciones personales en completa armonía.



La Egrégora masónica atribuye a los trabajos un carácter místico, diferenciándolos de otros tipos de reuniones, por tanto, al ingresar en el Templo, los miembros deberían dejar todo pensamiento y actitud profana afuera. Los Aprendices, Compañeros y Maestros, superando el papel de simples espectadores, deberían estar dispuestos a realizar aportes de actitud y opinión constructiva que producirán una especie de vibración involucrada que constituirá un Egregor particular al que nos conectaremos mental o emocionalmente, alimentándolo, al mismo tiempo que nos alimenta a nosotros en un constante equilibrio.



Si nuestro trabajo en el Taller se limita al simple ejercicio mímico del Rito, si evidenciamos una actitud desapegada y sin sentido ceremonioso, si nuestra intervención es una simple exposición de palabras vacuas, una logomaquia sin sentido, si nuestro pensamiento se enroca perezosamente en la rutina y desprecia aspiraciones elevadas; entonces estaremos contribuyendo a la formación de un Egregor que sumado a otros con igual actitud aumentará su fuerza y provocará el fracaso de los trabajos.



Cuando un hermano realiza su honesto aporte masónico puede generar una vibración poderosa que se propagará libremente por el silencio de algún alma opacada estimulando su reflexión. Imaginemos a la totalidad de hermanos trabajando con similar disposición y será fácil augurar un futuro provechoso para ése templo.


Hay logias en las que sus características peculiares perduran a pesar de los individuos que entran y salen de ella, el taller tiene su alma, su Egregor, formado por todos los que participaron en las Tenidas, también por su embellecimiento y cuidado, que deben ser permanentes. Así, el Templo puede ser sencillo pero debe estar escrupulosamente limpio, decorado con buen gusto para estimular la emoción artística, porque el arte y la belleza son fundamentales para la evolución del Egregor de la Logia. Deberían evitarse la murmuración, los gestos poco fraternales. Sería deseable por parte de todos los hermanos que sus trabajos estén regidos por los pensamientos más elevados y con las palabras más respetuosas y afectuosas. Convendría que las tenidas fueran constantes y regulares con asistentes sinceros y entusiastas con los trabajos de la Logia.

Es cuanto…
Gracias a ROMEO H. M.


E.B.G. Jacob Uriel Escalera  M.:.M.:. 
A.·. L.·. MMXIII
  Shalom aleijem

jueves, 18 de julio de 2013

Las Letras Hebreas. Tav



TAV
Impresión - El sello de la Creación
El Zohar declara: "la tav deja una impresión en el Anciano de Días". "El Anciano de Días", se refiere al sublime placer, innato en la "corona" (Voluntad - Deseo) de la Emanación Divina. La letra tav (se refiere aquí al "Reino del Infinito, Bendito sea El"), deja su impronta o cuño en el "Anciano de Días". Esa impresión es el secreto de la fé simple en la omnipresencia absoluta de Dios, la presencia del Infinito en lo finito, porque "no hay nada que se asemeje a El" (la conclusión de la cita del Zohar).
Esta fé se transmite como herencia de generación en generación, de mundo en mundo; maljut ("reino") del mundo superior conectado con keter ("corona") del mundo inmediato inferior. La tav, la letra final del alef-bet, corresponde a maljut ("reino"), el último poder Divino, el secreto de "Tu Reino es el Reino de todos los mundos". La impronta de la tav es el secreto del poder que conecta los mundos - generaciones.
La primera huella de la verdadera fé es la que fue grabada en el alma de nuestro primer padre, Abraham, "el primero de todos los creyentes". Este es el secreto de la adquisición de Abraham de la Cueva de Majpelá, el cementerio judío original, por cuatrocientos (el valor numérico de la tav) shekel, el secreto de nuestra herencia eterna de "cuatrocientos mundos de placer", rubricados con el sello de la fé simple.
Las rúbrica de Dios (en la Creación) es la verdad (en hebreo emet, palabra formada con las letras finales de las tres últimas palabras del relato de la Creación: bara elokim la'asot", "...Dios creó para ‘hacer’"). La última letra o rúbrica de la palabra misma emet (en hebreo "verdad"), o sea la rúbrica de la rúbrica de Dios, es la misma letra tav, la fé simple, que es la conclusión y culminación de las veintidos fuerzas - letras - que actúan en la Creación.
Las tres letras que componen la palabra emet, son el principio, la mitad y el final de las letras del alef-bet. La alef corresponde a la limitada percepción que tenemos de la paradoja Divina de la fuente infinita (donde las aguas superiores e inferiores, alegría y amargura, son absolutamente uno). De este conocimiento emana la mem, la fuente de la sabiduría Divina, el poder que aumenta eternamente en la penetración de los misterios de la Torá. "El fin último del conocimiento es el no saber", saber que no se sabe nada. La culminación del fluir de la sabiduría Divina en el alma (después de todo lo que se dijo y hizo) es la "majestuosa" revelación del infinito "tesoro-hogar" de la fé simple en la absoluta omnipresencia de Dios aquí abajo, que es innata en el alma de Israel. La culminación de la verdadera fé simple es el secreto de la "tav".
"Todo sigue a la rúbrica", es el secreto de la "luz que retorna" desde la tav hacia la alef, formando la palabra ta (tav alef), "celda". Alrededor del Santuario interior del Templo, se contruyeron muchas "celdas" o "pequeñas cámaras"; estaban construidas sin ventanas, por lo que eran completamente oscuras en su interior. El jasidismo enseña que estas celdas revelan el nivel de "El puso Su lugar oculto en la oscuridad", la percepción de la fé simple llegando a la absolutamente "oscura" Esencia de Dios.
Por eso hemos explicado: "Torá es la impresión [la tav] de la Divinidad; Israel es la impresión [la tav] de la Torá". La Divinidad es percibida en principio a través de la meditación profunda en completo silencio (sumisión), el secreto del jash ("silencio") del jashmal. Entonces, a través de pasar una etapa intermedia de "circuncisión", viene una primera expresión del mal, (en hebreo "circuncisión"). Torá es el secreto de la separación entre maldad y bondad (circuncisión), cortar el prepucio (maldad).
Israel, la manifestación definitiva de la Palabra de Dios en la Torá ("Israel" es la sigla de la frase en hebreo "Hay seiscientas mil letras en la Torá"), corresponde al nivel final de "hablar", el "segundo" mal de jashmalmal. El hablar, la comunicación de la unicidad de Dios entre las almas, es el nivel definitivo del servicio Divino, "endulzando" la realidad toda como enseñó el Baal Shem Tov. La tav, que es la fé simple, es vista aquí como el poder de acuñar y vincular, ligando los aparentemente paradógicos extremos de servicio Divino: el absoluto silencio de la meditación con la amorosa comunicación entre las almas.

FORMA
Una dalet unida a una nun.
Un sello o rúbrica.
Mundos:
·  Los "sellos" físicos en la realidad - fósiles, huellas.
·  Juicio y Ley.
·  Materia primordial.
Almas:
·  La tribu de Dan - humildad y autoanulación.
·  Retorno del sentido perdido del propósito y la dirección.
·  Salvación.
·  Reencarnación; La "huella" de vidas anteriores.
Divinidad:
·  La lectura del Nombre Havaiá.
·  Dios como Juez.
·  La rúbrica de Dios en toda la realidad: la fuente de la teshuvá y el potencial de la individualidad.

NOMBRE
Firma; impresión; codigo; en arameo: más.
Mundos:
·  La señal en la frente de Cain.
·  Ley natural y códigos de vida.
·  La música de la Creación.
Almas:
·  La señal de la honestidad.
·  El tzadik vive también en la muerte.
·  Teshuvá, plegaria, Torá.
Divinidad:
·  El poder Divino de continuar el presente en el final.
·  La ventaja de la luz que brilla desde la oscuridad.
·  La última letra del relato de la Creación: rectificación, el sello de la verdad.
·  La última letra de la primera palabra de la Creación: el origen final.

NUMERO
Cuatrocientos.
Mundos:
·  Cuatrocientos hombres de Esav.
·  Cuatrocientos hombres de David.
·  Cuatrocientos años de exilio en Egipto.
Almas:
·  La cuatrocientas pieces de plata con las que Abraham compró la Cueva de Majpelá para sepultar a Sara.
·  Los cuatrocientos portales de conocimiento mutuo frente a las cuatro parejas sepultadas en Majpelá.
·  Efron - ojo malvado; Abraham - ojos puros.
·  Las dimensiones de la Tierra de Israel - cuatrocientos parsá por cuatrociento parsá.
Divinidad:
·  Los cuatrocientos mundos de placer Divino den el Munodo por Venir.
·  El Dios de Israel, el pueblo de Israel, la Torá de Israel, y la Tierra de Israel.



E.B.G. Jacob Uriel Escalera  M.:.M.:. 
A.·. L.·. MMXIII
  Shalom aleijem